Entre calzones reutilizables y el auge de la copa

¿Cómo está el mercado de higiene femenina en Colombia?

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Los métodos alternativos para la menstruación están en auge. Incluso, marcas tradicionales están incursionando en el mercado de los interiores para el período. Por otro lado, hay colectivos que están luchando por dejar exenta de impuestos a la copa menstrual.

Las nuevas alternativas de higiene para el período menstrual han sido la respuesta a varios problemas. Primero, el impacto ambiental que generan las toallas y los tampones. Tan solo las toallas se demoran aproximadamente 500 años en descomponerse porque no están hechas de materiales biodegradables. De acuerdo con cifras de la ONU, las mujeres que usan toallas sanitarias generan en promedio 60 kilogramos de residuos de este artículo durante su vida, lo que equivale a 100 mil toneladas de desechos al año. Por otro lado, hay niñas en zonas rurales y países en desarrollo que no tienen acceso a productos sanitarios cuando menstrúan y eso genera, por ejemplo, ausentismo escolar al sentir vergüenza de sus cuerpos.

Según cifras de la Cámara de la Industria Cosmética y de Aseo de la ANDI, en 2019 el tamaño del mercado del sector cosmético, de aseo y absorbentes fue de US$5.255,9 millones, mientras que en 2018 representó US$5.045,8 millones. En la subcategoría de absorbentes, la protección sanitaria tuvo una participación del 28 % con US$242,7 millones.

Por otro lado, entre marzo y junio de 2020 la pandemia y las cuarentenas causadas por el COVID-19 hicieron que los hogares colombianos realizaran compras de acaparamiento y abastecimiento ante el miedo y la incertidumbre por una posible escasez de algunos productos. De acuerdo con Raddar, firma especializada en consumo, aunque se dejó de lado ese comportamiento, “los colombianos han reorganizado sus prioridades y han atribuido mayor importancia a ciertas necesidades relacionadas con el aseo personal, con el fin de minimizar la posibilidad de contagiarse del virus”.

Así las cosas, durante 2020 el consumo de artículos para la higiene corporal ha tenido un comportamiento atípico, pues pasó “de un crecimiento anual en volúmenes que rondaba el 6,5 % en 2019 a una variación superior al 24 % durante los meses de marzo, abril y junio del presente año. Sin embargo, para estos últimos meses, se ha visto una estabilización del gasto en esta categoría, alcanzando un aumento interanual del 8,04 % en septiembre”, se lee en un documento de la firma.

Por su parte, las toallas higiénicas, que componen el 24 % de la categoría de artículos para la higiene corporal, no han sido ajenas a estos cambios, pues han presentado un “excelente comportamiento durante los últimos meses”. Sin embargo, explica Raddar, se debe tener en cuenta que la desaceleración en la inflación de este producto, que pasó de 3,50 % en septiembre de 2019 a 1,92 % en el mismo mes de este año, también pudo fomentar su gasto.

De acuerdo con el Consumer Track de Raddar, las marcas de toallas higiénicas más compradas por los hogares colombianos son Nosotras y Kotex, siendo la televisión el medio publicitario más recordado por los consumidores. También se puede concluir que durante 2020 los principales canales de compra más usados para adquirir estos productos han sido las tiendas de barrio, seguidos por los supermercados. Desde hace unos años se vive un boom por lo sostenible en la moda, la alimentación y, también, en la protección menstrual. Emprendimientos, y ahora grandes marcas, han lanzado al mercado la copa menstrual y pantis absorbentes para responder a esas necesidades.

La firma de consumo explica que si bien el comportamiento de las toallas ha sido bueno en los últimos meses, “la creciente tendencia del cuidado del medioambiente y la entrada al mercado de nuevos productos competidores, como lo son las copas menstruales y los pantis absorbentes, tanto de pequeñas como de grandes marcas, pueden afectar el gasto en las toallas higiénicas a futuro”.

Los pantis

Cuando el comercial de los pantis reutilizables salió en los canales de televisión nacionales muchas mujeres se empezaron a preguntar cómo funcionaban y si realmente iban a estar protegidas de mancharse durante su período menstrual. Otras celebraron en redes sociales la decisión de Nosotras de lanzar al mercado otra alternativa que, además de novedosa, aportara al medioambiente.

Nosotras, una marca que lleva 45 años en el mercado colombiano y que forma parte del Grupo Familia, comenzó hace tres años a crear el panti de la mano de la empresa sueca Essity. “Somos una marca multiestrato que entendió que hay muchas alternativas en el mercado para la cliente. Y este panti fue el que elegimos para atender a aquellas consumidoras que quieren aportarle al medioambiente y sentirse libres en el período. En lo que llevamos de investigación y pruebas hemos tenido buena aceptación”, dice Carolina Restrepo, directora de desarrollo de marca del Grupo Familia.

