Cinco prioridades de liderazgo para el año 2017

El fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial llama la atención sobre los cerebros que requiere la cuarta revolución industrial, marcada por la tecnología.

“Un liderazgo sensible y responsable para abordar desafíos colectivos”, reclama Klaus Schwab, desde hoy anfitrión del Foro Económico Mundial en Suiza. / AFP

Tal como se demostró el año pasado, los líderes deben responder a las demandas de las personas que les han confiado el liderazgo, mientras que, al mismo tiempo, deben proporcionarles una visión y un camino por el cual avanzar, para que esas personas puedan imaginar un futuro mejor.

El verdadero liderazgo en un mundo complejo, incierto y ansioso requiere que los líderes naveguen con un sistema de radar y una brújula. Deben ser receptivos a las señales que llegan constantemente de un panorama siempre cambiante y deben estar dispuestos a hacer los ajustes necesarios. Sin embargo, nunca deben desviarse de su verdadero norte, es decir, de una visión fuerte basada en valores auténticos.

Es por eso que el Foro Económico Mundial ha determinado que el liderazgo sensible y responsable va a ser el tema de nuestra reunión anual, que comienza hoy en Davos. A medida que los líderes en el gobierno, las empresas y la sociedad civil marquen un curso para el próximo año, cinco desafíos claves justificarán su atención.

Para empezar, tendrán que enfrentarse a la cuarta revolución industrial, que está redefiniendo industrias enteras y creando otras nuevas desde cero, gracias a los innovadores avances en inteligencia artificial, robótica, internet de las cosas, vehículos autónomos, impresión 3D, nanotecnología, biotecnología y computación cuántica.

Estas tecnologías apenas han comenzado a mostrar su pleno potencial. En 2017 veremos, cada vez con mayor frecuencia, que lo que solía ser ciencia ficción se convierte en realidad. Pero, si bien la cuarta revolución industrial podría ayudarnos a resolver algunos de los problemas más apremiantes, también está dividiendo las sociedades en las que aceptan el cambio y las que no lo hacen. Y eso amenaza nuestro bienestar en maneras que tendrán que ser identificadas y abordadas.

En segundo lugar, los líderes tendrán que construir un sistema dinámico e inclusivo de gobernanza global de múltiples partes interesadas. Los desafíos económicos, tecnológicos, ambientales y sociales de hoy solo pueden abordarse mediante la colaboración público-privada a nivel mundial, pero nuestro marco actual para la cooperación internacional fue diseñado para la era de la posguerra, cuando los estados-nación eran los actores claves.

Simultáneamente, los desplazamientos geopolíticos han hecho que el mundo de hoy sea verdaderamente multipolar. A medida que los nuevos actores globales aportan nuevas ideas sobre cómo configurar los sistemas nacionales y el orden internacional, el orden existente se torna cada vez más frágil. Mientras los países interactúen sobre la base de intereses compartidos, en lugar de valores compartidos, se limitará la medida en la que sean capaces de cooperar. Además, los actores no estatales ahora son capaces de causar disturbios en los sistemas nacionales y globales, sobre todo a través de ataques cibernéticos. Para enfrentar esta amenaza, los países no pueden simplemente cerrarse. La única manera de avanzar es garantizar que la globalización beneficie a todos.

Un tercer desafío para los líderes será restaurar el crecimiento económico mundial. El crecimiento permanentemente disminuido se traduce en niveles de vida cada vez más bajos: con un crecimiento anual del 5 % se tarda sólo 14 años para duplicar el PIB de un país; con un crecimiento del 3 % serían 24 años. Si el estancamiento actual persiste, nuestros hijos y nietos podrían estar peor que sus predecesores.

Incluso sin el desempleo estructural impulsado tecnológicamente de la actualidad, la economía mundial tendría que crear miles de millones de puestos de trabajo para dar cabida a una población creciente, que se prevé llegará a 9.700 millones hasta el año 2050, de los 7.400 millones de hoy. Por lo tanto, el 2017 será un año en el que la inclusión social y el desempleo juvenil serán temas de importancia crítica a nivel mundial y nacional.

Un cuarto desafío será reformar el capitalismo de mercado y restaurar el pacto entre las empresas y la sociedad. Los mercados libres y la globalización han mejorado el nivel de vida y han sacado a las personas de la pobreza durante décadas, pero sus defectos estructurales, el cortoplacismo miope, el aumento de la desigualdad de la riqueza y el amiguismo han alimentado la reacción política de los últimos años, destacando, a su vez, la necesidad de crear estructuras permanentes para equilibrar los incentivos económicos con el bienestar social.

Por último, los líderes deberán abordar la crisis omnipresente en la formación de la identidad que ha resultado de la erosión de las normas tradicionales en las últimas dos décadas. La globalización ha hecho que el mundo sea más pequeño pero más complejo, y muchas personas han perdido la confianza en las instituciones. Temen por su futuro y buscan creencias compartidas pero diferenciadas que puedan proporcionarles un sentido de propósito y de continuidad.

La formación de la identidad no es un proceso racional; es profundamente emocional y a menudo se caracteriza por altos niveles de ansiedad, insatisfacción y enojo. La política también es impulsada por la emoción: los líderes atraen votos no cuando abordan las necesidades o presentan visiones a largo plazo, sino más bien cuando ofrecen un sentido de pertenencia, nostalgia por tiempos más simples o un retorno a las raíces nacionales. Fuimos testigos en 2016, ya que los populistas ganaron al fomentar creencias reaccionarias y extremas. Los líderes responsables, por su parte, deben reconocer la legitimidad de los temores y la ira de las personas, y al mismo tiempo deben proporcionar inspiración y planes constructivos para edificar un futuro mejor.

Pero ¿cómo se puedo hacer esto? El mundo de hoy parece estar envuelto en un mar de pesimismo, negatividad y cinismo. Y sin embargo tenemos la oportunidad de sacar a más millones de personas de la pobreza, de manera que puedan llevar vidas más saludables y más significativas. Y además tenemos el deber de trabajar juntos con el propósito de lograr un mundo más verde, más inclusivo y pacífico. Si tenemos éxito, ese éxito no dependerá de algún evento externo, sino más bien de las decisiones que tomen nuestros líderes.

Este año será una prueba de importancia crítica para todos los interesados en la sociedad global. Más que nunca, necesitamos un liderazgo sensible y responsable para abordar nuestros desafíos colectivos y para restablecer la confianza en las instituciones y entre unos y otros. No carecemos de los medios para hacer del mundo un lugar mejor. Pero para ello debemos mirar más allá de nuestros propios intereses y debemos atender los intereses de nuestra sociedad global.

Ese deber comienza con nuestros líderes, que deben entablar un diálogo abierto y una búsqueda común de soluciones a los cinco grandes desafíos en el horizonte. Si ellos reconocen que la nuestra es una comunidad global con un destino compartido, habrán avanzado un primer paso —si bien es un paso modesto— en la dirección correcta.

Traducción del inglés al español: Rocío L. Barrientos.
Copyright: Project Syndicate, 2016.
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