Argentina juega a la gallinita con un cese de pagos

Una solución es no pagarle a nadie. La otra es evitar los molestos fallos de Estados Unidos y pasar los bonos de cambio a la ley local.

Esta semana las calles de Buenos Aires amanecieron empapeladas con carteles que rechazaban los cobros de los bonos estadounidenses. / AFP

Hace años, cuando Argentina todavía era considerada como una economía grande y aún no había establecido su reputación como un país que cesa pagos con frecuencia, un exembajador de Estados Unidos en Buenos Aires escribió unas lánguidas memorias que ayudan a explicar los actuales problemas de deuda del país y también el sorprendente plan que ha anunciado sobre cómo solucionarlos.

“Muchos argentinos —escribió James Bruce en su libro publicado en 1953, Aquellos extraños argentinos— consideran que las reglas y reglamentaciones son un intento de intimidación y las asumen desde una perspectiva de dignidad personal”. Esta característica argentina de la picardía “aún se mantiene”, dijo Bruce. Un ejemplo puede ser el famoso “mano-gol” de Diego Maradona contra Inglaterra en la Copa Mundo de 1986.

La picardía argentina fue claramente visible el martes. Axel Kicillof, el ministro de Hacienda, les dijo a los periodistas que el gobierno planeaba reemplazar la ley de Nueva York para sus bonos de reestructuración de cambio por la ley Argentina y así impedir otro cese de pagos.

El nuevo plan, que lleva a la reestructuración de deuda soberana hacia un territorio desconocido, tiene dos objetivos. Ambos se desprenden de la decisión de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos de no aceptar una apelación presentada por Argentina.

El primer objetivo es evitar el fallo que está obligada a cumplir y que fue presentado por el juez Thomas Griesa. Éste dice que si Argentina les paga a sus acreedores de bonos de cambio, que participaron en dos reestructuraciones de deuda luego del cese de pagos por US$95.000 millones del país en 2001, también debe pagarles a los acreedores que se negaron a participar (que es algo que Buenos Aires se rehúsa a hacer). Como el 30 de junio (con un período de 30 días de gracia) vence el plazo para pagarles casi US$1.000 millones de deuda a los portadores de bonos de cambio, Argentina está en una situación difícil.

¿Acaso el problema, desde el punto de vista de Buenos Aires, es cómo pagarles a los portadores de bonos de cambios, pero no a quienes no participaron en la reestructuración que lideró NML Capital?

El fallo dice que no puede hacer esto. Para Argentina, una solución es no pagarle a nadie, pero eso implica otro cese de pagos y Argentina no quiere eso. Otra posibilidad es evitar los molestos fallos de Estados Unidos y pasar los bonos de cambio a la ley argentina.

Después de anunciar este plan, Kicillof le dijo a su audiencia: “Mantengan la calma. Este plan se ha estudiado en detalle”. No obstante, no dio uno solo de estos detalles, a pesar de los problemas que implica.

Por un lado, muchos portadores de bonos de cambio pueden no querer cambiar sus bonos. Otros pueden no poder, pues eso los haría desacatar la decisión de una corte de Estados Unidos. Además, para que el plan sea exitoso debe ser aprobado por un 85% de los portadores. Entretanto, el reloj corre.

Kicillof intentó calmar estos temores al añadir que estaba enviando abogados para que hablaran con el juez Griesa. El juez ha dicho que no está interesado en forzar un cese de pagos de Argentina y ha hecho varios llamados para que Argentina y NML negocien, como sucede “todos los días en las cortes de este país”.

Esto nos lleva al segundo objetivo del plan de Kicillof: es una apuesta inicial. En esencia, Argentina está jugando al juego de la gallinita con NML, diciendo: estamos preparados para ir tan lejos como la posibilidad de un cese de pagos con tal de no pagarle a usted. Dada esa situación, ¿cómo vamos a conciliar este caso?

Esto es arriesgado. Si fracasa, un nuevo cese de pagos daría fin a las maniobras de Argentina para arreglar sus relaciones con los mercados internacionales. Esto retrasaría la inversión y lanzaría la economía hacía una recesión más grave.

Pero también es algo políticamente necesario. Cristina Fernández, la presidenta, ha jurado nunca sucumbir a la “extorsión” de quienes no participaron en la reestructuración. Ahora debe probar que es capaz de cumplir su promesa, incluso si fracasa en ello.

En esto es hábil, como lo demostró la reestructuración de la deuda de US$10.000 millones con el Club de París. Argentina no obtuvo un resultado particularmente generoso, pero Buenos Aires ganó una importante concesión: el Fondo Monetario Internacional acordó no monitorear la economía de Argentina, como lo hace en otros acuerdos con el Club de París.

El mantener una buena reputación es igualmente importante con los acreedores que no participaron en la reestructuración. Argentina puede “perder” en el sentido de que su único camino hacia adelante parece ser tener unas negociaciones con NML. Al mismo tiempo y por motivos políticos, Argentina debe dar la impresión de haber “ganado”. La conciliación parece ser el desenlace más probable, pero el drama de llegar allá será intenso.