Los pantis reutilizables y lavables tienen una tecnología patentada llamada Tritech Perfomance, con tres capas que permiten que el interior absorba, retenga el flujo, controle los olores y sea respirable. Los calzones menstruales cuentan con refuerzo en los bordes y tienen una durabilidad de 8 a 10 horas. Se deben lavar en la ducha con agua para remover la sangre y después se pueden meter en la lavadora. Tienen una vida útil similar a la de una prenda corriente. De acuerdo con la marca, utilizar un interior Intima Wear equivale a utilizar dos toallas invisibles y funcionan para flujo leve o moderado. Los calzones salieron a la venta en la tienda virtual que dispuso la empresa. Para 2021 esperan comercializarlos en diferentes canales físicos. “Para nosotros fue un reto la plataforma digital. Estamos enfocados en impulsar un producto nuevo en una plataforma nueva”.

Por ahora Restrepo descarta que la compañía ingrese al mercado de las copas menstruales, “nos vamos a enfocar en los pantis”. Además de los interiores menstruales, la empresa, que cuenta con un portafolio que incluye toallas higiénicas, protectores diarios y jabones íntimos, está trabajando en proyectos para disminuir el consumo de materiales en los tampones. Según sus propias cifras, entre enero y septiembre de 2019 ahorraron 176 toneladas en material de empaque.

Otros emprendimientos

Somos Martina es un emprendimiento que Juliana Villegas lanzó al mercado el 8 de marzo de 2019, coincidiendo con la celebración del Día de la Mujer y que se enfoca en fabricar interiores menstruales. Para crear estos tardó dos años y medio en el desarrollo de la tela y consiguiendo los proveedores para hacerlos en Bogotá. Son hechos con algodón y cuentan con tres capas de material.

“Tienen una tecnología parecida a la ropa de ejercicio stay dry, para que las mujeres no vayan a sentir humedades. Los tenemos disponibles en tres modelos: cacheteros o descaderados para flujo leve, bóxer para flujo medio y superabsorbentes para sangrados abundantes e ideales para el posparto”, cuenta la socióloga Villegas, quien hizo su énfasis en estudios de género y un posgrado en Fashion Management, y quiso unir la moda con temas de género.

“La copa me parece un invento chévere, pero no era para mí. Hace cuatro años en Nueva York conocí los calzones menstruales y quise crear una marca colombiana, pero en ese momento todavía no estaba el boom de la menstruación sostenible. Hace dos años vi que se puso de moda la copa y dije: ‘Es el momento’”.

Respecto al lanzamiento de Nosotras, Villegas cuenta que se asustó, pero por el contrario la publicidad en medios masivos y en redes sociales de una marca tradicional hace que la gente confíe en la prenda. “La llegada me benefició, porque mucha gente en redes empezó a mostrar que ya existía mi emprendimiento y me trajo muchos clientes”. Además, Somos Martina cuenta con calzones para flujos abundantes y su precio es más económico.

El emprendimiento también busca educar a las mujeres y romper con los tabúes que aún persisten sobre el período. “A través de la cuenta de Instagram hago transmisiones en vivo con ginecólogas para resolver dudas, he hecho donaciones y la idea es generar un impacto social”. Se llama Somos Martina porque Villegas “quería un nombre de mujer, que estuviera en todos los idiomas”, así que se inspiró en Martinas que han hecho historia, como la actriz colombiana Martina García, la chilena Martina Barros Borgoña, la argentina Martina Chapanay, entre otras.

El emprendimiento exporta a España, Noruega y Reino Unido. Aunque la pandemia limitó su plan de expansión en Latinoamérica, también le ayudó a impulsar el emprendimiento. “Antes de la cuarentena muchas mujeres me escribían, pero les daba miedo mancharse en la oficina. Las mujeres encerradas se atrevieron a probarlo y las ventas se me triplicaron. Con los calzones, las mujeres tomamos conciencia del impacto que generamos con el medioambiente”.

Be Girl Latinoamérica es una iniciativa que la diseñadora industrial Diana Sierra creó en 2011, cuando viajó a Uganda para hacer proyectos con instalación de paneles solares. Durante ese tiempo, trabajando con niñas y mujeres, se dio cuenta del problema que tenían para acceder a productos sanitarios, así que hizo los primeros prototipos de toalla higiénica reutilizable para que entendieran su ciclo menstrual. En 2014, Sierra lanzó Be Girl como una empresa social.

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“El objetivo es cambiar la forma en cómo vemos la menstruación. A escala global la percibimos como algo vergonzoso. Lo que queremos es cambiar esa conversación de estigma por algo lindo para celebrar. Queremos un mundo en donde el acceso a las oportunidades sea por los méritos y no por el género”.

Entre su portafolio se encuentran panties para la menstruación, toallas lavables y copas menstruales. “Son productos para el manejo sostenible de la menstruación, porque es importante dar opciones, pues no todo el mundo maneja el cuerpo de la misma manera y las niñas deben tener la posibilidad de elegir los productos que más se adecuen a su cultura, a sus recursos y a su ambiente”, explica Sierra, cofundadora y directora de Be Girl.

