"Vivimos en una sociedad decadente"

En entrevista exclusiva con El Espectador, la exdiva Brigitte Bardot habló de su vida filantrópica, cine, política, belleza, vejez y de Colombia.

Querida Brigitte:

Así se titula uno de sus filmes más recordados (1965). No pertenezco a la generación trastornada con su belleza y talento en los años cincuenta y sesenta, pero me bastó ver los periódicos de la época, el archivo fotográfico de su carrera artística, las decenas de videos de sus películas y canciones, para entender por qué fue uno de los símbolos sexuales del siglo XX, la única capaz de superar a divas como Marilyn Monroe y Sofía Loren. Hay testimonio de que Gabriel García Márquez, ahora Nobel de Literatura, disipaba sus días de hambre en el París de los cincuenta viendo reportajes de Brigitte Bardot en revistas como Paris Match, según memorias del maestro Guillermo Angulo.

Me acerqué a su leyenda durante el reportaje La perra vida de Fernando Vallejo, el escritor colombiano que recibirá en noviembre el Premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y donará los 150 mil dólares a dos asociaciones protectoras de los perros callejeros en México.

Descubrí que coinciden en esa campaña y que incluso usted regaló una clínica ambulante para el efecto. Por eso decidí contactarla en su fundación en París y recibí un correo dando cuenta de su alegría por el anuncio de Vallejo. La semana siguiente usted me envió copia de la carta que le hizo llegar al presidente Juan Manuel Santos suplicándole que haga cumplir las normas que obligan al Gobierno a liberar en las calles a los caballos esclavizados como vehículos de tracción animal, antes del 31 de enero de 2012.

A eso se sumó que su fundación para la protección de los animales cumple 25 años de trabajo, con presencia en 40 países y 70 mil voluntarios. Todo esto me llevó a insistir en pedirle una entrevista y usted accedió a responderla, a pesar de sus ocupaciones y de la timidez que nadie le reconoce desde que se hizo estrella, a los 22 años de edad, bailando descalza sobre una mesa en la película Y Dios creó a la mujer (1956).

A pesar de su conexión con Vallejo la imaginaba muy lejana a este país, pero comprobé que las asociaciones protectoras de animales la mantienen al día de lo que aquí ocurre y que ha tenido varios capítulos colombianos.

Descubrí que usted habló con este diario cuando estuvo 45 minutos en el aeropuerto Eldorado de Bogotá, la gélida tarde del 12 de enero de 1965. Un avión de Varig la traía junto a su novio, el playboy brasileño Bob Zaguri. Venían de disfrutar el año nuevo y el carnaval en Río de Janeiro e iban rumbo a México, donde usted grabaría la película ¡Viva María!.

Era sólo una escala técnica, pero se congregó tanta gente en torno al avión por la noticia de que usted venía en la fila 9 que tuvieron que desplegar la escalerilla para que saludara desde allí a los conmocionados hombres bogotanos.

Colgado de la escalerilla estaba el cronista Jáder Giraldo, quien lamentó, además de los bolillazos que repartía un policía para proteger a la diva, que B.B. no hubiera pisado tierra colombiana. Estaba envuelta en un abrigo de piel de camello —de lo que hoy se debe arrepentir— y sólo dejó ver una rodilla de sus largas piernas, aunque los reporteros le gritaban en coro : “Quítese el abrigo para verla mejor”. Le tradujeron y usted les preguntó, juguetona, “¿Strip-tease?”. Ellos gritaban delirantes que sí. El frío bogotano y el miedo que le generaban las multitudes la hizo desistir.

Los contentó en deficiente español: “Los colombianos son simpáticos”. Y en francés les dijo: “El paisaje de Bogotá se ve hermoso. Lástima que no pueda quedarme aquí”. Giraldo remató el escrito hablando de los “segundos gloriosos” en los que pudo contemplar a B.B., del “amor a primera vista”: “mito, leyenda publicitaria, entelequia cinematográfica o lo que se quiera llamar, es en carne y hueso —más en hueso que en carne— un monumento. Su vasta experiencia como actriz y mujer enamorada le ha dado un aire de espontaneidad, de pureza —si no es una herejía— que convence aún a los más conservadores”.

