La vejez hecha aventura

Marco Schwartz escribió “El diario de Kaplan” (2006), Álvaro Brechner lo leyó y decidió llevarlo a la pantalla grande. Así nació “Mr. Kaplan” (2014), un filme que se estrenó el pasado 23 de abril y nos deja ver las notas agridulces que trae la vejez.

Marco Schwartz es, además, el director del diario barranquillero “El Heraldo”. Álvaro Brechner, escritor, productor y director de “Mr. Kaplan”. / Foto tomada de www.fnpi.or, Prensa Mr. Kaplan

Mr. Kaplan es la historia de un viejo judío que alguna vez fue un niño en el que sus padres depositaron todo lo que ellos no pudieron ser y hacer, lo del diario, y lo llamaron Jacobo por el patriarca de la biblia, el que luchó contra Dios y los hombres hasta que rayaba el alba y ganó. Entonces, Jacobo Kaplan creyó por casi toda su vida que haber sido nombrado como ese “gran” hombre era suficiente para dejar un legado digno. Erró. Entre su nacimiento y su vejez no pasó nada, no dejó nada. La película es, entonces, la lucha de un viejo convertida en aventura, que se mueve entre disparates, risas ácidas, malentendidos y finales temblorosos. Entrevistamos al escritor del libro y al director de la película, que nos dejan ver qué se movía dentro de ellos al hacer estas piezas.

MARCO SCHWARTZ
 
¿Cómo fue el proceso para que un ingeniero civil terminara de periodista y escritor?
Desde niño sentí inclinación tanto por el mundo de los números como por el de las letras. Realmente comencé estudiando economía y relaciones internacionales, luego derivé en la ingeniería civil. Al mismo tiempo me gustaba leer y escribir. Un año antes de finalizar las asignaturas de ingeniería empecé a colaborar en el suplemento literario de un periódico de Barranquilla y por esa vía entré en el periodismo. La ingeniería me ha sido muy útil en mi oficio periodístico, pues me ha reforzado el rigor y la capacidad de análisis.
 
¿Cómo nació el libro “El salmo de Kaplan”?
 Por una serie de imágenes, las de mi abuelo paterno, un hombre gruñón, bondadoso y recto que a veces me parecía que no encajaba en la sociedad relativista y laxa. Y la de un modesto restaurante en Salgar regentado por un alemán, de quien en su día corrió el rumor de que era un nazi. Años después, en Madrid, esas dos imágenes primordiales, y muchas otras, se encontraron, por esos avatares de la creación literaria, en la historia de un anciano judío que se siente frustrado porque no le ve sentido a su vida y decide emprender una aventura delirante: la captura de un supuesto nazi, emulando la historia de la captura de Adolf Eichmann en Argentina.
 
¿Cuál fue el desafío más grande que se le presentó al escribirlo?
Introducir humor en una novela donde también están presentes las referencias al Holocausto. Fue un reto complicado.
 
¿Qué enseñanza le dejó su realización?
Literatura es escribir desde las profundidades del mundo propio. Lo demás es diseño.
 
Una escena del libro.
Cuando el personaje principal sale por primera vez a investigar al supuesto nazi. Intenté recrear, en unas calles del Caribe, la primera salida del Quijote por los campos de La Mancha.
Una escena de la película que aún recuerde.
Cuando Dios le habla a Kaplan y le dice que está llamado para grandes designios.
 
Una anécdota que le haya hecho pensar: ¡Estoy envejeciendo!
Una noche boba en la que me puse a rastrear viejos amigos por internet y di con un gran amigo argentino que tuve en el colegio de Israel donde finalicé mi bachillerato. De repente caí en la cuenta de que habían pasado 42 años. ¡Podía hablar de cosas que viví cuatro décadas atrás!
 
