“Al glifosato no lo relacionan con su verdadero uso”: María Beatriz Giraudo

De visita en Montería, Giraudo habló sobre el modelo de producción que defiende: la siembra directa. Ésta ha dependido en gran medida del uso del polémico herbicida.

El glifosato es usado para combatir malezas. / Bloomberg
El glifosato es usado para combatir malezas. / Bloomberg

María Beatriz Giraudo fue hasta hace un mes la presidenta de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa, Aapresid. La siembra directa es un método también conocido como labranza cero, en el que el arado desaparece, la semilla se pone en contacto con el suelo y se adiciona una capa de rastrojo o residuos de cultivos anteriores. (Lea: Condenan a la Nación por daños causados a dueño de granja piscícola por uso del glifosato)

Es defendido por quienes aseguran que, al no remover la tierra, disminuye la erosión y la emisión de gases de efecto invernadero. Sin embargo, ese tipo de cultivo ha podido prosperar en gran parte por el uso del herbicida glifosato, cuya aplicación manual es permitida en Colombia, pero su aspersión aérea fue prohibida. Además, ha sido declarado por la Organización Mundial de la Salud como probablemente cancerígeno.

Giraudo, actualmente vinculada al Ministerio de Industria de Argentina, invitada por la empresa de transgénicos Agrobio, estuvo de paso en Colombia para participar en la Feria Ganadera de Montería y “compartir la innovación tecnológica que se desarrolló en el agro argentino en los últimos 30 años”. Según ella, el glifosato en siembra directa se aplica a pie con pulverizadoras o a propulsión con tractores. Agrega que la comunicación sobre el herbicida ha desdibujado su objetivo “real”.

¿En qué consiste la siembra directa?

Hace 30 años en la siembra directa se encontró la solución para detener la erosión de los suelos por el agua y el aire. Consiste en romper el paradigma milenario de la agricultura basada en las labranzas, en romper el suelo. La siembra directa hace todo lo contrario: no tocamos suelos y cuando pasan las cosechadoras recogiendo los granos o lo que se necesita, esparcen sobre el suelo los residuos de la planta que no son utilizables y hacen una cobertura que protege el suelo de la lluvia, los vientos, las excesivas temperaturas, y captamos mejor el agua de lluvia. Esa cobertura va alimentando el suelo y se mantiene fértil. Se combina con el uso responsable de fitosanitarios, entre otras, para conformar un paquete de buenas prácticas agrícolas que nos dan tranquilidad de estar alcanzando el aumento de producción de alimentos al tiempo que cuidamos el medio ambiente y la salud humana.

¿La técnica es recomendable para cualquier tipo de cultivo?

Sí. Lo único que hay que hacer son las adaptaciones para cada producción y zona agroecológica. Es una tecnología muy interesante, sobre todo en estos tiempos que estamos viviendo preocupados con el cambio climático y la seguridad alimentaria. Al reducir el uso de combustibles de origen fósil, la emisión de gases de efecto invernadero se minimiza, además ese carbono es secuestrado en el suelo y nos da la posibilidad de que nuestros suelos los recuperamos, los mantengamos o mejoremos.

La siembra directa lleva el glifosato en su paquete tecnológico. ¿Qué podría significar eso para la seguridad humana y animal?

A la siembra directa se la vincula mucho con el glifosato porque es una tecnología que nos permitió usar la siembra directa en forma masiva, porque es de amplio espectro. En la medida en que se fue haciendo más accesible su precio nos ayudó mucho a adoptar la siembra directa. Con la aparición de los cultivos genéticamente modificados, sobre todo la soja resistente al glifosato, vino el crecimiento exponencial en la adopción. Consideramos la biotecnología como una herramienta clave para avanzar en el camino para producir cada vez en mayor cantidad y mejor calidad de alimentos y energía al tiempo que cuidamos los recursos naturales y las personas. En lo que se refiere al glifosato, no hay ninguna evidencia en el mundo que muestre algún problema en la salud humana o el medio ambiente por su uso. Nos basamos mucho en eso, somos muy respetuosos de la reglamentación, investigamos y hacemos seguimiento todo el tiempo. Si en algún momento hay evidencia de que fuera nocivo, somos los primeros que queremos saberlo porque estamos en contacto directo.

En Colombia el uso de glifosato ha generado polémica e incluso su aspersión aérea fue prohibida y a nivel mundial se lo ha declarado probablemente cancerígeno.

La IARC, que depende de la OMS (Organización Mundial de la Salud), al decir que es probablemente cancerígeno no dice que hay pruebas, dice que podría llegar en algún momento a evidenciar posibilidades de ser cancerígeno, así como lo postula también para el café o la yerba mate; es una probabilidad, no es que tengan pruebas y como no las tienen, no lo pueden declarar. En lo que se refiere a malformaciones, no hay evidencia científica en ninguna parte del mundo que pueda relacionar un problema de ese tipo con el uso del glifosato. Lo que es llamativo es que no se lo vincula para lo que realmente se usa, y por eso los estudios tienen que ser en ese sentido, es un herbicida de amplio espectro que se usa exclusivamente para combatir malezas que compiten con el cultivo, tiene una hoja de seguridad que hay que cumplir y en Argentina, por los ataques y reglamentaciones que está sufriendo el uso de este producto, tenemos mediciones en distintas estaciones, lo llevamos adelante con el Ministerio de Ciencia y Tecnología y nos sorprende que en todas las evaluaciones que hacemos en sangre en las personas, las que trabajamos en el campo no tenemos restos de productos que nos generarían algún problema; en el caso de las grandes ciudades, el uso de productos del hogar es mucho más nocivo. Hay que hacer un gran trabajo de comunicación para que la gente esté tranquila.

Temas relacionados

 

últimas noticias