Bogotá, epicentro de la discusión sobre tecnología móvil 5G

La necesidad de optimizar la energía en un mundo en el que hasta la nevera estará conectada a internet es uno de los temas del Congreso Internacional del Espectro.

Martha Liliana Suárez, directora de la Agencia Nacional del Espectro.  /Cortesía
Martha Liliana Suárez, directora de la Agencia Nacional del Espectro. /Cortesía

El tiempo promedio que un conductor necesita para reaccionar y no chocar con el automóvil que tiene en frente es de tres segundos. La industria de las telecomunicaciones se ha propuesto que en 2020, con los carros conduciéndose de forma autónoma, ese tiempo se haya reducido a un milisegundo. Es decir, los autos podrían ir uno más cerca del otro y, por lo tanto, minimizar el problema del espacio limitado de las calles.

Eso sólo será posible si la próxima generación de telecomunicaciones se hace realidad, la 5G. Esta apunta no sólo a los teléfonos móviles, sino a permear prácticamente cada aparato en el mundo, desde los sensores en su parqueadero o su nevera hasta la maquinaria que opera una gran multinacional minera. Podría decirse, es la tecnología de lo que distintos sectores –incluido el reciente Foro Económico Mundial en Medellín- llaman “la cuarta revolución industrial”. (Lea Colombia, en la cuarta revolución industrial).

El tráfico y el número de dispositivos conectados serán tan altos que desde ya la industria está debatiendo cómo optimizar las redes de comunicaciones ya construidas y asuntos tan sencillos pero fundamentales como por ejemplo la duración de una batería: si una ciudad requiere sensores midiendo la calidad del aire o el tráfico las 24 horas del día para que sea enviada en tiempo real, sin duda necesita unas buenas baterías. (Lea Y ahora, la 5G).

La discusión aterrizó esta semana en Bogotá, durante el sexto Congreso Internacional de Espectro, organizado por la Agencia Nacional de Espectro (ANE). Este lunes, se dieron cita representantes de los líderes industriales de la discusión, como Intel, Huawei, Nokia, Samsung y Ericsson. La conclusión podría ser que hay casi tanto consenso como retos por cumplir. Hay acuerdo, por ejemplo, en que los intentos comerciales a nivel mundial de esta tecnología podrían venir después del 2020. Países como Corea ya se encuentran haciendo ensayos.

También es claro que para que todo eso suceda, se debe llegar a un acuerdo sobre estándares técnicos (para que la infraestructura y los dispositivos que fabrican empresas como las mencionadas puedan “hablar” entre sí); definir, probablemente en 2019, qué “carriles” del espectro radioeléctrico (las avenidas por las que viajan las telecomunicaciones) se usarán para la 5G y, por lo tanto, tener reglas claras a niveles regional y nacional para que los despliegues se puedan dar en cada país.

Según Demetrio Rakitin, de Nokia (hoy fusionada con Alcatel-Lucent), quien expuso el caso de los carros autónomos y el milisegundo de respuesta, el despliegue de small cells (pequeñas antenas como por ejemplo pico y microceldas), será necesario para sacarle provecho al potencial de la 5G. Las antenas que serán ideales para evitar interferencias y que muchas personas estén conectadas a la vez asimismo harán emisiones de menor alcance y menor capacidad para atravesar muros en comparación con las actuales. Será necesario tener más antenas, pero mucho más pequeñas, prácticamente camufladas.

Colombia recientemente dio un primer paso en ese sentido, con la resolución 387 de 2016, en la que se reglamenta lo dispuesto en el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018: que pequeñas antenas (conocidas como picoceldas o microceldas) se puedan desplegar fácilmente sin necesidad, por ejemplo, de una autorización para el uso del suelo, debido a que no requieren de una obra civil para su instalación. Esas antenas, sin embargo, apenas contemplan la tecnología 4G. (Lea Menos trámites para instalación de antenas).

Durante el panel organizado por la ANE en Bogotá, los expertos reconocieron que en países como los de Latinoamérica habrá retos en la implementación. En la región, según el consorcio 5G Américas, apenas hay cerca de 16% de penetración de 4G LTE. Por asuntos tan básicos como el poder adquisitivo de los habitantes, la llegada de 5G podría ser más lenta que en otras partes del mundo: si los países de la región no están dispuestos a pagar tanto por los servicios como economías más desarrolladas, la capacidad de inversión de los privados se verá reducida.

Sin embargo, aseguran los expertos, las inversiones ya hechas en las tecnologías anteriores (2G-4G) serán perfectamente aprovechables, y es positivo que los países latinoamericanos estén dando la discusión sobre las subastas de espectro radioeléctrico. Según comentó el ministro TIC, David Luna, la puja por la banda de 700 MHz, la más codiciada por los operadores, avanzará en las próximas semanas con la publicación de un “borrador” de las condiciones.

De acuerdo con Martha Suárez, directora de la ANE, la apuesta práctica de las nuevas tecnologías en sectores como el de transporte sin duda puede ayudar a reducir las cerca de 1,25 millones de víctimas que al año dejan los accidentes de tránsito. Asimismo, reconoce que entre los principales retos está alcanzar altas velocidades en las conexiones pero con un uso eficiente de la energía.

Facundo Fernández, responsable de Ericsson para las relaciones con gobierno, resaltó la importancia del despliegue de la tecnología. Según las cifras que presentó, un 10% más de penetración de banda ancha tiene un impacto de 1% de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de un país, mientras que doblar la velocidad de internet genera un 0,3% de crecimiento del PIB. De otro lado, un 1% más de internet genera casi un 4% más de nuevos negocios.

 

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