¿Por qué los jóvenes con un trabajo decente en Colombia son una minoría?

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La ONG Cuso Internacional presenta un panorama sobre el trabajo juvenil urbano, con énfasis en los estratos 1 y 2. Las mujeres son las que más tienen brechas en su contra, agravadas por la pandemia.

En materia laboral, “el COVID ha afectado a todas las personas, pero de modo especial a la población joven pobre y particularmente a las mujeres jóvenes pobres de estratos 1 y 2. Queremos señalar eso para buscar soluciones”. Así resume Alejandro Matos, director de la organización no gubernamental Cuso Internacional en Colombia, los hallazgos del estudio “La inserción laboral de jóvenes urbanos de estratos 1 y 2 en Colombia: un análisis en tiempos de COVID-19”, que se da a conocer este jueves.

La publicación es la octava en una serie de investigaciones de Cuso —que cuenta con el apoyo del gobierno de Canadá— sobre el mercado laboral colombiano y la segunda sobre la precariedad del empleo que enfrentan los jóvenes en el país (la primera salió en 2018, con base en datos de 2017). Los resultados, que toman como base las cifras oficiales del DANE, ponen en términos concretos cómo se ha agravado la vulnerabilidad a la que desde antes de la pandemia se ven enfrentados los jóvenes (entendidos como personas entre 14 y 28 años).

Como dice Matos, una de las grandes conclusiones que deja el estudio es que, si bien la afectación ha sido general, la situación de los jóvenes (que ya era bastante precaria) se agudizó en 2020, “año en el que el desempleo de estos creció 7,8 puntos porcentuales, la tasa de ocupación decrece 6,8 puntos porcentuales y la tasa global de participación 3,4 puntos porcentuales”, dice el documento, cuyos investigadores fueron Adriana Rodríguez (investigadora principal) y Juan Corredor. Según el más reciente reporte del DANE, mientras la tasa de desempleo en el total nacional se ubica en 15,9 %, la desocupación juvenil está en 23,5 %.

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Sin embargo, dentro de los mismos jóvenes hay brechas: la situación no es la misma en los estratos 1 y 2 que en los 4, 5 y 6, en distintos niveles educativos ni entre hombres y mujeres. Por ejemplo, el desempleo juvenil se encuentra en 19,1 % en los estratos 4, 5 y 6, en tanto que el estrato 2 registra una tasa del 28,5 %. Este último, en 2020, pasó a tener la mayor tasa de desempleo entre los jóvenes urbanos (antes era el estrato 1, que ahora está en 26,4 %). Esto se explica por el comportamiento de la tasa para los hombres jóvenes, indica el documento.

“La mayor brecha se observa por sexo, en tanto la tasa de desempleo de las mujeres jóvenes de estrato bajo-bajo (estrato 1) duplica a la de los hombres jóvenes de ese mismo estrato (36,9 % frente al 18,5 %)”, agrega. En cuanto a actividades, “las mujeres del estrato bajo se concentran en los grupos ocupacionales de trabajadoras del comercio y de los servicios (67 %, frente a 33 % de los estratos altos y 25% de hombres de estrato bajo). En el caso de los hombres de estrato bajo se destaca la concentración como trabajadores agrícolas, forestales u operarios”.

En cuanto a informalidad, Cuso reporta que la tasa del estrato más bajo (61 %) en 2017 duplicaba la de los estratos altos (31,6 %). “Esta situación cambia en 2020, específicamente para el caso de los hombres, donde se destaca un crecimiento de la informalidad más acentuado en los hombres jóvenes de los estratos 3, 4, 5 y 6 (se ubica cerca del 45 %)”. La tasa es del 65 y 49 % para los estratos 1 y 2, respectivamente (tanto hombres como mujeres). Y aquí entra el factor educativo: “La tasa de informalidad de la juventud de estratos bajos se reduce de manera considerable a medida que aumenta el nivel educativo. Así, en 2020, 76 de cada 100 personas jóvenes cuya máxima escolaridad es algún grado de primaria tienen un empleo informal, en contraste con 38 de cada 100 que han alcanzado algún nivel de educación superior”.

