China pide entrar al club del comercio

La gira del presidente chino, Xi Jinping, por Europa demuestra que China no quiere quedarse por fuera de los grandes cambios y para ello está preparando terreno invitando a que se fortalezcan los lazos comerciales.

La reina belga Matilde (izq.) junto al presidente chino, Xi Jinping; el rey Felipe de Bélgica y la esposa del mandatario de China, Peng Liyuan, durante una ceremonia en el centro de la ciudad de Brujas (Bélgica). / AFP

Para comprender la geopolítica del comercio en los últimos días no hace falta más que observar el contraste entre las visitas de esta semana a Europa por parte del mandatario estadounidense Barack Obama y del presidente chino, Xi Jinping.

Los presidentes de Estados Unidos y China llegaron a Europa vendiendo el comercio como el motivo central del viaje. Los dos líderes, sin embargo, asumieron aproximaciones muy distintas. La visita de cuatro días de Obama lo llevó a Holanda, Bruselas y Roma e incluyó una cumbre nuclear.

Luego de la visita, algunos funcionarios de la Unión Europea se quejaron de que, aunque ambos lados habían acordado que el comercio sería el componente central de la visita, Obama tan sólo mencionó la iniciativa para una alianza comercial entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, la Asociación de Comercio e Inversión Trasatlántica, cuando se le hizo la pregunta sobre el tema en una rueda de prensa.

Xi, en cambio, parecía estar en un elaborado tour diseñado para encantar a los europeos. Durante 11 días, él y su esposa fueron recibidos por presidentes, reyes y reinas. A donde fuera, Xi hacía un llamado a “fortalecer” los lazos comerciales entre Europa y China. El lunes en Bruselas, y de nuevo en Brujas el martes, insistió en el compromiso de la UE con abrir negociaciones para un acuerdo comercial amplio, tan sólo para recibir una cordial negativa.

El contraste fue muy diciente, porque ilustró cuánto se está esforzando China para cerrar la enorme brecha con los Estados Unidos cuando se trata de política comercial, y para traducir el poder económico en un puesto en la mesa donde se están escribiendo las nuevas reglas de comercio mundial.

El año pasado, China se convirtió en la nación comercial más grande del mundo y, con su lugar en el centro de las cadenas de suministro mundiales, debería tener la voz más influyente en el comercio mundial. Sin embargo, no la tiene.
Beijing se jugó su futuro en la Organización Mundial de Comercio cuando se unió a ella en 2001, pero se dio cuenta demasiado tarde de que, una vez se paralizó la Ronda de Doha, la verdadera actividad comercial comenzó a estar en otra parte. Las visitas de Xi a Europa son una forma de ponerse al día.
Los europeos y los republicanos de Estados Unidos se quejan de que Obama no trabaja lo suficientemente duro para vender su agenda comercial y los demócratas en el Congreso de EE.UU. están haciendo lo que pueden por bloquearla.

Sin embargo, los Estados Unidos están en el asiento delantero de los tres grandes acuerdos de comercio mundial: las negociaciones trasatlánticas, las conversaciones sobre una Alianza Transpacífica de 12 países y el impulso por parte de dos docenas de economías para reescribir las reglas que gobiernan el comercio mundial de servicios.

Cada una de estas tres negociaciones es en realidad sobre dos cosas: construir o fortalecer los lazos económicos y geopolíticos en un momento de incertidumbres y asumir un papel de liderazgo en la reescritura de las reglas para el comercio del siglo XXI. Es importante que, desde la perspectiva de Beijing, se está dejando a China por fuera.

Beijing ha recibido señales de esperanza. Para la molestia de Washington, donde muchos son cautos con respecto a dejar que China ingrese, la UE apoyó esta semana la solicitud de Beijing para unirse a las negociaciones de servicios.

El deseo de China por incorporarse a estas conversaciones está siendo impulsado, al menos en parte, por sus prioridades domésticas. A medida que busca reequilibrar su economía para alejarla del modelo basado en exportaciones, del que ha dependido, necesita desarrollar un sector de servicios más efectivo.

Las conversaciones de los años noventa que permitieron la entrada de Beijing a la OMC le dieron al país un medio para vender duras reformas en casa. Esto también podría ocurrir con su ingreso a la nueva Alianza de Comercio en Servicios.

China tampoco quiere quedar por fuera de una conversación mundial. Las economías que ahora participan en las negociaciones de la alianza representan aproximadamente el 70% del comercio mundial de servicios, pero ninguno de los grandes jugadores emergentes (Brasil, India, China) está participando. China quiere que este panorama cambie.

En una entrevista con el Financial Times antes de la visita de Xi a Bruselas, Karel de Gucht, el comisionado comercial de la Unión Europea, dijo que notaba un cambio en la actitud de China hacia el comercio. “Los chinos se dan cuenta de que deben ser más participativos en el comercio internacional”, manifestó. “Se dan cuenta de que no pueden quedarse por fuera del club”.
El preparar terreno para unirse al club es, en parte, lo que Xi hacía en su aventura europea.

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