María Cristina Martínez, jefa de relaciones públicas de Varig, le obsequió una muñeca colombiana. Usted agradeció y se despidió con un beso que lanzó al viento desde sus sensuales labios carnosos. “Por la ventana aparecía con su mismo gesto de gatita sonriente…. a las 6:00 de la tarde el jet se elevó rasante hacia los cerros y desapareció en el oriente”. El llamado “maquillaje Bardot” y su rubio peinado en flecos se popularizaron entre las mujeres capitalinas. Sus películas en esta ciudad gris todavía eran tema censurado. Sus reportajes de revista circulaban a escondidas entre las señoras de la alta sociedad que hablaban de liberación femenina en su nombre. Ese mismo año, en noviembre, usted les envió una carta de respaldo a las damas de la Asociación Defensora de Animales de Bogotá (ADA).

El 24 de agosto de 1966 el ‘telepadre’ Rafael García Herreros le mandó una carta a La Mandrágora —la casa en Saint Tropez donde usted ha vivido siempre—, invitándola a participar en el Banquete del Millón en favor de las familias sin techo en Bogotá. Osado, porque hasta el Vaticano la condenaba como ‘demonio’. “Yo, corriendo ciertos riesgos, la estoy invitando a que venga… De vez en cuando hay que hacer el escándalo del bien. Por conocer su extraña personalidad, estoy convencido de que me va a contestar y que va a hacer esto que le pido. Lo hará usted por amor a los hombres, sus hermanos, y posiblemente, aunque en usted esté oculto ese amor, lo hará por amor a Dios”.

Usted, que estaba “a punto de dejarlo todo para ir tras el espejismo de la paz” en plena Guerra Fría, le respondió en septiembre: “No me creo una pecadora como María Magdalena sino una mujer del mundo moderno. Sé amar. Quiero ir a ese banquete para servir a la humanidad. Quiero vivir en esos días, si es posible, en una de las casitas del barrio El Minuto de Dios. Todos tenemos derecho de servir al hombre. Eso no es privilegio de los santos”.

Avianca donaba los tiquetes, usted sólo debía pagar el hotel y simbólicos 500 dólares del derecho a sentarse en la mesa, pero días antes del evento, en noviembre, usted misma llamó al padre desde Francia para explicarle que debido al incendio de los estudios Paris-Billancourt, donde rodaba una película, le era imposible viajar. El propio padre confirmó la noticia. “Es mejor así, porque de venir ella, las señoras beatas y demasiado escrupulosas no hubieran vuelto al barrio”.

No lo recuerda, pero en 1987 donó 3.000 francos a la Sociedad Protectora de Animales de Colombia, para ayudarles a adquirir una sede propia. Cuando confirmó que entregaría el resto de su vida a la batalla por la defensa de los animales y se retiró en 1973 llegó a decir que “el mundo del cine está podrido” y que “si alguna vez puedo decir que mi vida no fue desperdiciada, será a causa de mis batallas en defensa de los animales”. Los fondos para crear su fundación en 1976 provinieron en parte de la subasta de sus joyas y objetos de sus filmaciones.

Sabiendo de sus preocupaciones de hoy —leo, por ejemplo, que coincide con Roger Moore en una campaña contra las multinacionales de cosméticos que usan a los animales para probar sus productos—, tal vez la moleste la insistencia en los recuerdos del jet set del séptimo arte, que la llevó a temer por su vejez. Sin embargo, estas remembranzas resultan necesarias para entender la magnitud del personaje que entrevistamos.

¿Qué significa que su fundación cumpla 25 años de trabajo en defensa de los animales?

Mi fundación es el éxito más bello de mi vida, mi gran orgullo.

¿En cuántos países trabaja?

Hemos intervenido en 40 países y apoyamos financieramente los proyectos que intentan defender mejor la condición animal.

¿Por qué decidió enviarle una carta al presidente de Colombia pidiéndole que interceda por los caballos explotados en la calle?

Porque no podíamos tolerar que en pleno siglo XXI los caballos sean tratados de una manera tan bárbara. Es un escándalo, inhumano y asqueroso.

¿Qué respuesta espera recibir del gobierno colombiano?

Una respuesta digna de ese país y establecer medidas que pongan punto final al sufrimiento de estas pobres bestias.

¿Cómo fue el momento en el que decidió partir su vida en dos y dedicarse a la fundación?

