"Cerro Matoso nos está matando"

El cacique mayor del resguardo zenú del Alto San Jorge dice cuando la BHP Billiton llegó a explotar níquel, no habló de las consecuencias de esta actividad.

Israel Aguilar  dice  que la proliferación del cáncer  en la comunidad indígena zenú  está relacionada con la minería en Cerro Matoso.   / Archivo particular
Israel Aguilar dice que la proliferación del cáncer en la comunidad indígena zenú está relacionada con la minería en Cerro Matoso. / Archivo particular

La locomotora minera que tanto ha promocionado el presidente Juan Manuel Santos, como eje del crecimiento económico del país, ha dejado, a su paso, damnificadas a diferentes poblaciones del territorio nacional. Es el caso de la comunidad indígena zenú del Alto San Jorge, que ha sufrido los efectos de la explotación de níquel por parte de la multinacional BHP Billiton en Cerro Matoso. Israel Aguilar Solano, cacique mayor de este resguardo, nos contó su historia.

¿Cuántas personas representa usted como gobernador y cacique mayor indígena zenú del Alto San Jorge?

El epicentro del resguardo zenú del Alto San Jorge se encuentra en Puerto Libertador, Montelíbano y San José de Uré. En esos tres municipios, en la base de datos reales, hay una población de 3.500 familias para un total de 16.952 personas, esa es la población que represento de manera directa.

Usted viene adelantando una cruzada para reclamar por la violación de derechos humanos por parte de la multinacional BHP Billiton. ¿Por qué?

Porque no hemos visto un fortalecimiento al desarrollo económico en las comunidades, pese a que es una empresa de alto valor. No se han tenido en cuenta a los indígenas para darles a conocer a fondo lo positivo y negativo que tiene la explotación de ferroníquel en la región.

¿Hace cuánto empezó la explotación de níquel y ferroníquel en Cerro Matoso?

En los años 60, pero de manera directa con la construcción de los hornos en 1980. De ahí en adelante es donde empezamos a ver un cambio drástico del entorno y la población empezó a percibir los impactos territoriales, ambientales y de las fuentes hídricas.

¿Cuántos años tenía usted en los 80?

Nací en 1963, es decir, que ya estaba grandecito cuando empezó la explotación. Por eso estoy contando con evidencias claras, a pesar de que hoy muchos aluden que si uno no tiene pruebas científicas no es cierto lo que uno dice. Aquí se está afectando la salud de nuestra gente.

¿Cuáles son esos cambios que su comunidad ha experimentado desde que se inició la explotación en Cerro Matoso?

Primero el cambio paisajístico alrededor de las comunidades, porque ya el cerro está deforestado. Además, las comunidades que estaban en el cerro y cerca de él tuvieron que irse de ahí, creando poblaciones urbanas y veredas, porque había muchas familias que vivían sobre el territorio y que tenían lotes de tierra, que la empresa empezó a comprar sin dar a conocer las grandes ganancias que les podrían producir a largo plazo a las familias que estaban allí.

¿Cómo fue el proceso de compra de esos predios?

En los años 60 es cuando ellos hacen la exploración sobre el cerro y se dan cuenta de que hay un yacimiento de ferroníquel; se cree que también hay oro y cobalto, pero solamente se reporta el níquel. Desde esos años empezaron a comprarle a la gente sus terrenos muy baratos, al precio de esa época. El indígena solamente conocía de agricultura, no se había fijado que ahí existían grandes riquezas. El impacto no se vio inmediatamente porque había mucho territorio donde ir a cultivar, pero sí se veía la expansión de la empresa. Hoy la mayoría de las tierras entre Puerto Libertador, San José de Uré y Montelíbano pertenecen a BH Billiton.

¿Cuál fue el mayor impacto con la llegada de la multinacional?

El impacto más grande fue la llegada de maquinaria y como empezaron a mover el terreno, se vivían las 24 horas con un gran ruido. Se empezaron a perder las cabeceras de las quebradas, desapareciendo algunas de ellas en su totalidad. Asimismo, se dejó de tener empleo tradicional, que es el trabajo por jornal por cambio de cosecha. Se perdió ese equilibrio armónico de la población con el entorno.

Antes de llegar la empresa a la zona, ¿cómo era la movilidad de la población?

Era de libre albedrío, se podía andar por donde uno quisiera, por los caminos reales, como se les llamaban antes. En el cerro precisamente había un camino real que cruzaba por donde estaba la comunidad, por ahí la gente pasaba para llegar a Montelíbano. Con la compra de los terrenos por parte de BHP Billiton se prohíbe el cruce del campesino por ahí. A medida que fue creciendo la zona de expansión y de explotación tuvimos que cambiar la ruta y coger otra más lejos para poder llegar al municipio de Montelíbano a comprar los enseres.

¿Por qué han dicho ustedes que se les ha vulnerado el derecho a la participación?

