Algodón, ¿pendiendo de un hilo?

El 31 de diciembre vence el Conpes que protegía los precios del producto. Conalgodón pide que se mantenga, pues el clima y los costos jugaron en contra durante su vigencia.

En 2005, luego de que el cultivo de algodón recibiera el golpe del desmonte de los aranceles de importación, productores y gobierno acordaron en un Conpes que los primeros aumentarían la producción y el segundo daría un Precio Mínimo de Garantía, PMG, por tonelada para proteger el producto, lo que sucede en la mayoría de países que lo cultivan. El trato se hizo a 10 años. En el camino se aumentó la productividad por hectárea, pero la producción se redujo casi a la mitad debido a fenómenos climáticos y a que, a la postre, el país sigue siendo caro, según los algodoneros.
 
En entrevista con este diario, César Pardo, presidente ejecutivo del gremio Conalgodón, asegura que confía en que el Gobierno cumplirá la promesa de proteger la cosecha de 2016, pero pide que eso se formalice en el papel. Dice también que, si se mantiene el apoyo al precio, en unos cuatro años se puede duplicar la producción de algodón, así como exportar hasta 10.000 toneladas, cinco veces la cifra de hoy.
 
¿Qué quedó luego de 10 años del Conpes?
La productividad aumentó, es lo único que se logró. En 10 años pasamos de tener un promedio de 500 kilos por hectárea a 750-800 kilos por hectárea. Es mayor que la productividad por hectárea de Estados Unidos, pero el problema es que también nuestros costos son los más altos. Producir una tonelada de algodón está en $4,8 millones y 5 millones.
 
¿Cuáles son los principales costos?
El arrendamiento de la tierra. Es un cultivo de rotación, se rota con maíz o arroz, y los agricultores arriendan la tierra para un año, es un arriendo anual de la tierra que les puede costar  $1’200.000. Y 72%  de los cultivadores trabajan en tierra arrendada. El otro costo es la semilla que tiene un solo proveedor. Antes había dos, Bayer y Monsanto. Hoy es sólo Bayer. El 95% del algodón que se siembra es transgénico, o sea tecnología para controlar plagas.
 
¿Cuál es la preocupación ahora?
Lo que viene es qué va a pasar después de 2016. Decimos que, si quitan abruptamente el apoyo a través del PMG, el cultivo desaparece. No nos podemos decir mentiras. Si se quita de un momento para otro, el cultivo desaparece porque hoy no es rentable cultivar sin ese apoyo.
 
¿Qué proponen?
Tenemos un plan a 10 años, que incluso podemos reducir a cinco. Hicimos un promedio de lo que ha gastado el Gobierno por año para apoyar el algodón, que es entre $40.000 millones y $50.000 millones. Proponemos que distribuyamos la plata de otro modo. Dejemos una parte para apoyar el precio, que se puede ir disminuyendo gradualmente en la medida que vayamos aumentando la competitividad y disminuyendo costos. Y utilicemos parte de esos recursos para apoyar instrumentos de competitividad. La aplicación de fertilizantes se tiene que disminuir a través del análisis de suelos. Se necesita apoyo para la adquisición de maquinaria moderna. Hay sembradoras que usan entre 15 y 20 kilos de semillas por hectárea. Una nueva de precisión no usa más de 8 kilos. Además históricamente tenemos los precios más bajos. Están a 63 o 65 centavos de dólar la libra. Se pronostica que para el año entrante suba a 72 centavos. Pero si tuviéramos precios de 85 o 90 centavos con una tasa como la de hoy podríamos estar mucho más cerca.
 
¿Qué tan posible ven que el gobierno extienda la protección ante la difícil situación fiscal?
Lo que ha dicho el ministro (Aurelio Iragorri) es que va a apoyar la cosecha hasta 2016 y luego que va a haber otro tipo de apoyos, en maquinaria, riego. Decimos que esos apoyos se necesitan pero que no se puede desaparecer el apoyo al precio de un momento a otro. 
 