Yo no conocía nada sobre la creación de una fundación y puse todo mi corazón, mis tripas, mi nombre, mi fortuna ahí. Los primeros años fueron los más difíciles, nadie creía, muchos pensaban que se trataba de un capricho de estrella, pero yo soy tenaz y detesto los fracasos. Hoy en día, mi fundación es sólida y reconocida como “bien de utilidad pública” por el Consejo de Estado francés. Tengo un equipo formidable de 60 asalariados y alrededor de 70 mil miembros.

Un acto de amor que no olvida en su relación con los animales.

Encontré al lado de los animales lo que no encontraba en los seres humanos: la fidelidad, el amor sin condiciones.

¿De qué le sirve su experiencia como actriz y figura mundial?

El ser célebre es una ventaja muy grande en mi batalla. Un ‘sesame’ que me facilitó hacer los contactos con los gobiernos, aun si después de nuestros encuentros no surtieron efecto.

Usted, que fue una diva del cine, ¿qué mensaje les envía a quienes simbolizan hoy la belleza y el glamur del cine y la televisión?

No tengo mensaje. Cada quien debe llevar su vida como lo desee.

La Alianza Ecologista Independiente le propuso ser candidata a la Presidencia de Francia. ¿Es una posibilidad?

No, la política me disgusta así sea de derecha o de izquierda. Todos hacen bellas promesas para olvidarlas en los momentos que acceden al poder.

¿Qué comparación hace hoy de su vida como símbolo sexual frente a su vida como activista?

Son dos vías totalmente diferentes. Por un lado está el lujo, los falsos semblantes y las lentejuelas, y del otro, una lucha difícil y una insoportable crueldad.

Acaba de cumplir 77 años, ¿qué proyectos tiene por cumplir?

Que la gente comprenda que un animal es un ser sensible que sufre y muere y no un objeto que uno puede utilizar para después botar. Desafortunadamente el hombre de la actualidad no tiene nada de humano. Vivimos en una sociedad decadente que destruye todo lo que toca.

¿De las 50 películas que protagonizó cuál destacaría?

Me gusta mucho La verdad, de Henri-Georges Clouzot.

¿Qué personajes de Hollywood la han respaldado en esta lucha?

Pamela Anderson me ayudó mucho en la masacre de las focas en Canadá. Vino a París a mi fundación para denunciar esa masacre delante de decenas de periodistas. ¡Es una chica formidable!

¿Qué opina de coincidir con el escritor Fernando Vallejo en el apoyo a los animales en México?

Conozco pocas cosas de ese señor a excepción de que, como yo, tuvo que hacerle frente a las peores críticas por la manera de ser y de pensar. Nadie es profeta en su propia tierra.

¿Qué sabe de Colombia como país y como sociedad?

Desafortunadamente poco.

¿Piensa venir a Colombia o aceptaría una invitación para conocer su fauna?

Desgraciadamente mi artritis en las caderas no me permite mayores desplazamientos. Camino difícilmente con dos bastones, pero le agradezco desde el fondo de mi corazón su invitación.

Se despide con “un abrazo” y un “gracias por amar a los animales”. Yo le mando otro abrazo y mi respeto a quien Coco Chanel y la historia elevaron al nivel de ‘mito’. Premonitorio que en 1956, antes de desatar sus guerras personales, encarnara a Helena de Troya.

La historia del bambuco ‘El Cuchipe’, cantado por B.B.

A finales de los años cincuenta, cuando Brigitte Bardot exploraba el folclor latinoamericano, grabó en su voz y en español el bambuco ‘El Cuchipe’. Se puede ver en Youtube, pero parecería un montaje. Sin embargo, ella misma le confirmó que es real a Arturo Vélez Sierra, columnista de El Espectador, uno de los privilegiados que la pudo ver de cerca durante un fugaz paso por Bogotá en 1965. Fue el único al que se le permitió entrar al avión, por solicitud de B.B.: “Que entre el rubio que habla francés”. ¿Quiere cantar Cuchipe?, fue lo primero que a él se le ocurrió preguntarle, anonadado por su belleza. “No vine a cantar aquí. Compre el disco”, le respondió. ¿Por qué prefirió esa canción colombiana? “Porque me parece muy bella. Unos amigos en París me la enseñaron y la sé tocar en guitarra”. La historia inspiró el cuento “El olor de tus depravaciones”, del escritor colombiano R.H. Moreno-Durán, obsesionado toda su vida por féminas como la diva francesa.