"Yo soy el amor"

Llegó a Colombia una película italiana diferente a las comedias que se han proyectado en los últimos tiempos. Io sono l’amore (Yo soy el amor), traducida al español como El amante, cuenta con Tilda Swinton en el papel protagónico.

Swinton, con esa belleza extraña que la caracteriza, algo andrógina, carga de principio a fin con la película gracias a una actuación que la confirma como una gran actriz y que respalda el Óscar que recibió por Michael Clayton.

Es ella quien encarna en la piel de Emma, una mujer de origen ruso que dejó todo atrás para vivir con su esposo italiano, miembro de una poderosa familia milanesa industrial. Algo parece inquietarla, se intuye una mirada retrospectiva a su vida con un resultado vacío. Un amor lo cambiará todo y el derrumbe de la familia será inminente.

El director italiano Luca Guadagnino quiso adentrarse en el núcleo de una familia y revaluar esos lazos de sangre que todos dan por hechos y más aún en una sociedad como la italiana, donde el concepto de familia es tan importante. “Me interesa el análisis de las relaciones en un núcleo como el de la familia, donde se generan maneras de reaccionar y de actuar. Lo fascinante es cuando algo o alguien de afuera llega y pone en peligro esa estructura. Es el cambio lo que me interesa”, afirma Guadagnino desde Italia.

Su trabajo al lado de Tilda Swinton ya lleva tres colaboraciones. Guadagnino se ofusca cuando le nombran el término musa para clasificar su relación con Swinton. “Nada más lejos del papel de una musa, porque eso significa volverla objeto. Ella es mi socia, mi cómplice, y es una de las grandes cineastas en todo el sentido de la palabra porque es directora, actriz, maquilladora, productora, todo lo que se pueda pensar en relación al cine”, sentencia.

Si bien la historia tiene la tensión dramática para hacerla interesante, para algunos los giros del destino y los efectos de los amores desbordados pueden hacerla parecer una telenovela. En todo caso, no es gratuito que la película haya estado en las secciones oficiales de los festivales de Toronto, Sundance y Venecia y que haya estado nominada a Mejor Película Extranjera en los Globos de Oro. Cabe resaltar el manejo de la cámara, la dirección de arte, el diseño del vestuario, las tomas de Milán en sus distintas estaciones y la banda sonora con la música original de John Adams, que también para algunos espectadores puede ser considerada un regodeo, un capricho, más que una necesidad vital para la trama.

Por otra parte, la comida tiene un especial protagonismo y estas escenas tienen un gran logro porque es en la cena o en la mesa donde suceden las mayores revelaciones de la trama. “Utilizo la comida como una forma de hablar, es un lenguaje que no utiliza palabras. Eso es muy poderoro y muy cinematográfico”, confiesa el director.

La cámara de Luca Guadagnino se parece al quehacer de muchos artistas que exploran sus inquietudes en pintura, fotografía, escultura y dibujo. Para ellos, no importa la técnica con tal de que sirva para trasmitir el mensaje. Lo mismo pasa con el manejo del lente de este director que a veces es nítido o difuso, a veces va en los ojos del personaje y a veces se adentra en la naturaleza con zooms que hacen pensar en National Geographic. Para Guadagnino la cámara está dirigida por el carácter de los personajes y su actuación. “Sólo observo e intento captar los movimientos”.

 

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