Así formará Colombia para enfrentar a Catar

hace 1 hora
Cuentos de mochila

Viajera y vegetariana sin morir de inanición

“¿Ya probaste la cochinita pibil, el ceviche, el lechón, los almuerzos del mercado…?”, ni el primero, ni el segundo, ni la mayoría de platillos típicos latinoamericanos. Alguna vez se me atravesó por la cabeza ser foodie a la par de los viajes, es decir, escribir acerca de comida y postear en redes sociales lo que voy probando.

Las frutas, una de las opciones preferidas por los vegetarianos durante sus viajes. Natalia Méndez

Lo pensé por los postres, el azúcar es mi vicio y me gusta probar siempre algo nuevo, pero difícilmente podría tener contacto con el resto de la gastronomía de cada lugar. La razón: soy vegetariana y en Latinoamérica casi todos los platillos vienen con un cuarto de libra de carne.

No siempre me alimento bien cuando viajo, pienso en cómo harán los veganos para sobrevivir dos meses como nómadas, pues no solo se trata de un inconveniente personal, sino en ciertas ocasiones se traslada al ámbito social y cultural. 

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Imagínense que llego un día a la casa de mis suegros, mexicanos, a verlos por primera vez, y a mi novio no se le ocurre mencionar que soy vegetariana porque no sabía que habría una gran cena. La preparan para conocerme, compartir y mostrarme los mejores platillos mexicanos -  en México la comida abundante incluyendo la carne, el maíz y el chile, hacen parte fundamental de la cultura -  y yo salgo con el chiste de que no puedo probar nada de lo que me prepararon porque soy vegetariana. Eso es lo que suele suceder, he pasado por grosera más veces de las que quisiera en diferentes tipos de reuniones por ser vegetariana.  

Por suerte ellos lo comprendieron de inmediato y no se sintieron ofendidos, ni insistieron en que probara la comida, pero no siempre es así. En las ciudades de Latinoamérica el vegetarianismo es común, y cada vez más personas prescinden de la carne en su dieta, pero en pueblos pequeños o muy arraigados a su manera de pensar, por los que prefiero andar cuando estoy viajando, el vegetarianismo se entiende como una dieta para adelgazar o como una locura indiscutible de la que se burlan.  

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Tomé la decisión de ser vegetariana hace 12 años cuando no era una moda, cuando los meseros en los restaurantes me miraban con asombro y no podrían creer que no quisiera la carne, y cuando las opciones de alimentación eran escasas. 

El porqué, lo explico de acuerdo a quien me pregunte, si es una conversación banal o en burla, simplemente digo que soy alérgica o que es por salud, no me gusta entrar en discusiones acaloradas al respecto. Cuando la conversación es más íntima hablo de las verdaderas razones, especialmente cuando me dicen: “es la cadena alimenticia”. Así que debo explicar que no me molesta que los seres humanos coman animales, sino que no estoy de acuerdo con la insostenibilidad de los sistemas de producción de esta industria y de muchas otras, en la que se matan miles de vacas, pollos, peces, cerdos y cuanto ser vivo sea comestible, para que al final terminen en el bote de basura de un supermercado porque ya pasó la fecha de caducidad. 

No salgo con camisetas que dicen: “los animales son amigos, no comida”, no me involucro con grupos activistas, ni insto a nadie a dejar de consumir carne. El respeto a las decisiones personales y al estilo de vida debe ser mutuo. 

Lo que si soy, es de las personas que le pide permiso a la montaña para entrar y al desierto para caminar, y me parece un acto de respeto absoluto la forma en que algunas culturas comían o comen a un animal, pidiéndole permiso, honrándolo y dando gracias. Hace unos meses leí un artículo acerca de la cacería de ballenas en las Islas Feroe para consumirlas como alimento, y de cómo, a pesar de parecer una cruenta hazaña, es más sostenible para todos que la manera en que nosotros consumimos carne. 

Entonces, ¿qué como cuando viajo? Es muy difícil encontrar comida vegetariana y al mismo tiempo económica en la calle. Cuando me hospedo en hostales con cocina o alquilo apartamentos vacacionales, procuro cocinar siempre, así me aseguro de tener una buena alimentación y de saber lo que estoy consumiendo. 

A veces tengo la obligación de buscar dónde comer, por ejemplo, los días en que llego a un lugar nuevo y no he tenido la oportunidad ni de conocer el mercado para comprar alimentos, ahí es cuando se complica. Cuando se vive viajando cada centavo se guarda para poder continuar el camino, y los restaurantes vegetarianos generalmente son deliciosos pero muy costosos. La mejor opción para encontrar comida económica y abundante son los mercados, cada vez más cocineras de las plazas en los pueblos turísticos, tienen un menú opcional para la cantidad de europeos que no consumen carne. Sin embargo, no es un pensamiento general, y esto lo sufrí mucho en países como Perú. 