Trabajo precario

Por la falta de estadísticas sobre precariedad laboral en Colombia, Cuso presenta un índice a partir de ocho indicadores que permiten una aproximación (salario, estabilidad laboral, relación de trabajo, protección frente al desempleo, protección en salud, protección en pensión, protección en riesgos laborales y límites de horas). Para la investigadora Adriana Rodríguez, uno de los puntos más preocupantes es el asunto sindical, no solo por los bajos niveles de afiliación, sino por las violaciones de los derechos colectivos. Según el DANE, solo el 3,4 % de las personas ocupadas se encuentran afiliadas a una asociación gremial o sindical y 0,9 % de la juventud. Rodríguez señala una falencia en esto, pues gremio y sindicato no son lo mismo. El documento también resalta que, según la Confederación Sindical Internacional, Colombia está entre los 10 países más peligrosos para ejercer el sindicalismo.

Los resultados del índice de trabajo precario (ver tabla a continuación) muestran que en 2020 solo 13,6 % de las personas jóvenes ocupadas y de estratos bajos cumplían positivamente todos los criterios enunciados. “El restante 86,4 % enfrentaba algún grado de precariedad: el 37,6 % presentaba alta precariedad, el 26,4 % media y el 22,5 % baja”. Por ejemplo, la proporción de las personas que ganan menos del salario mínimo por hora pasó de 35,5 % a 44,4 % entre 2017 y 2020.

Los investigadores señalan: “Además del nivel educativo, los factores con alta incidencia son la edad, el parentesco, la asistencia escolar y la experiencia laboral”. Y agregan: “Cuando un joven pobre urbano consigue un título de bachiller multiplica por 2,8 sus posibilidades de tener un trabajo no precario, cuando adquiere un título de técnico o tecnólogo las multiplica por 8,5 veces, cuando adquiere un título universitario la multiplica por 13,0 y por 37,9 cuando consigue un título de posgrado. En general, cada año adicional de escolaridad multiplica por 1,3 las posibilidades de ocupar trabajos no precarios”.

Otro punto para tener en cuenta es la ciudad de residencia: el modelo arrojó mejores resultados cuando se reside en ciudades grandes, “donde la posibilidad de lograr vinculaciones no precarias se multiplica por 1,5 veces”.

Sin desconocer los niveles de precariedad que se dan en el sector rural, la investigadora explicó que la priorización de los jóvenes urbanos que se hizo para este estudio responde a un criterio de focalización.

Recomendaciones

Entre las principales recomendaciones está adoptar acciones diferenciadas para favorecer la vinculación laboral y la erradicación del trabajo precario en ciudades pequeñas y de alta proporción de población joven, así como para los más afectados por la pandemia. Rodríguez habla, por ejemplo, de adoptar incentivos para la contratación de jóvenes en el marco del Programa de Apoyo al Empleo Formal (PAEF). Asimismo, cree que es positiva la “intención” que se ha puesto sobre la mesa de incluir beneficios para la contratación de mujeres y personas jóvenes en la anunciada reforma tributaria.

Consultado por este diario, el Servicio Público de Empleo (SPE) —adscrito al Ministerio de Trabajo y encargado de acercar a las personas a oportunidades laborales formales— explicó que se pondrá en marcha la estrategia “Enrútate por el empleo”, con el objetivo de “fortalecer y visibilizar la ruta de empleabilidad del Servicio Público de Empleo que se ofrece en la actualidad a los jóvenes y brindar a las agencias y bolsas de empleo autorizadas herramientas que permitan potenciar su capacidad de atención a los jóvenes”.

Además de participar en la construcción del anunciado CONPES de la juventud, el SPE “también trabaja con el Departamento de la Función Pública en los programas que lidera esa entidad, como lo son ‘Estado joven’ y ‘Más jóvenes en el Estado’, pues se han apoyado las convocatorias realizadas en anteriores vigencias y para la séptima convocatoria se ofertarán 1.000 plazas de prácticas para realizar en el segundo semestre de 2021”.

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El SPE recordó que las personas interesadas pueden postularse para ofertas laborales formales a través de la Bolsa Única de Empleo en la página oficial. Consulte el paso a paso en este documento:

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