“Wonder”, el valor de ser diferente

Después de vivir diez años de hospital en hospital, Auggie Pullman empieza a tener una vida normal a pesar de padecer una enfermedad que se ve reflejada en deformidades faciales. Basada en la novela del mismo nombre, escrita por Raquel Jaramillo en 2012. En salas desde el 23 de noviembre.

Jacob Tremblay interpreta a August Pullman, el hijo de Isabel Pullman (Julia Roberts) y Nate Pullman (Owen Wilson). Cortesía

Hay momentos en los que la narrativa de una película es tan precisa que no necesita sugerir espacios de interpretación. Cuando las actuaciones logran efectividad en la comunicación, los dramas invaden cada fibra del espectador. Wonder es una historia nítida y emotiva, sobre las capas del ser como individuo y de las relaciones humanas alrededor de las diferencias. Esta cinta es una fresca invitación a la reflexión sobre lo extraordinario de las personas, del mundo y de la vida.

El síndrome de Treacher Collins es una enfermedad genética, reflejada en deformidades craneofaciales, que afecta a uno de cada cincuenta mil nacidos. La escritora neoyorquina de padres colombianos, Raquel Jaramillo Palacio decidió centrar su libro Wonder, de 2012, en un niño de diez años con esta malformación. Esta idea le surgió cuando, en una fila para comprar helados, acompañada de su hijo, tuvo un momento de incomodidad al no saber cómo reaccionar en la presencia de una niña con este síndrome. Este incidente la hizo pensar en lecciones para comunicar a la sociedad, para entender y superar las diferencias con los otros. Así nació su libro, best-seller en Estados Unidos, llevado ahora al cine para alcanzar a un público más amplio con este mensaje.

August Pullman, de diez años, es el protagonista de esta inspiradora historia. Con la edad para entrar a quinto grado, después de haber sido educado por sus padres en la casa, empieza a frecuentar un colegio privado en Manhattan. Su familia y su casco son su lugar seguro, y debe aprender a desprenderse de ambos para integrarse más con el mundo. En el colegio encontrará aliados y amigos, pero también se enfrentará a diferentes obstáculos en su formación. El amor incondicional de su hogar será la fuerza que acompañará a “Auggie” para integrarse y destacarse en un mundo que, por inercia, excluye a quien se aleja de lo que se supone es normal.

Stephen Chbosky, director y guionista de The perks of being a wallflower (2012), vuelve a la gran pantalla dirigiendo esta cinta, escrita también por él, en conjunto con Steve Conrad  y Jack Thorne. Juntos logran plasmar en los diálogos de los protagonistas mensajes puros e inocentes que son  respuestas sencillas e impactantes a problemas cotidianos de la vida.

Las interpretaciones están a cargo de un trío magistral que se une por primera vez: Jacob Tremblay (The book of Henry, Room), Julia Roberts (Closer) y Owen Wilson (The Grand Budapest Hotel y Midnight in Paris). El equipo técnico no se queda atrás; Don Burgess, nominado al Óscar por la fotografía de Forrest Gump (1994), aporta su experticia, así como Marcelo Zarvos en la música, quien hace un año musicalizó el drama Fences (2016), que le valió el galardón de la Academia a Viola Davis. El holandés Arjen Tuiten (Maleficient y El laberinto del fauno) es el encargado de darles vida a las descripciones del libro en el maquillaje especial del protagonista.

El tema de la familia y la enfermedad ha sido explorado ampliamente en toda la historia del cine. Resaltar alguna puede resultar difícil. Aun así, en los últimos quince años se encuentran algunos ejemplos de dramas de calidad construidos sobre estas realidades dolorosas pero inspiradoras. Les invasions barbares (2003), Away from her (2006), Le Scaphandre et le Papillon (2007), Still Alice (2014) e Infinitely polar bear (2014) son algunos filmes trabajados sobre lo tradicional, que enmarcan este ambiente que se desarrolla con una emotividad similar en Wonder.

El mundo está lleno de detalles y son más grandes y más increíbles cuando se presentan ante los ojos de un niño. A través de ellos, Wonder nos invita a descubrir lo que nos rodea, y no sólo lo visible, sino lo que hay más allá, en cada uno y en cada cosa. Acompañados de la inocencia de August, y de su fuerza de vida, el público se mece entre el dolor del rechazo y el entusiasmo por cada una de las figuras que logran marcar la diferencia e ir más allá de lo convencional. Este relato tiene de esta manera el potencial de generar un efecto dominó y de alcanzar lugares recónditos con su contundente mensaje.