Zygmunt Bauman: un repaso a la sociedad volátil

El 9 de enero de 2017 falleció a los 91 años uno de los pensadores polacos más importantes del mundo contemporáneo.

Zygmunt Bauman recibió en el 2010 el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.AFP

Su pipa expulsaba el humo proveniente de las reflexiones de los tiempos incendiarios. Vivió en Leeds un poco más de 40 años. En su memoria lleva las mentiras del comunismo promulgado por la Unión Soviética y también los años de lucha e incertidumbres en la Segunda Guerra Mundial cuando hizo parte del ejército polaco. Participó en la famosa Batalla de Kohlberg en la que los soviéticos y polacos lograron tomar la ciudad luego de vencer a los nazis y marcar, así, la caída inminente del nazismo en Europa.

Dos veces tuvo que huir de Polonia y las dos veces fue por aquellas ideologías recalcitrantes de izquierda y derecha. Pensaba que ambas orillas eran igual de dañinas y nocivas para el bienestar común de las sociedades del mundo. Siempre tuvo presente pertenecer a la orilla de la izquierda, pero desde ese costado aceptó que el nazismo tiene algo que el comunismo no: sensatez. Según Bauman, el nazismo desde un principio alertó que para recuperar el porvenir y la raza alemana era necesario erradicar aquello que fuera diferente a los ideales nacionalistas; mientras que el comunismo, al que tildó de hipócrita, promulgaba libertad y justicia mientras detrás de los telones acudía a la arbitrariedad de las armas y el miedo para defender sus posturas de gobierno.

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Mientras la posguerra soplaba incertidumbres y Europa iniciaba una gran lucha para comprender lo que había sucedido, Bauman seguía trabajando para la inteligencia militar de su país. Y mientras vigilaba las actividades de los nacionalistas ucranianos, sacaba tiempo para estudiar en la Universidad de Varsovia. La sociología la aplicó toda su vida pese a que en la universidad no pudo terminarla. Finalmente fue la carrera de filosofía la que le permitió seguir con sus estudios y pretensiones por entender el comportamiento, las ideas y la organización de los seres humanos conforme pasa el tiempo y consigo suceden las transformaciones de los modelos políticos, económicos y sociales.

Su ascendencia judía lo obligó a huir de su tierra. El rigor del exilio no lo amilanó. Desde Leeds, al norte de Inglaterra, Bauman continuó erigiendo los pensamientos y cavilaciones del mundo contemporáneo. Se alejó siempre de ese “activismo de sofá” del que habló cuando se dio cuenta que la llegada y posicionamiento del internet causaría un adormecimiento en las mentes de las nuevas generaciones y que la agilidad de la información solamente era una trampa que nos alejaba de las profundidades a las que antes se llegaba para encontrar una nueva respuesta o, por lo menos, una nueva alternativa a los modos de vida.

Las circunstancias determinaron de alguna forma los estudios de Bauman. Luego de las condiciones de desempleo en la posguerra, de algunas previsiones del mercado y de las intenciones de universalizar el consumo, el pensador polaco empezó a caminar a un lado de los ideales del progreso. No hizo parte de él pero siempre lo observó y lo estudió. Lo hizo para comprender las identidades que se van perdiendo por su propio peso, pues no hay rasgos específicos sino que todos tienden a unirse según las demandas. Con ciertas afinidades al marxismo a la hora de analizar la libertad y la igualdad en las relaciones laborales, Bauman lograba situarse en las condiciones del proletariado y en cómo la cultura y la economía empezaban a ampliar la brecha entre las clases sociales, delimitando y aumentando bienes a la clase burguesa y relegando de cualquier posibilidad de crecimiento a la clase obrera.  

Creó una categoría sociológica que hablaba de lo líquido como símbolo de la transitoriedad y de la fluidez con que se diluyen las relaciones de los seres humanos. A partir de la irregularidad y la inestabilidad de los nuevos tiempos, Bauman logró encontrar en lo líquido el elemento que le ayudaría atravesar las dinámicas de las últimas décadas. El amor, la cultura y la sociedad se hundieron en lo voluble. Y así lo hicieron por el consumo, porque aquello que nos vendió el sistema capitalista está programado para ser reemplazado rápidamente, y en ese ejercicio imperecedero de desear aquello que parece innovador terminamos por vivir al servicio de los placeres etéreos y transitorios, que no adaptan una forma y que por eso mismo se van convirtiendo en la metáfora de lo líquido y disoluble.

En el libro La cultura en el mundo de la modernidad líquida, Bauman afirmaba que la cultura estaba dejando de ser un estimulante para transformar la sociedad y se estaba convirtiendo en un tranquilizante, en un medio para seducir y entretener. La cultura, según el pensador polaco, había perdido su rumbo en los eslabones del tiempo y había pasado a ser una esclava de la sociedad del consumo, sirviendo a los productos demandantes por el mercado y a los poderes económicos que dictan los sueños y los manuales de vida. Así mismo, la globalización y el fenómeno de las migraciones provenientes de las guerras y las crisis económicas que se alzan en nombre del miedo, atraviesan los intereses de la cultura por referir o perfilar la identidad de un grupo, de un Estado-nación.

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Dentro de esa cultura, los llamados vencedores o exitosos son, precisamente, aquellos que actúan como camaleones, adaptándose a su metro cuadrado y adaptando su contexto a las dinámicas cambiantes, viviendo al ritmo de los placeres de los demás y a las exigencias de una sociedad que anhela la opulencia pero clama por la equidad.

El sociólogo polaco habló siempre desde la academia. Salió victorioso de la vanidad intelectual de la que muchos se mofan y en la que muchos se anclan para escribir en sus círculos y aulas. Por lo general Bauman atendió y participó en los medios de comunicación. Habló siempre a sus estudiantes, a los asistentes a estos tiempos de transición en los que todo se sabe pero nada se comprende a profundidad. Estudió la identidad, la cooperación, las relaciones de trabajo y los vínculos afectivos. Fue un pensador de lo humano, de lo amorfo e inconcluso como características de la especie que habita este presente.

 

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