Chamberlain: bebida que mata

Testimonio de Daniel Cabrera, quien vivió su adolescencia rodeado de este 'elíxir mortífero', y recomienda que ninguna persona siga sus pasos.

A los 14 años ya era un avezado en drogas, peleas callejeras y alcohol. No necesariamente tuvo que crecer en la miseria para que así fuera. Nació en la opulencia y pasó inesperadamente a la penuria social. Entre otras cosas, por ingerir basuco, bóxer, marihuana y Chamber –o Chamberlain- esa bebida que circundó la vida de Daniel Cabrera Ospina y que el año pasado le pasó factura a muchas vidas adolescentes en Bogotá.

El alcohol, el dilema de la sociedad, también se convirtió en el suyo, sobre todo porque como cualquier menor de edad con deseos de embriagarse, tenía dos posibilidades: rogar para pagar en un punto de venta o utilizar su astucia y crear su propio brebaje, como los cocteles caseros: alcohol industrial y saborizante, “una borrachera de tres horas por 1.200 pesos”, según dicen los que lo consumen.

Rodeado de un entorno que incluía alucinógenos y riñas de estrato seis, Daniel optó por el segundo camino y como muchos otros jóvenes de la capital, se volvió alquimista. Se dedicó a encontrar la mezcla perfecta, independientemente del riesgo que su vida corría. Junto con sus amigos se reunían “a mezclar alcohol industrial, con -además-ACPM o gasolina de bajo costo. Eso lo hervíamos y le agregábamos saborizantes”, un producto al que llamaban, paradójicamente, ‘déjame ciego en tres segundos’.

Los que consumen Chamber no saben cuáles son las consecuencias. “El tema es grave, puede causar ceguera, dañar el sistema nervioso, un coma o la muerte. Con 70% de concentración alcohólica, a muchos ya les ha quitado la vida”, dice Yesenia Jácome, profesional y especialista del programa de licores de la Secretaría de Salud.

En su tiempo, Daniel desconocía lo que le podría pasar, no tenía idea de que una clínica o hasta la tumba hubieran podido ser los destinos tras consumir la letal mezcla. “Uno a esa edad es muy manipulable. Más que todo pasaba por un tema de hombría, de resistencia al que más durara. Y eso nos llevaba a probar cosas distintas a parte del Chamber”, peligrosa dosis que algunos de sus amigos todavía consumen.

Hoy a sus 21 años, estudiante de comunicación social y periodismo y recuperado de su adicción, tras un tratamiento sicológico, recuerda que un amigo lo invitó a tomarse algo nuevo llamado ‘el borrachero’, tal vez lo más fuerte que ha probado. “Él dejaba secar hojas de marihuana o amapola -hasta le echaba cocaína-, las machacaba y echaba tres tragos: vodka, whisky y ginebra”.

Tras poner todo al fuego y dar a probar su producto, “todos perdimos la conciencia. Al otro día me levanté y seguía en estado de embriaguez, al igual que mis amigos. A uno de ellos, según me contó, se le olvidó respirar de la traba que tenía y le dio un paro que por poco pasa a mayores”, dice.
Si ‘La Cabra’, como lo llaman quienes lo rodean, consumió hace siete años estos cocteles artesanales, se comprueba que esta problemática no es tan reciente como parece, así hasta hace unos pocos meses haya sido tratada como tal, tras cobrar la vida de varios adolescentes.

Por eso surgen diferentes interrogantes: cuántas clases de bebidas existen aparte del Chamberlain, desde hace cuánto se volvió popular entre jóvenes de 15 a 19 años o qué están haciendo las autoridades para mitigar esta amenaza social.

El Espectador se comunicó con la Secretaría de Salud, en donde respondieron a las preguntas desde el punto de vista médico, pero se negaron a hacerlo sobre la cantidad de personas que han perecido a causa del Chamber o a exponer planes de prevención al respecto.

Por ahora basta con el testimonio de una persona que lo ingirió para comprobar que muchos jóvenes están jugando con fuego. “Por un poquito más de dinero se puede tomar bien y no volviéndose una nada”.

Víctimas de la fatal mezcla
1. En 2004, cinco de los siete internos del patio 5 de la cárcel El Barne, en Cómbita (Boyacá), resultaron intoxicados por consumir la bebida artesanal y dos de ellos, Javier Ruiz y Carlos Duque, ambos mayores de 30 años, en ese momento, murieron. Después de conseguir el alcohol metílico, a espaldas de las autoridades, se valieron de canecas y cables eléctricos para hacer las resistencias donde lo calentaron y lo mezclaron con gaseosa para obtener el licor carcelario, como también lo llaman.

2. En octubre del año pasado, la bebida le pasó factura también a Ivonne Sastoque, quien cursaba el grado octavo en el Colegio Distrital Mercedes Nariño. Su mezcla, a diferencia de las demás, fue con polvo de frutas - otras son con leche condensada - e ingerida dentro de la misma institución educativa.

3. En Bogotá la bebida, aunque es ingerida por adolescentes en su mayoría, personas de la tercera edad, de bajos estratos y con el fin de emborracharse sin gastar mucho dinero, también lo hacen. De ahí a que lustrabotas, vendedores ambulantes y personas de la calle se reúnen para tomar en la plazoleta de las Nieves, en la carrera 8a. con calle 20. Por el contrario, los jóvenes lo hacen en sus casas o a los alrededores de las universidades.

4. También hay personas que ingieren la bebida y aunque no mueren sufren una intoxicación. Como el caso de siete jóvenes con edades entre 15 y 19 años que fueron encontrados tras ingerir una mezcla entre Coca Cola y alcohol industrial en Tunja, y tuvieron que ser remitidos al Hospital San Rafael, de donde por fortuna, salieron ilesos. Sin embargo, la intoxicación, según los que consumen, se puede convertir en muerte, dependiendo de la capacidad de resistencia del organismo.

5. En la temporada decembrina de 2009, el Hospital Santa Clara recibió tres casos semanales en promedio por este tipo de intoxicación; mientras que en el inicio de 2010 esa institución atendió, como mínimo, dos casos a la semana. De enero a marzo el Hospital Infantil Universitario San José, por su parte, recibió a cuatro menores de edad por la misma causa.

La toxicóloga María Francisca Olarte estima que el 30% de los cerca de 5.000 casos anuales de intoxicación en el país, involucra el uso de algún tipo de alcohol, muchas veces mezclado con sustancias psicoactivas. Asegura, además, que el promedio de edad en el que empiezan a consumir es a los diez años.

En 2004, un total de cuatro personas menores de edad murieron por esta causa, y cada año se incrementa la cifra.

 

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