Colombia, un país que se transporta en moto

El 6% de los empleos en el país dependen, directa o indirectamente, de este vehículo. Mientras una familia puede ahorrar hasta $120 mil mensuales por transportarse en él y se consolida un sector que aporta el 4% del PIB industrial, la falta de cultura vial amenaza la vida de los pilotos.

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Una moto siempre ha sido símbolo de libertad, de rebeldía, de riesgo. No por nada este vehículo de dos ruedas ha sido clave en la construcción de películas como Salvaje, con Marlon Brando, Diarios de motocicleta, con Gael García, o Ghost Rider, con Nicolas Cage. En estos filmes se presentaban personajes inconformes con las injusticias sociales y la realidad que cada momento de la historia iba imponiendo.
 
En Colombia, la industria de las motos se ha ido consolidando a un ritmo vertiginoso y, lejos del imaginario creado por el cine, la de dos ruedas encarna una forma de trabajo y de transporte en ciudades con sistemas de transporte masivo que no cubren la demanda y con vías colapsadas por carros particulares y taxis.
 
Según la Encuesta de Calidad de Vida (ECV) del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), hoy en día uno de cada siete colombianos usa una motocicleta para transportarse. Esto representa cerca del 23,3% del total de las familias.
 
Datos de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi) confirman que entre 2000 y 2013 se redujeron de once a cinco los salarios mínimos que necesita una persona para comprar un vehículo de este tipo. “El fortalecimiento de la motocicleta se debe, entre otros factores, a las ventajas propias de este automotor, a que en la última década Colombia aumentó en 320% el PIB per cápita y el poder de compra. Es un síntoma del acceso masivo a la clase media desde los estratos que antes eran más pobres. Colombia ha subido a la clase media desde la pobreza entre 10 y 12 millones de ciudadanos”, asegura la directora de la Cámara Automotriz de esa entidad, María Juliana Rico.
 
Precisamente son los estratos bajos los que más utilizan la moto, pues se ha convertido en una fuente de empleo o una herramienta de trabajo. Por lo menos así queda demostrado en las mediciones de la ECV, las cuales registran que en 2012 el 29% de los pilotos realizaban alguna actividad de trabajo (mensajería o domicilios). Lo que pasa alrededor de esta industria termina siendo tan clave que el 6% de los empleos del país dependen de actividades relacionadas con la moto.
 
Aunque por lo general era en zonas de clima cálido donde este vehículo funcionaba como la solución de transporte, ni las lluvias han logrado evitar que en Bogotá, donde las precipitaciones se presentan en el momento menos esperado, las personas hayan optado por la motocicleta como medio de transporte.
 
Para Iván García, jefe de asuntos públicos de Auteco, “no importa el clima. En ciudades como Tunja, donde antes era impensable manejar moto, hoy es un vehículo muy importante. Las variables de movilidad priman sobre los factores climáticos. La gente piensa: me aguanto un poquito de frío, pero salgo a trabajar más fácil, mucho más rápido, genero ingresos para mi familia y ahorro dinero”. Este último factor es una variable no menos importante pues uno de los resultados del estudio Contribución de la motocicleta y su evolución en la economía nacional, elaborado por la Universidad de los Andes, indica que una familia puede gastar $125.188 menos cada mes si se desplaza en este vehículo.
 
Estas facilidades han sido aprovechadas por las empresas del sector, que han visto un aumento constante de sus ventas, siendo las marcas indias como Bajaj, distribuida en Colombia por Auteco, las que se encuentran en un cómodo primer puesto. De las 659.421 unidades que se vendieron en 2014 (un incremento de 6,3% respecto al año anterior), según el Registro Único Nacional de Tránsito (RUNT), el 35% de las matriculadas fueron Auteco, seguidas por Incolmotos, Yamaha con 20%, AKT Motos con 19%, Fanalca-Honda con 15% y Suzuki Motor de Colombia con 8,6%.
 
Debate por la movilidad de las motos sigue con semáforo en rojo
 
El galopante crecimiento de esta industria en Colombia, que aporta cerca del 4% del PIB industrial y es la segunda en América Latina después de la de Brasil, riñe con las restricciones en la vía que tienen estos vehículos.
 
María Juliana Rico explica que “actualmente contamos con más de 148 normas que restringen la circulación de las motocicletas en 69 municipios, los cuales representan aproximadamente el 54% de la población total colombiana”.
 
Los argumentos que justifican estas medidas de alguna manera “satanizan” el uso de las motos por ser, supuestamente, las generadoras de accidentes en las vías por cuenta de imprudencias de los pilotos y la falta de pericia. Además, su alto volumen en las vías suma al problema de tráfico que padece la mayoría de capitales.
 
Es por ello que desde la administración distrital de Bogotá se ha considerado la necesidad de desincentivar la compra de motos, como también sucede con los carros, que la entrega de pases de conducción solamente se haga cuando se demuestre que la persona tiene la experticia para manejar e invitar a los conductores a utilizar el sistema de transporte masivo.
 
“En Bogotá, a los motociclistas los queremos vivos no muertos. Hemos pedido al Congreso que se exijan mayores horas de práctica para adquirir la licencia. Actualmente la legislación dice que son 32 horas en el curso y sólo ocho son de práctica. Por qué no invertimos ese tiempo para que la persona sepa realmente cómo se maneja una moto”, comentó la directora de Seguridad Vial del Distrito, Liliana Bohórquez.
 
Mientras las administraciones de las ciudades del país —pues este es un tema que no solamente afecta a Bogotá— definen la forma de mejorar la relación de este actor en las calles, surgen nuevas iniciativas, pedagógicas si se quiere, para enseñar a los motociclistas a manejar el acelerador de sus “juguetes” de dos ruedas.
 
Una de ellas es la empresa Ride Pro, creada por Daniel Villaveces y Alfredo López junto con el campeón nacional de motociclismo Santiago López, la cual ante la falta de capacitación de los conductores de motos de alto cilindraje hizo una alianza con el autódromo de Tocancipá para que las personas puedan llevar sus motos, en las que se movilizan a diario o por diversión, a un escenario controlado en el que puedan mejorar sus habilidades.
 
“Hemos detectado que las personas que asisten a estos escenarios cambian su comportamiento porque conocen su moto, saben lo que genera y se dan cuenta de que la ciudad no es el escenario para la velocidad. La formación de un gran porcentaje de las personas que usan moto es informal. Un familiar les enseñó a meter los cambios, pero nunca a sortear las variables en las vías”.
 
El equilibrio entre los grandes beneficios de las motos para los colombianos, económica y socialmente hablando, y el comportamiento en las vías sigue estando muy distante. La libertad que representan estos vehículos de dos ruedas sólo será una realidad cuando quienes participan en la carretera entiendan que su función no sólo es transportarse sino cuidar al que lo hace en un medio más débil que el suyo.

 

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