Porque pese a que la empresa tiene un espacio para obra no calificada, no se llama a las comunidades a decirles que tienen espacio para trabajar. No se dio a conocer lo que significaba una explotación de alta magnitud, que traería a corto y largo plazo impactos positivos, pero también negativos. Se aprovecharon de la buena fe de los habitantes de la zona. Por eso decimos que se violó el derecho a la participación, lo que hoy jurídicamente se llama consulta previa.

También han dicho que se les violó el derecho a la confianza legítima…

Sí. No se ha explicado la magnitud de lo que traería a largo plazo la explotación de níquel y ferroníquel para las comunidades, eso es lo que estoy denunciando. La gente no sabía qué era el níquel, no sabía qué se iba a extraer. Los indígenas tenemos una concepción de la tierra, no creemos que sea un elemento muerto, es un ser vivo que si se maltrata se descompone y produce muchas afectaciones. El níquel tiene otros componentes que están catalogados como contaminantes, eso no se le dijo a la gente. Y son los efectos y los perjuicios que estamos sufriendo 30 años después de estar explotándose esa mina.

Usted igualmente ha dicho que se les está violando el derecho a la integridad personal. ¿En qué se basa para decir eso?

Porque no se tomaron los controles necesarios para evitar la contaminación a las fuentes hídricas.

Cuénteme un poco sobre las enfermedades que se han ocasionado a causa de la contaminación del agua.

Hoy, 30 años después del inicio de la explotación, la empresa, por el llamado de atención que se hizo sobre la forma en que venía explotando y transportando el níquel, empezó a etiquetar sus vehículos con un letrero que decía que existe la sospecha de que el níquel produce cáncer. ¡Se sospecha! ¡Imagínese!

¿Pero qué enfermedades específicas están experimentando?

La proliferación del cáncer y el aumento del aborto. En 2011 se hizo un análisis en Pueblo Flechas a través de la Secretaría de Salud del municipio de Montelíbano, en donde se mostraba que hubo 36 embarazos, de los cuales 14 fueron abortos, o sea más de uno por mes. Para nosotros un aborto tiene un significado espiritual sin comparación, es quitarle la vida a un ser humano antes de nacer. En palabras técnicas, es un genocidio, que para nosotros como indígenas es un etnocidio.

¿Entonces quiere decir usted que les están matando a las generaciones venideras?

Sí. Quiero decirle a Cerro Matoso que no nos siga matando de esa manera, sinceramente nos están matando. La contaminación en todos estos ámbitos es acabar la vida humana. Puedo estar contaminado, yo me muero mañana, pero qué va a pasar con nuestros hijos, son ellos los que ya hoy están afectados. Entonces, ¿vale más un mineral que una vida humana? No lo creo.

¿Qué esperan ahora de Cerro Matoso?

Con 30 años que ya pasaron de explotación, que la empresa nos llame a mirar los perjuicios que se han causado y que haya un resarcimiento con la comunidad indígena por los daños ocurridos, porque hay mucha gente afectada, así ellos digan que no. Nosotros les vamos a comprobar que sí.

Las quejas ante las autoridades regionales

 

Les han hecho un llamado a las autoridades ambientales de la región? ¿Qué han dicho?

Como indígenas poco sabemos sobre hacer denuncias y quejas del orden jurídico. Entonces no habíamos hecho una queja ante la CVS (Corporación de los Valles del Sinú y San Jorge) o al Ministerio de Ambiente. Nos quejábamos de manera directa con la empresa. Ahora que empecé este proceso de denunciar le presenté las quejas a la CVS.

¿Y qué le ha respondido?

El año pasado le solicité que me mostrara estudios técnicos de las fuentes hídricas para ver hasta dónde estaba la contaminación de las aguas. Un funcionario me dijo que el único elemento de concentración elevada en el agua era el cinc y que era normal. Sin embargo, nosotros sabemos que eso no es así.

¿Por qué?

Porque cuando los habitantes de Pueblo Flechas, Puente de Uré y los de Boca de Uré están en contacto directo con esas aguas y salen con rasquiña en la piel. Y en muchos casos ya no es rasquiña sino cáncer de piel.

“Voy a seguir con mi denuncia hasta la CIDH”

 

Qué han hecho las autoridades nacionales?

Le voy a ser sincero, uno no ponía quejas porque Cerro Matoso es una empresa de alto poder económico y jurídico, entonces lo que uno decía poco servía. De hecho, quise tener contacto con ellos y no me pusieron atención, para ellos el indígena zenú no existe.

Después de empezar  esta  cruzada de denuncia, ¿qué le han respondido las autoridades?

Hasta ahora nada.

¿De no lograr un acuerdo piensan recurrir a instancias internacionales?

Estamos agotando todos los recursos en Colombia, pero si la empresa sigue diciendo que no está causando nada y que es mentira, como dice el gerente de Cerro Matoso, voy a seguir con mi denuncia hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

¿Sinceramente cree usted que tendrá que llegar hasta esa instancia?

Quiero de buena fe que la empresa en su parte técnica reconozca que fallaron en su tecnología. Nosotros como indígenas le estamos demostrando que hemos explotado y extraído otras riquezas de nuestra madre tierra sin contaminar el ambiente, sin acabar con la población humana ni afectarla.

 

 

 

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