Colombia, por fuera del Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica

Doce países anunciaron el acuerdo comercial más grande de la historia reciente, que reúne al 40% de la economía global.

El Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP) es un acuerdo multilateral de libre comercio que en 2005 suscribieron Chile, Brunéi, Nueva Zelanda y Singapur. Desde entonces, otros ocho países de la cuenca del Pacífico, Australia, Malasia, Perú, Vietnam, Estados Unidos, México, Canadá y Japón venían discutiendo los parámetros o contemplando su adhesión. Ayer, finalmente, se supo que los 12 países negociadores lograron un pacto y el TPP está listo.

La iniciativa, que reúne al 40% de la economía mundial, ha sido promovida por los gobiernos con la promesa de desmontar barreras arancelarias y fomentar la inversión. “Esta asociación nivela el campo de juego para nuestros campesinos, rancheros y manufactureros, al eliminar más de 18.000 impuestos que varios países ponen a nuestros productos”, explicó el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

El primer mandatario estadounidense ha reconocido en varias ocasiones que el acuerdo es una forma de impedir que China “escriba” las pautas de la economía, sobre todo en Asia Pacífico. Sin embargo, el proceso de negociación ha sido criticado, pues aún no se ha hecho público el texto del acuerdo. Lo único que se ha conocido son filtraciones y se sabe que en el pacto van insertos puntos sobre acceso a internet, patentes y propiedad intelectual —probablemente ampliación de los plazos de protección—, entre otros.

“El TPP les permitirá a compañías como Disney criminalizar y perseguir a usuarios y servidores de internet por descargar o compartir sus películas en la red. Elevará el costo de la salud al cerrarles el paso a los medicamentos genéricos”, dijo Jim Shultz, director del Centro para la Democracia, en San Francisco, en un artículo publicado por este diario en junio pasado. Por su parte, de acuerdo con Bloomberg, Ford Motor Co., uno de los fabricantes de automóviles más grandes del mundo, pidió al Congreso de Estados Unidos no aprobar el acuerdo, porque no pone reglas claras al manejo de moneda en el extranjero.

El acuerdo aún tiene que pasar por las aprobaciones locales. Según el Washington Post, habría por lo menos tres meses de debate en el Congreso de Estados Unidos, pero con la salvedad de que en junio pasado Obama consiguió la fast-track authority, que implica que el presidente puede negociar un acuerdo comercial y el Congreso puede aprobarlo o desaprobarlo, pero sin enmiendas ni obstruccionismo.

“No tenemos razón para creer que el TPP ha mejorado en algo desde la última versión que se filtró en agosto, y no la tendremos hasta que el gobierno estadounidense revele el texto. Así que, mientras contenga una extensión retroactiva de 20 años para derechos de autor, prohibiciones a las formas para hacer el quite a la DRM (Gestión Digital de Derechos), castigos desproporcionados para violaciones a los derechos de autor y reglas para criminalizar periodistas investigativos (…) tenemos que hacer lo posible para detener que el acuerdo se firme, ratifique y ejecute”, escribió en una carta abierta la Electronic Frontier Foundation (EFF), una entidad especializada en la defensa de derechos en entornos digitales.

Aunque Colombia manifestó a través de Rafael Pardo, entonces ministro, su intención de hacer parte de las negociaciones, lo cierto es que la firma del país no aparece junto a las de los 12 que conformarán el bloque de libre comercio. Solicitar el ingreso implicaría, entonces, aceptar las condiciones ya pactadas por los actuales integrantes.

Para el presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), Javier Díaz, aunque existe el interés por los mercados asiáticos, lo más cercano que hay en ese sentido es la Alianza del Pacífico, en la que Colombia se vincula con los países latinoamericanos, pero no “con los grandes jugadores”.

“Nos quedamos al margen de las grandes corrientes de comercio y de inversión que se están dando en el Pacífico. Simplemente no hay oferta exportable para esos jugadores, como tampoco tenemos proyectos para mostrar a los potenciales inversionistas. La única puerta de ingreso es el TLC con Corea, pero la Corte Constitucional no lo ha aprobado, el comercio y la inversión se han movido del Atlántico hacia el Pacífico, y nosotros estamos en el lugar equivocado”, dijo Díaz.

Este acuerdo comercial constituye, según Giovanni Reyes, investigador de la Universidad del Rosario, el tercer grado de la apertura de mercados. El primero es el que se inició en los 90 y el segundo, los tratados de libre comercio. “Mantenerse al margen del acuerdo es casi imposible cuando Colombia tiene el 4% del PIB de América Latina, pero lo que sí puede hacer es establecer salvaguardas, como lo hacen los países más desarrollados”, explicó.

Sin embargo, Diana Gómez, profesora de la cátedra de China en la Universidad Nacional, considera que la política exterior de Colombia frente a estos temas ha sido muy ambigua. “Mientras sus vecinos, como México, Chile y Perú, se van integrando a organismos multilaterales como el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), el país no se ha preocupado. Mientras más situaciones como esta se presentan, Colombia más se retrae, y a la hora de negociar y lograr alianzas, no tiene con quién”.

El que podría ser el acuerdo comercial más importante de la historia reciente, no solamente representa la apertura del mercado de 12 países, sino un nuevo round entre Estado Unidos y China, considerado el único Estado que hoy podría modificar el modus vivendi del sistema internacional. Al parecer, el TPP favorece los intereses del país del norte al aumentar su presencia en Asia. Mientras tanto, Colombia, sin viento en las velas, sigue navegando hacia el Pacífico.