Vicente García se lanza "A la mar"

Reseña discográfica sobre el reciente lanzamiento del segundo disco del cantante dominicano.

"A la Mar", de Vicente García. (2016)

Desde la primera canción, la sensación que produce A la Mar, es la de estar viajando , viajando  por el Caribe que Vicente García ha trazado a través de 15 canciones  donde se aventuró a explorar en su propio país, República Dominicana, la raíz de la música tropical que lo  rodea, en este caso la bachata.

Un primer acercamiento al género lo  hizo en su álbum debut  Melodrama, conectando el  pop, la bossa nova y melodías que encajaban bien con la búsqueda de un sonido propio. Un momento determinante para sumergirse en la investigación de lo afroantillano, del swing dominicano, llegó tras haber girado  con Juan Luis Guerra. La experiencia sembró en él el interés por sentir, descubrir la fuerza de los ritmos  del caribe.

En este nuevo periplo por la música, Vicente García no se quedó en la superficie.  Una grabadora, la guitarra y sus oídos ávidos por escuchar y aprender, lo llevaron de manera informal a encontrarse con  las fiestas populares, los rituales mágico-religiosas que van  muy ligados a  la música, los toques de tambor, los cantos afro. Todo eso lo atesoró, lo sintetizó, no para hacer un disco de música  folclórica, afroantillana, sino para producir un álbum de música pop, popular, alimentado esa vivencia.

Durante ese viaje estuvo atraído primero por la música y luego por la religión, encontrando dos mundos místicos, un sincretismo entre lo católico y la santería, esta última muy ligada  del Vudú haitiano. Según su visión, son fiestas donde prima la música, donde lo religioso es lo que le da la profundidad al evento, algo que Vicente solo había visto en documentales. Su primera intención era emular los cantos y luego se dio cuenta que era mejor  abrazar todo y partir de una síntesis para hacer la música que lo identifica , nutrida por lo experimentado. Y lo logró, porque A la Mar es un homenaje al país donde ya no reside, una evocación a sus ancestros, y por ello  volvió a la bachata popular, tomo referentes puros y  con eso compuso canciones como Te soñé, Yeyo, Carmesí, Mal de amore. Temas que están llenos de añoranza, con un cierto dejo  a despedida. Dulcito e coco, Bohio, dos de las canciones donde la melancolía es más evidente y donde lo nómada se siente en los acordes.  Hubo riesgos para componer, pero también para tocar la guitarra. García se inventó afinaciones que le permitieron hacer bajos y melodías , a la vez que iba recorriendo el campo, las calles de su país.

La producción del disco corrió por cuenta de Eduardo Cabra (Visitante Calle 13) , el arte e ilustraciones  fue diseñado por Nadal Walcot, artista plástico dominicano, de descendencia Cocola, un grupo que se asentó en República Dominicana, sobre todo en San Pedro de Macorí, proveniente de las Antillas menores que llegaron en el auge de la industria azucarera y que se posaron  con su cultura. Nadal conectó muy bien con esa estética raizal que musicalmente está en el álbum.  A La mar, una fotografía sonora de República Dominicana.


 

 

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