En varios artículos sobre el libro y la película comparan la relación entre Jacobo Kaplan y Wilson Contreras (protagonistas de la historia) con la de Don Quijote y Sancho Panza.
Hay una relación evidente y deliberada. Me serví de Cervantes para mis objetivos literarios y le rendí de paso un modesto tributo al más grande de los genios literarios.
 
¿Periodismo o novela?
Sólo me sale lo que siento: los dos por igual.
 
¿Qué opina de las adaptaciones de libros a películas?
Pueden ser afortunadas o decepcionantes, según la habilidad y capacidad del director.
 
¿Qué le parecieron la película y el guion de la película?
Buenos ambos.
 
 
ÁLVARO BRECHNER
 
¿Quién es Álvaro Brechner?
Como cineasta, un afortunado. En todo caso, creo que carece de importancia. Los directores carecemos de importancia. Lo que importa es la película.
 
Ha hecho documentales, cortometrajes y películas, ¿con cuál de los tres formatos se queda?
Cada uno tiene su propia naturaleza y proceso. Hay que saber encontrar cuál es la forma de contar cada historia. Todo radica en tener intuición para sospechar el qué es lo que uno quiere contar y saber cómo hacerlo. 
 
¿Cómo escoge sus historias?
Son las historias las que lo escogen a uno. No pienso en los valores literarios, sino en películas que me ayuden a cuestionar y a ponerme desafíos. La única película que un director puede adaptar con honestidad es aquella que pueda hacerla tan suya como si la hubiera soñado o vivido.
 
¿Qué enseñanza le dejó el libro “El salmo de Kaplan”?
Me interesan más las dudas que las enseñanzas. La historia de Kaplan me dio la oportunidad de viajar a una especie de biografía imaginaria de mi abuelo. Eso es lo bonito del arte, del cine y la literatura: le permiten a cada uno ver reflejada su propia experiencia.
 
¿Cómo contactó a Schwartz?
En una comida una amiga me habló de su novela. Ella le llamó y me junté con él.
 
¿Qué fue lo más difícil al hacer “Mr. Kaplan”?
El tono, la mezcla de comedia y drama. Como ejemplo pongo una escena en el inicio de la película inspirada en mi abuelo: durante una fiesta y a sus 75 años se lanzó a la piscina sólo para convencer a sus amigos de que no era necesario saber nadar para poder nadar, ya que el instinto de supervivencia lo haría nadar. Por supuesto se hundió y debió ir al hospital, pero sólo a través del drama y la comedia se podía contar un personaje tan valiente y testarudo como mi abuelo.
 
¿Qué tan real puede ser en la actualidad lo que le ocurre al viejo Kaplan?
Se dice que el rey Lear se volvió loco por viejo, pero en realidad se volvió loco por que perdió el poder. La familia, la sociedad y la propia naturaleza van retirando al anciano: no puede conducir, no puede comer normalmente, no puede ver ni escuchar.
 
¿Cuándo y cómo fue tomar la decisión de hacer cine?
Desde pequeño, pero en Uruguay nadie se imaginaba que eso fuese posible. Estudié arquitectura mientras hacía cursos sobre guion.
 
¿Cómo describiría la estética del filme?
Hay una frase de Juan Carlos Onetti en su decálogo: “No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo”. Un director debe estar muy poco preocupado por el estilo o las fórmulas.
 
¿Qué era ese algo que se tenía que contar con Mr. Kaplan?
Aún estoy intentando descubrirlo. Tengo muchas preguntas y ninguna respuesta. Sólo nuevas preguntas.
 
Un momento de la película que aún esté en su mente.
Trato de tener todo presente y olvidarlo al mismo tiempo.
 
¿Qué sigue después de “Mr. Kaplan”?
Uno de mis mitos griegos favoritos es el de Sísifo, a quien Zeus castigó enviándolo a los infiernos a empujar eternamente una roca enorme hasta lo alto de una pendiente. Apenas la roca llegaba a la cumbre, volvía a caer, y así Sísifo tenía que empezar de nuevo. Nunca comprendí tanto a Sísifo como en estos días
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