En Cusco, pagaba por un almuerzo completo, pero pedía que pusieran la carne en otro plato para que no quedara toda la sustancia en mi arroz, era una tajada que por lo general mi pareja iba a consumir. Las discusiones que tuve con algunas mujeres del mercado son anecdóticas. “El plato va con carne”, me decían, yo les explicaba que les pagaría completo y que solo necesitaba la carne aparte, así fuera en una servilleta. “La carne va encima del arroz, lo que usted me pide es otro plato, así va” ¿cómo discutir más?, no había manera de que modificaran un mínimo la costumbre de poner la res con su caldo sobre los demás ingredientes. También me aseguraban que la sopa era vegetariana, pero a lo que se referían, es a que no tenía trozos de carne, sin embargo, estaba preparada con pedazos inmensos de costilla o de pata de cerdo.  

Así que, dentro de lo posible, procuro comprar y cocinar verduras, legumbres, huevos y frutas, y por supuesto, conseguir un hospedaje con cocina. Es difícil pero no imposible. Llegado el caso de no encontrar ningún alimento similar, pero tener una estufa a disposición, siempre vendrá bien un plato enorme de pasta que nunca falta en el menú viajero, es casi un ritual mochilero porque es abundante, rico, económico y vegetariano. 

Otra opción mochilera o económica, no tienen que ser viajeros para aprovecharla, son los restaurantes de los Hare Krishna, donde preparan comida vegana exquisita. En Vilcabamba, Ecuador, un Hare Krishna vendía en la calle porciones de arroz con verduras y ají de berenjena, servidas en una hoja de plátano con cubiertos de madera por dos dólares, y alcanzaba para dos personas. Abundante, delicioso, económico, vegano, y además consciente con el medio ambiente porque no utilizaban platos ni cubiertos desechables. Este es otro tema que me aterra en países como Belice, donde jamás sirven en un plato de cerámica, todo lo dan con icopor así sea para consumir dentro del restaurante. También sucede con los tacos en puestos mexicanos muy pequeños, para no ensuciar los platos los cubren con bolsas de plástico, es decir que cada quesadilla que sale de estos lugares es una bolsa más para el mar. 

Por otro lado, existen los restaurantes gourmet vegetarianos, sí, a costo de mochilero puede que no sean la mejor opción, pero darse en gusto de vez en cuando no está de más, y cada vez inventan mejores recetas, más balanceadas y más ricas. 

Si se están preguntando si todos los días como lo mismo, mi respuesta es: básicamente sí, y eso me hace feliz. No hay nada peor para mí, que no soy muy amante de pasar mi tiempo cocinando, que tener que pensar todos los días en algo diferente para alimentarme. Incluso cuando no estoy viajando y descubro un platillo fácil, grande y rico, lo puedo comer durante semanas sin problema. Así que el hecho de comer lo mismo siempre, no es a causa del vegetarianismo sino de mi pereza en la cocina.  

Aparte de la pregunta de qué como, surgen a menudo otras dudas: “¿tienes problemas de salud?”, ¿has adelgazado mucho?, ¿no te da ansiedad y ganas de comer carne? De salud estoy perfecta, de hecho, y es algo que he escuchado decir a más de un vegetariano, es que desde que tomé este hábito difícilmente me da gripa. No he hecho la tarea de averiguar en 12 años el porqué, pero así es. No he adelgazado porque la carne no es lo que más hace engordar a una persona, y porque me encanta comer. Mi desayuno son frutas, avena, yogurt, huevos, queso y pan; al almuerzo como arroz, lentejas, verduras y aguacates; y en la noche repito desayuno o almuerzo o me como un plato de pasta; y entre comidas me lleno con maní, tostadas, frutas, café, pasteles, helados… hay muchos alimentos que no contienen carne. El concepto de vegetariano = comer solo vegetales, no tiene ningún sentido, una persona que solo consuma vegetales y nada más probablemente si termine muy enferma. Y en cuanto a la última pregunta, la verdad es que no sufro de esa ansiedad, ya no me dan ganas de comer carne, si están asando un bistec frente a mí, el olor y el sonido me producen hambre, pero no ganas de carne, de hecho, ya le tengo un poco de asco, me dan ganas de comer una mazorca llena de queso con tomates asados. 

Así que sí se puede ser vegetariano y viajero al mismo tiempo sin morir de hambre y sin sufrir problemas de salud por ese motivo. Es solo una cuestión de voluntad y de reacomodar los hábitos. Si como viajeros les gusta probar los platillos de cada lugar, pero son vegetarianos, no hay problema, cada vez hay más chefs creativos que combinan las dos cosas. En Lima encontré un restaurante donde venden platos típicos peruanos, y tienen otra carta con los mismos platos, pero cambian la proteína animal por proteína vegetal. Ya no es tan difícil como hace 12 años. 

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