Al ritmo de la clase media

Según estimaciones de Raddar, esta equivale a cerca del 34% de la población colombiana y continúa creciendo dando impulso al mercado interno, a los salarios y, por supuesto, a la economía en su totalidad.

El crecimiento de la clase media desafía a la industria a producir nuevos productos con mayor valor agregado y con un mejor nivel de satisfacción de necesidades. / El Espectador

Es muy difícil decir quién es de clase media. Hay muchas definiciones para definir a las personas que pueden pertenecer a esta población, y quizá la más simple de decir es que son quienes no son pobres y no son ricos. Al final son aquellos que tienen una escolaridad que les asegura un ingreso que les permite satisfacer sus necesidades y consolidar su patrimonio por medio del acceso al sistema crediticio.

Muchos países han pasado por el crecimiento de su clase media debido a tres grandes flujos históricos: el aumento de la población en edad de trabajar, la reducción de la natalidad y el incremento de la escolaridad. Estas situaciones causan que cada vez haya más población con mayores ingresos por su nivel de escolaridad y una mayor capacidad de compra debido a que tiene un menor gasto en hijos. Así, sólo el cambio demográfico ha explicado el 45% del crecimiento del ingreso per cápita del país.

Esta población no sólo tiene mayor ingreso disponible, sino un comportamiento diferente, ya que en su mayoría son personas que vienen de ingresos menores y por su propio esfuerzo han mejorado su condición de vida y han comenzado a cambiar sus decisiones.

Según los datos estimados por Raddar, esta clase media representa cerca del 34% de la población colombiana y continúa creciendo, jalonando el mercado interno, los salarios y, por ende, la economía en su totalidad. Este crecimiento ha conllevado retos muy grandes en el mercado interno y en las políticas públicas del país, como es el caso del aumento de la cantidad de carros en el mercado y su consecuente saturación de las vías de las ciudades. Hace sólo 10 años el 8% de los hogares tenían carro y hoy esta cifra asciende a cerca del 14%, según los cálculos hechos por el DANE.

Por eso el país hoy se mueve al ritmo de la clase media. Esta transformación está desarrollando la oferta educativa del país, que hoy tiene más del triple de personas estudiando posgrados y consolida el proceso de aumento de la edad promedio y envejecimiento de la población, abriendo el paso a un nuevo cambio en las necesidades poblacionales pasando de ser un país “pediátrico” a uno “geriátrico”, retando al sistema de salud, de alimentos y vestuario principalmente.

Lo anterior no sólo desafía a la industria a producir nuevos productos con mayor valor agregado y un mejor nivel de satisfacción de necesidades, sino al Estado, el cual deberá replantear muchas de sus políticas públicas. La consolidación de la clase media es en sí misma una transformación cultural.

Este camino lo pasaron los países desarrollados a mediados del siglo con condiciones de mercado diferentes y con normatividades menos rigurosas, logrando asentar el proceso más rápidamente y como un mecanismo para dinamizar las economías después de la guerra.

Este proceso está en una fase inicial en Colombia. En otros países podemos apreciar que el crecimiento de la clase media ha desembocado en un proceso de transformación que lleva a estas personas a ser de una clase media prudente no sólo porque envejecen, sino porque ya no tienen el mismo ritmo de compras y de experiencias.

Una buena forma de comprender esto es el fenómeno de movilidad social que se ve en los países en vía de desarrollo como China, India, Brasil, México e incluso Colombia, donde el crecimiento de la clase media se da en la segunda o tercera generación de personas que llegaron a las ciudades, ya que la primera generación logra mejorar sus condiciones de vida y aumenta la escolaridad de la segunda generación, que es la que da paso a una tercera que será aún mejor y buscará salir de la zona de protección del sistema de subsidios, la cual las dos generaciones anteriores no están dispuestas a sacrificar pese a su mejora de ingresos.

A manera de ejemplo, se puede decir que unos padres que vivan en estrato dos, lograrán que su hijo pase a vivir a un estrato superior, pero ellos no cambiarán su posición inicial. Básicamente todos queremos algo mejor, pero no necesariamente estamos dispuestos a sacrificar los beneficios logrados.

Crecer económicamente cuesta y aceptar este proceso no es fácil, porque incluye el esfuerzo de pasar de ser sujeto de subsidio a ser financiador del mismo. Este es el gran reto de la consolidación de la clase media y sus beneficios en el país.

*Presidente de la firma consultora Raddar.