Y la muerte los encontró

La crónica roja es un género periodístico que parece haber desaparecido de la prensa nacional. Pero en un país donde la intolerancia y los tragos dejan más muertos que el conflicto, donde mujeres aparecen empaladas en los parques y las fiestas se resuelven con navajas, es un género que bien vale la pena rescatar. He ahí la razón de este especial.

Ilustración: Heidy Amaya

Luis Evelio Ruiz duró cerca de 24 horas en buses intermunicipales para arribar a Córdoba desde Cali. Recibió el miércoles el giro de $50.000 que le enviaron por Efecty como una especie de santo y seña para confirmarle que el plan seguía en pie. Le robó a una mujer llamada Martha Isabel la moto de placas CFX-98B. Tres días después, noviembre 18 de 2006 según el calendario, estaba en Momil. Se sentó en una tienda frente a un parque y por su lado pasó Ana Cecilia Borja, quien le puso en sus manos dinero y unos guantes quirúrgicos: no quería que el sicario dejara huellas de nada. Lo que ella quería era amar a Rosa Elvia, comprar una casa en Cali y envejecer a su lado, pero para hacer de ése su destino, su esposo debía morir.

Sucedió como fue planeado. O una parte del crimen, al menos. Luis Evelio Ruiz y el ayudante que se había conseguido para su misión, Pedro Avendaño, hallaron a los profesores Víctor Padilla Babilonia y Freddy Ayazo en el barrio La Victoria, cuando ambos recogían firmas en nombre del Polo Democrático para enviarlas a la Cooperativa de Educadores de Córdoba. Padilla Babilonia era el obstáculo para los amores de su esposa Ana Cecilia con Rosa Elvia Bolaños. Estaba a punto de recibir una pensión de la que le corresponderían $50 millones a su señora en caso de muerte y ese dinero representaban la cuota inicial de la casa en la que Ana Cecilia Borja y Rosa Elvia planeaban seguir diciéndose “te quiero, mamita linda” hasta que los achaques de la vejez se los permitieran, pero en Cali, lejos de las miradas prejuiciosas.

Los sicarios usaron los guantes, dispararon, mataron y huyeron para esconderse en Cali, en donde —ése era el pacto— los esperaban los hermanos Rosa Elvia y Edwin Bolaños para pagarles el saldo que tenían a favor por haber cometido el asesinato. Se pusieron cita un sábado. Luis Evelio Ruiz se iba a ver con Rosa Elvia mientras Pedro Avendaño aguardaba a la distancia, pero entrega de dineros no hubo. La mujer dijo “ya vengo, voy a traer su plata”, y en vez de regresar ella lo hizo su hermano junto con otro hombre que usaba un casco de motociclista y que le propinó cuatro tiros a Ruiz mientras Avendaño, desde la otra calle, observaba la escena con la misma estupefacción que había mostrado días atrás el profesor Ayazo al ver a su amigo y colega Víctor Padilla desangrarse en una calle de Momil, Córdoba.

Ruiz sobrevivió al atentado y Pedro Avendaño, el segundo verdugo de Padilla, regresó despavorido a su natal Lorica, Córdoba. Habían pasado 19 días desde el homicidio, era 7 de diciembre de 2006, y presa de sus miedos le imploró a su madre que llamara a la Policía porque “las personas que ordenaron el asesinato del profesor lo estaban buscando para matarlo”. Ese mismo día rindió indagatoria, se oficializó su captura y así quedó vinculado en el expediente judicial que se había abierto por el crimen de Víctor Padilla. Para los investigadores del caso, Avendaño vino a ser una especie de ‘aparición de la virgen’ porque a Padilla no se le conocían enemigos y la única pista que había hasta el momento era que el profesor pertenecía a un sindicato.

Víctor Padilla Babilonia fue la víctima número 74 de un total de 77 sindicalistas que fueron ultimados en 2006, según los informes anuales sobre las violaciones de los derechos sindicales de ese año. Pero casi tres semanas después de su muerte, los investigadores empezaban a conocer que su condición de sindicalista en nada había determinado su muerte: las revelaciones de Pedro Avendaño ponían en evidencia que el triunvirato de Ana Cecilia Borja —esposa de la víctima—, Rosa Elvia Bolaños —amante de Ana Cecilia— y Edwin Bolaños —hermano de Rosa Elvia— había contratado a un sicario conocido de antemano por Edwin Bolaños para acabar con la vida del profesor.

Fue Avendaño quien les contó a los investigadores que la esposa de Padilla tenía una amante —información que se confirmaría más adelante con interceptaciones de llamadas entre ellas— y que el objetivo último era hacerse a la pensión que Padilla había obtenido tras décadas de trabajo educativo. Las delaciones del sicario conllevaron a que, cinco días más tarde, la esposa del profesor fuera vinculada a la investigación y Avendaño, por su parte, dijo que quería acogerse a sentencia anticipada. Recibió una condena de seis años, cinco meses y 15 días en prisión en 2007 y, al tiempo, su compañero de crimen Luis Evelio Ruiz había comenzado a ser investigado en ausencia. Apareció poco después, se acogió a sentencia anticipada también y recibió una pena de 16 años, cuatro meses y 27 días en prisión. Lo mismo hizo Rosa Elvia Bolaños en marzo de 2009.

No siguieron esos pasos ni Ana Cecilia Borja ni el hermano de Rosa Elvia, Edwin Bolaños. Ambos, además, repentinamente dejaron de ser mencionados por los sicarios. Tanto Avendaño como Ruiz le solicitaron a la justicia que los escuchara de nuevo, para decir esta vez que se habían equivocado al poner su dedo acusador contra ellos porque estaban confundidos. Avendaño llegó a afirmar que no recordaba ni las personas ni las circunstancias en que se había cometido el crimen de Padilla y aseguró, incluso, que él había aceptado cargos prácticamente a la fuerza. Luis Evelio Ruiz, igualmente, dejó de recordar con nitidez los detalles sobre la muerte de Víctor Padilla y terminó declarando que “el negocio sólo fue con Rosa Elvia”, la amante de Ana Cecilia, que sí había aceptado cargos.

Pero los investigadores concluyeron que a los asesinos de Víctor Padilla Babilonia querían comprarles el silencio. En diciembre de 2008, tres meses antes de que Rosa Elvia Bolaños aceptara cargos, las autoridades grabaron una llamada suya con Luis Evelio Ruiz, en la que ella le decía que ayudaría a sus hijos y le mandaría plata a la cárcel, pero que por favor no la involucrara en lo sucedido. “A mí me toca pagar cana, pero relajadita, parcerita, que todo bien”, le dijo él. Desde la cárcel, Ruiz también habló con Ana Cecilia para tranquilizarla: él había visto el expediente, le afirmó, ella estaba “limpia en todo”. A la larga, el plan era pagar las defensas de los sicarios y conseguir para ellos las penas más bajas posibles.

Los jueces que estudiaron el caso detectaron las anomalías y condenaron en 2009 a Ana Cecilia Borja y a Edwin Bolaños a 20 años por homicidio. En segunda instancia el fallo fue confirmado. Borja perdió asimismo la patria potestad de los dos hijos menores de edad que había tenido con Víctor Padilla Babilonia y fue capturada el 25 de marzo del año pasado. A Padilla lo sepultaron sus hijos; mientras la justicia sepultó los planes de Ana Cecilia Borja y Rosa Elvia Bolaños de mostrarse cariño y decirse “te quiero, mamita linda” en la casa que iban a comprar en Cali con la plata del muerto.