Avalancha verde

Desde el próximo mes el país comenzará a sentir en forma la llegada de inversión extranjera en deuda interna.

Según estimaciones de expertos, los capitales extranjeros llegarán a comprar al país cerca de $20 billones en papeles TES.

Desde hace un mes, los mercados mundiales están bajo una turbulencia de grandes proporciones. Los más afectados son emergentes como Turquía, Rusia e Indonesia, que se han llevado la peor parte de la tormenta por cuenta de los débiles datos económicos de China, que han traído consigo una caída en los precios de los commodities y en la cotización de sus monedas.

Pero a pesar de todo este contexto, el mercado colombiano es uno de los ganadores. Debido a sus buenos fundamentos económicos y a sus perspectivas, los inversionistas globales le han puesto el ojo encima. Especialmente JPMorgan, el principal banco de Estados Unidos que, analizando el rumbo que está tomando el mundo, anunció que a partir de mayo cambiará su esquema de inversiones dándoles una mayor participación a sus capitales en papeles colombianos de deuda (TES).

Esta acción, que se conoce como rebalanceo de portafolios, significa que el banco retirará buena parte de los capitales que había invertido en mercados emergentes para reconducirlos a los TES colombianos. Por eso, la participación del país en su índice de deuda pública pasará del 3,24% al 8,05%, lo que significa, de acuerdo con estimaciones hechas por la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF), que podrían entrar a Colombia flujos de capital que oscilan entre US$4.000 millones y US$9.000 millones en los próximos dos años.

El anuncio comenzó a sentirse de inmediato en el mercado local, pues los inversionistas lo tomaron como el momento perfecto para fijarse en los TES. “Esto significa que Dios es colombiano. Justo cuando comenzábamos a preocuparnos por el mal estado del mercado de los TES, llegó esta decisión que mejora su rentabilidad y sus precios. Gracias a ello la deuda pública se revalorizó en un 10% y hoy resulta más barato endeudarse afuera”, afirmó José Roberto Acosta, gerente de inversiones de la firma Asesores en Valores.

La operación, según analistas, es muy sencilla. “Gran parte de estos recursos vienen a comprar deuda interna. Estimamos que se compren $20 billones en TES, que equivalen a un 11% del total de bonos emitidos en circulación”, explica Juan David Ballén, del departamento de investigaciones económicas de la firma Alianza Valores.

Sin embargo, la gran afectada de esta buena fortuna ha sido la tasa de cambio, que desde el pasado 4 de marzo no vuelve a cotizarse por encima de la barrera de los $2.000 (ver gráfico). “Al traer estos dólares para comprar renta fija, la moneda se ha revaluado agresivamente y los TES se han valorizado”, comenta Ballén.

Los expertos recomiendan que el actual es el momento para comprar la divisa estadounidense. De acuerdo con las proyecciones de ANIF, una avalancha de dólares se tomaría el mercado el próximo año y medio con la entrada de US$4.800 millones adicionales a los niveles normales de inversión extranjera que el país ha vivido en el último lustro.

Dicho movimiento, según predicciones de analistas, empujaría la tasa de cambio a niveles cercanos a los $1.900 hacia finales del tercer trimestre; se espera que a partir de octubre la cotización sufra un rebote hacia los $2.000. “Lo seguro es que a partir de junio, cuando finalice la primera fase del reacomodo de JPMorgan, el dólar siga en los niveles actuales inferiores a $2.000”, estima Acosta.

Ya entrándonos en 2015 es muy posible que la divisa sobrepase nuevamente esa barrera, lo que significaría el momento oportuno para vender. Al mismo tiempo, en el mercado de TES las compras por cuenta de extranjeros abarcarían no el 8% actual, sino el 17%, superando los niveles del mercado brasileño, que ascienden al 15%.

Por lo pronto el Banco de la República, anticipándose a este sacudón en el mercado local, tomó la decisión el pasado 21 de marzo de continuar con su programa de compras diarias de divisas por un tope de hasta US$1.000 millones entre abril y junio con el objetivo de evitar que el peso se revalúe y siga quitándoles productividad a las empresas del país.

 

 

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