La Andi y el país

Si Colombia quiere duplicar su PIB en diez años, necesita más empresas y más empresarios: muchos, nuevos, pequeños y grandes.

Es en la promoción a la localización en Colombia y a reglas claras, sencillas e iguales para todos donde radican los milagros económicos. / Óscar Pérez - El Espectador

Hace 250 años, Adam Smith desestimó la pretensión de la nobleza, los comerciantes y los industriales de ser intérpretes genuinos de los intereses del público. La naturaleza del interés público es distinta de los intereses privados o particulares.

Para los actores económicos privados es inmejorable que los protejan de la competencia, les den precios baratos de sus insumos, subsidios a su producción y precios altos sobre sus productos. Es frecuente verlos solicitar obstrucciones que los favorezcan, argumentando que lo que es bueno para ellos, lo es también para el país como un todo.

Smith desveló la falacia, mostrando que todos esos beneficios para los productores eran pagados por el público a través de impuestos y precios artificialmente altos, muy nocivos para los estratos medios y bajos.

Un sistema igualitario y libre induce a más personas del común a abrir negocios, movidos por el cálculo de rentabilidad y riesgo, y no por la cercanía al soberano o la capacidad de presionar prebendas. La localización de más actividades productivas, orientadas a la búsqueda del mejoramiento privado, tiene la consecuencia no intencionada de promover el mejoramiento público a través de más empleo y precios bajos.

La Andi y los demás gremios de la producción llevan tiempo en la tarea de promover el crecimiento, la estabilidad de las normas y la eficiencia estatal. En esto el Consejo Privado de Competitividad (CPC) ha significado un enorme avance.

Si Colombia quiere duplicar su PIB en diez años, necesita más empresas y más empresarios. Muchos, nuevos, pequeños y grandes. Por eso la Andi y los demás gremios deberían perseverar en remover las obstrucciones para esa explosión empresarial, y no exclusivamente en que les vaya mejor a las empresas ya existentes y exitosas.

A la postre, las empresas que más se beneficiarán de un milagro colombiano serán aquellas presentes hoy, que empiezan con sólidas cabezas de playa. Colombia demanda un mayor volumen de negocios. Ocho millones de trabajadores informales lo exigen, y esos ocho millones de empleos competitivos internacionalmente requieren muchos más empresarios y emprendimiento. Difícilmente esos emprendimientos se derivarán de obstrucciones como subsidios y protecciones, que favorecen tan sólo a unos pocos.

Es en la promoción a la localización en Colombia y a reglas claras, sencillas e iguales para todos donde radican los milagros económicos. Todo milagro no es más que una oleada de localización de nuevas empresas en un sitio determinado.

En la base de esto está un entendimiento del interés público y de su diferencia con el interés privado e individual. Por supuesto, Smith reconocía que muchos intereses privados se opondrían, así como muchos prejuicios entronizados en el público mismo.

La llegada de Bruce Mac Master a la dirección de la Andi, quien conjuga una interesante mezcla de éxito en los negocios privados, en la conducción de la economía nacional y en la atención a los más pobres, plantea un interesante derrotero para la actividad gremial. Le auguramos éxito, inspirado en principios de bienestar social de tradición bicentenaria.

* Las opiniones son personales y no comprometen al BID.

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