¿Qué pasa si el Gobierno no accede a mantener el PMG?
Sería un impacto económico y social muy grande. Se pierden los empleos y, entre otras cosas, nuestro plan de competitividad contemplaba la sustitución. Llegamos a la conclusión de que no hay ningún cultivo que pueda sustituir al algodón. Se pensó en berenjenas, pero si siembran 100 hectáreas se copa el mercado nacional. No hay ningún cultivo de ciclo corto que pueda sustituir el algodón. Estamos solicitando al Gobierno que hagamos el último esfuerzo.
 
¿Cuál es el papel de la industria textil? ¿Están con los algodoneros?
Tenemos la solidaridad de la industria textil. Funcionamos en una cadena. Ellos se benefician del algodón colombiano, que es más cercano y lo consiguen más barato porque no tienen que pagar costos de internación. Es de buena calidad y se suministra durante todo el año. Lo que pasa es que el problema fundamental es que ha disminuido el consumo de fibra, tanto nacional como importada, porque se está importando hilos y tela. 
 
¿Por qué los cultivos de ciclo corto son tan vulnerables en el país?
Porque son más intensivos en capital, en mano de obra, tienen más competencia del exterior porque son commodities. El arroz, maíz, algodón, tienen la competencia del precio internacional y tenemos el problema de que aquí no tenemos los apoyos que tienen otros países para que esa producción sea rentable. En gran parte de los países los apoyos les dan un precio rentable a los productores diferente al precio del mercado. 
 
¿Cómo está el acceso a crédito de los algodoneros?
Tenemos un problema gravísimo que es el acceso a crédito. Se pueden sacar todas las líneas que se quieran sacar pero hay muchos productores que no acceden. Hay datos que son alarmantes. De todas las hectáreas cultivadas, sólo el 8% tienen financiamiento institucional, con recursos de los bancos. El resto es con recursos de los productores o de las entidades que suministran los insumos, proveedores de agroinsumos por ejemplo. Y esa financiación es muy costosa. 
 
¿Y el aseguramiento?
De cinco millones de hectáreas (cultivadas en todo el sector agrario), 150.000 hectáreas están aseguradas. Aunque se ha duplicado en últimos dos años. Se está estudiando por parte de Finagro y el Banco Agrario, cómo universalizar el seguro. Pero hemos tenido el tropiezo de que las aseguradoras no son muy dadas a participar en ello. Tenemos tres aseguradoras, Mapfre, Suramericana y Previsora, pero sólo Mapfre tiene todo tipo de seguros. Lo que yo he venido diciendo es que haya un seguro paramétrico, de índice climático, que es el menos costoso. Ese seguro es que se tiene un registro del comportamiento del clima de 20 años atrás, y tengo una media y me aseguro frente a la variación de ese índice climático. Eso permite que no haya que visitar el cultivo, el predio. Aquí no se ha podido montar porque tenemos una información muy deficitaria de los registros climáticos, pero hay que hacer un esfuerzo por establecerlo. 
 
¿Cómo evalúa la forma en que el gobierno quiere “saldar la deuda histórica con el campo” impulsando estudios como la Misión Rural, la Misión Cafetera, el censo agropecuario?
Pienso que ahora hay un buen enfoque. Creo que no es necesario hacer más estudios porque el campo está más que sobrediagnosticado. La ventaja del actual gobierno es que se ha enfocado en el desarrollo rural, en las inversiones que tienen que ver con el bienestar de los pobladores, vivienda, salud, escuelas. Pero el gran interrogante es cómo vamos a desarrollar la agricultura, cómo vamos a tener negocios rentables. Toca mirar sectores que sean estratégicos. Ya hay cultivos de tardío rendimiento que sea han definido así, pero que también están en crisis como el caucho, frutales. Y hay otros como los de ciclo corto. Que hay que mantener porque son los que les dan la caja, la liquidez e ingresos permanentes a los campesinos.