A cambiar de 'chip'

En Colombia ya existen los mecanismos para que las compañías incluyan laboralmente a personas con insuficiencia cognitiva.

Ni su discapacidad cognitiva leve, la dificultad con las matemáticas y para recordar o su temor a ser rechazado por ser ‘diferente’ han impedido que Gonzalo Barrera, de 29 años, luche día a día por desvirtuar el imaginario que la sociedad ha construido de las personas con este tipo de insuficiencia.

Gonzalo, como él mismo lo dice, “es una persona como cualquier otra, que quiere superarse, añora estudiar, una familia y conseguir la felicidad”, sólo que no posee las mismas oportunidades que la gente ‘normal’, como trabajar y recibir una remuneración digna por lo que hace.

Según un estudio realizado por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en América Latina “entre el 80% y 90% de la población con discapacidad está desempleada y casi todos aquellos que tienen trabajo reciben salarios muy bajos o ninguna compensación monetaria”.

En el caso colombiano, con la expedición de la ley 361 de 1997, conocida como Ley Clopatofsky, se otorgan ciertos beneficios tributarios a empresas privadas que contraten a personas con discapacidad intelectual y aumenten así su inclusión en el sistema laboral. Las empresas que en sus nóminas tengan como mínimo un 10% de empleados en estas condiciones tendrán “prelación en la entrega de créditos de organismos estatales, siempre y cuando estos se orienten al desarrollo de planes y programas que impliquen la participación activa y permanente de personas con limitación”.

Y a los empleadores que contraten a personas con discapacidad no menor al 25% y que deban presentar declaración de renta y complementarios, tienen derecho a deducir de la renta el 200% del valor de los salarios y prestaciones sociales pagados durante el año —o periodo trabajado— a estos empleados.

Pero aún así son pocas las empresas que los contratan. Según Alejandro Escallón, de la fundación Fides, “por el desconocimiento de los empresarios y el pensamiento de que un empleado con estas características no es productivo, pero la verdad es que son excelentes trabajadores”.

A esta apuesta se han unido 16 empresas, entre ellas K-Tronix, CESA, Hamburguesas El Corral, Juan Valdez, Tugó, Cascabel, Brigard & Urrutia, Homecenter y Alkosto. Este programa hace parte del Proyecto de la Fundación Panamericana para el Desarrollo (Fupad), con el apoyo de la Fundación Best Buddies Colombia y la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID), y con él 120 personas con insuficiencia intelectual fueron incluidas en el sistema laboral.

Desde hace dos años y cinco meses, Gonzalo Barrera se desempeña como empacador en Homecenter. Aprendió a hacer el nudo con el que cierra las bolsas de las compras, memorizó el almacén para no perderse cuando hace el reintegro de productos que la gente no compra y también se capacitó en servicio al cliente. Recuerda siempre: “Mi apellido es Barrera, pero yo no conozco ninguna en mi vida, he conseguido lo que me he propuesto”.