Premio de Liderazgo de El Espectador: atreverse a que las cosas pasen

En la primera edición del reconocimiento se destacó la labor de los líderes que tienen un propósito que va más allá de la generación de dinero.

Empresarios, jóvenes emprendedores, líderes sociales y representantes de la academia asistieron a la primera entrega del Premio de Liderazgo de El Espectador, que se realizó en el hotel Dann Carlton de Bogotá.

Un reconocimiento que forma parte de la estrategia profesión Líder, apoyada por la Superintendencia de Industria y Comercio, La Equidad Seguros y EPM, que pretende reconocer a quienes el jurado, y con la dirección técnica del Cesa, ha considerado verdaderos ejemplos del liderazgo empresarial que necesita Colombia.

“Llega este premio en un momento trascendental. Por la esperanza renovada de que el silenciamiento de las armas en nuestro conflicto se pueda convertir en una oportunidad para el florecimiento de nuevos y mejores negocios”, señaló Fidel Cano, director de El Espectador.

A la convocatoria se postularon más de 100 empresarios. Los ganadores son: César Muñoz, Líder en Acción; Mauricio Olivera; Juego Limpio; Findeter, Ética y Gobierno Corporativo, y Carlos Jiménez, líder revelación.

Una idea de exportación

César Muñoz, gerente de ciudadanía corporativa de Samsung, es un ejemplo contundente de que las empresas pueden transformar sociedades. Su visión a largo plazo, su sensibilidad y compromiso con la educación lo hacen acreedor del reconocimiento Líder en Aacción. Él y su equipo han llegado a recónditos lugares de Colombia, donde la tecnología es limitada. Por eso, gracias al proyecto “Nómada”, alumnos y docentes tienen una grata experiencia a través de herramientas tecnológicas que cambian los espacios de estudio y ofrecen dos opciones: estar en el salón de clases convencional o al aire libre, donde pueden interactuar y desarrollar habilidades creativas y de liderazgo.
 
Desde que “Nómada” recorre el país, los docentes tienen nuevas formas de enseñar y al mismo tiempo divertirse con los estudiantes. Este proyecto es un ejemplo que ya se replica en la región y que se logró gracias a la pasión, el trabajo en equipo y la convicción de querer romper paradigmas. Un producto colombiano tipo exportación, liderado por un hombre que piensa en su grupo y el bien común.
 
El valor de trabajar
Carlos Jiménez, fundador y gerente general de Soccer Cup, es un joven de 24 años que no sólo tiene ideas, sino que las ejecuta. A sus ocho años la vida le dio una lección inolvidable: la falta de dinero para comprar un par de tenis le impidió jugar fútbol con sus amiguitos. Esa experiencia de precariedad le ayudó a entender que si quería tener algo en la vida debía trabajar y aprovechar las oportunidades para alcanzar sus sueños. Años después, cuando salió de la universidad decidió que no sería empleado y la fórmula para ser emprededor la encontró al organizar un torneo de fútbol relámpago. No tuvo éxito. Necesitaba 16 equipos y sólo llegaron 8. Regresó el dinero y, en vez de desistir de su sueño, planeó otro torneo en el que reunió 30 equipos. 
 
 Al principio nadie creía en su idea, pero su persistencia, trabajo en equipo, el tener una meta clara y la consolidación de alianzas le han permitido en menos de un año generar importantes utilidades y reunir a 12.000 personas en un evento. 
Los torneos se realizan en Bogotá, Medellín y Cali. Ahora el reto es llegar a otros países.
 
Acciones para replicar
 
Contribuir al progreso sostenible de las regiones a través de la planeación, financiación y ejecución de proyectos que generen bienestar y mejor calidad de vida en la sociedad colombiana es el objetivo de la Financiera de Desarrollo Territorial S. A. (Findeter). 
 
Para lograrlo implementaron un código de buenas prácticas, en el que se utilizan instrumentos de auditoría y un sistema de administración de riesgos que se asegura de la eficiencia y la transparencia de sus acciones. 
 
También cuentan con un código de ética que rige a los colaboradores, los proveedores y la alta gerencia para tomar las decisiones correctas en situaciones complejas. Saben que más allá de contar con un código escrito lo que necesitan es empoderar a todos los grupos de interés y que lo repliquen.
Por eso, en la organización se hacen capacitaciones para que todos los colaboradores entiendan los principios y valores de la empresa y que su actuar esté determinado por estas buenas prácticas. El reconocimiento es para la entidad. Rodolfo Zea fue el representante.  
 
Una experiencia exitosa
 
Cuando Mauricio Olivera González, presidente de Colpensiones, asumió la dirección de la entidad, encontró un escenario en el que reinaban la corrupción y las malas prácticas. Le esperaba la ardua tarea de hacer una transición ágil, cuidadosa y efectiva del Instituto Colombiano de Seguros Sociales, una de las entidades más criticadas del país, y reestructurarla en lo que representa hoy Colpensiones.
 
Debía recuperar la confianza de los ciudadanos, eliminar los procesos que servían como puente para actos delictivos y empoderar a los funcionarios en temas de ética y transparencia. Esto lo logró a través de planeación, ejecución e implementación de un pacto de integridad, que se vive desde la cabeza de la organización hasta los proveedores y todos los involucrados con la entidad. 
 
Este pacto invita a las personas a que se rijan por la norma y que no toleren ningún acto de corrupción. Después de tres años de ejecución Colpensiones ha demostrado que las decisiones éticas generan buenos resultados y que desde el sector público también se puede ser transparentes.

 

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