Isis Tijaro es la propietaria de Agua Cup, una marca de copas menstruales que ofrece tres tipos de tallas y que está en el mercado desde 2017. La copa es un artefacto en forma de campana que se inserta en la vagina y tiene la función de recoger el sangrado menstrual durante el período. El dispositivo es reutilizable, tiene una vida útil de ocho a 10 años y son fabricadas con TPE, termoplástico medicinal, una clase de polímero de fácil uso y fabricación. Antes y después del ciclo menstrual se debe esterilizar la copa durante cinco minutos en agua caliente en un recipiente de acero inoxidable o en un vaso plegable de silicona que se puede meter al microondas. Las copas menstruales, a diferencia de los tampones, no absorben y permiten mantener regulado los fluidos.

“En Latinoamérica, la adopción de la copa es más fácil porque el mercado está mejor desarrollado. En Colombia hay protectores tipo tanga, con algodón, con muchos atributos que en otros mercados no los ves. Creo que con una buena inversión en campañas que no sólo te eduquen en el impacto ambiental, sino en la parte física sería muy provechoso”, agrega Sierra.

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Además, son económicas, pero el ahorro es a largo plazo. El precio de una copa oscila entre los $70.000 y $100.000 y el de un calzón reutilizable entre $60.000 y $100.000. En cambio, un paquete de toallas de 10 unidades puede costar entre $5.000 y se deben cambiar cada tres o cuatro horas. Durante una regla de 5 días, una mujer gastaría alrededor de 30 compresas. Es decir, al año gastaría $180.000 aproximadamente.

Tijaro dice que el mercado ofrece nuevas alternativas para absorber o recolectar la sangre menstrual como la copa, la ropa interior menstrual, el sangrado libre o las esponjas marinas. “También hay un boom en temas de ayuda humanitaria y de programas sociales en los que la menstruación está ocupando un lugar muy importante. Sin embargo, todo esto tiene dos caras. Por un lado, la reivindicación, la lucha por los derechos menstruales y que las mujeres seamos más autónomas. Por otro, la menstruación se convierte en un mecanismo de control”.

La antropóloga Isis Tijaro explica que se tiene que ver con lupa la donación de copas masivas, pues se debe hacer con ética y responsabilidad, pues no todas las mujeres tienen acceso a agua potable para esterilizarla. Por otro lado, el auge ha hecho que salgan al mercado muchas marcas que no tienen los materiales adecuados y no están reguladas por el Invima.

“Mi marca se distribuye de manera legal en Colombia. Pagamos IVA, materiales certificados y he recibido comentarios positivos de las mujeres. Desde enero estoy en una fase de pilotaje para lanzar los calzones menstruales”.

La lucha por quitarle el IVA a la copa menstrual

Con la reforma tributaria de 2016 las toallas higiénicas y tampones quedaron gravados con un IVA del 16 %. La iniciativa Menstruación Libre de Impuestos del Grupo de Género y Justicia Económica de la Red por la Justicia Tributaria logró reducir el IVA al 5 % y, finalmente, con la Sentencia C-117 se quitó el impuesto al valor agregado y los artículos se consideraron de primera necesidad. Sin embargo, la copa menstrual quedó gravada con el 19 %.

En la lucha contra del “impuesto rosa”, como se le denominó al IVA que se cobra en los productos de aseo o ropa para mujeres, el colectivo Derechos Menstruales Colombia solicitó en 2018, mediante una intervención ciudadana, la exención del impuesto a la copa menstrual.

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La Corte Constitucional dijo que al ser un “bien de lujo” no tenía por qué estar exento y que no hacía parte de la canasta básica. “En febrero de 2020 la Corte recibe otra demanda por la inconstitucional del impuesto sobre las copas menstrual. Se abrió otra ventana para que la gente participe en pro de garantizar los derechos menstruales en nuestro país y eliminar ese impuesto sexista y elitista. Esperamos una repuesta positiva”, dijo una vocera del colectivo, que se conformó en 2018 con el objetivo de crear una agenda por los derechos menstruales en Colombia.

“El impuesto profundiza las desigualdades en las niñas, mujeres y personas menstruantes, puesto que limita el acceso a productos que podrían brindar menstruaciones más dignas, saludables, sostenibles ambiental y económicamente”, explica el colectivo, que tras la demanda retomó la campaña Copa sin IVA.

Diana Sierra señala que “menstruar no es una decisión. Es un ciclo biológico. Es bastante injusto que nosotras tengamos que pagar impuestos por productos de necesidad básica. Se debe considerar el acceso a productos de menstruación como de primera necesidad, incluidas las copas. Eso ayudaría a que fueran accesibles”.

Finalmente, Tijaro dice que en el país hay avances en justicia tributaria, en educación y derechos menstruales. Sin embargo, es necesario no estigmatizar la menstruación, pues las mujeres no son las que contaminan el planeta. “Los que contaminan son las marcas que producen los artículos. Debemos analizar cuáles son las narrativas que se están instaurando en el discurso de la menstruación”.

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