Análisis

¿Cómo leer al ministro de Hacienda desde la teoría económica?

Noticias destacadas de Economía

Alberto Carrasquilla es uno de los funcionarios claves en la crisis por el COVID-19. Algunas de sus decisiones y posturas durante la pandemia han generado intensas críticas. Esta revisión de su pensamiento busca responder por qué, en últimas, el funcionario hace lo que hace.

Tanto en los gobiernos de derecha como en los de izquierda los ministros de Hacienda o Finanzas, junto con sus trayectorias, suelen encarnar los pulsos y las tensiones entre las ideas que se oponen en la economía política y que oscilan entre la ortodoxia y la heterodoxia económica.

La ortodoxia económica puede entenderse como esa tradición que es reinante en la profesión (llámese Neoclásica, Neokeynesiana, Nuevo Consenso), en donde el común denominador está en el énfasis en más mercado, equilibrio, disciplina fiscal, austeridad, privatizaciones y desregulación financiera.

Lea también: FMI advierte sobre aumento de niveles de deuda; propone reformas

Por otra parte, se puede entender la heterodoxia como todo aquello que no es parte de la corriente principal en economía, y allí entran aproximaciones poskeynesianas, regulacionistas, marxistas, feministas y demás corrientes menos comunes en la formación del economista y donde el rol del Estado tiene un mayor énfasis y se reconoce una mayor pluralidad y complejidad de los individuos que van más allá del homo-economicus.

Ejemplos de ministros de finanzas, hacienda o tesoro con una formación y una perspectiva muy ortodoxa del mundo económico pueden ser el alemán Wolfgang Schäuble, quien estuvo en ese cargo entre 2009 y 2017, y asumió la crisis de la Eurozona con un enfoque tradicional de austeridad.

Por otro lado, un ejemplo de ministro de finanzas con una visión más heterodoxa de la política económica y con una formación teórica y un ejercicio académico en la misma línea puede ser Yannis Varoufakis. Este economista estuvo en la cartera de finanzas en Grecia durante el inicio del gobierno de izquierdas del partido Syriza en 2015 y trató de renegociar la deuda griega sin éxito, intentando desafiar la ortodoxia de la Unión Europea (esto se describe muy bien en el libro ahora hecho película titulado Adults in the Room). Otro ejemplo de heterodoxia, pero ahora en Latinoamérica, es el del exministro de Economía y Finanzas de Argentina Axel Kicillof, quien en sus antecedentes académicos era un profesor de raíces keynesianas en la Universidad de Buenos Aires y en su ejercicio entre 2013 y 2015 trató de orientar sus políticas hacia la demanda interna y tuvo que sortear sin gran éxito los pleitos de la deuda pública con los denominados fondos buitre. Lección rápida de este escenario: ser un funcionario de corte heterodoxo cuando la gobernanza global es ortodoxa es un reto de muchos quilates.

Para el caso colombiano, en los últimos 30 años la gran mayoría de ministros de Hacienda han sido parte de la ortodoxia económica.

El único ministro de Hacienda y Crédito Público que ha repetido su cargo dos veces en estas dos décadas del siglo XXI es Alberto Carrasquilla, y es tal vez uno de los mayores representantes de la ortodoxia económica colombiana de la actualidad.

Vale la pena entonces dar una mirada a la visión teórica de la economía del actual ministro. Más allá de las opiniones y las polémicas mediáticas, las decisiones de este funcionario (vitales en uno de los peores momentos de la historia económica del país) responden a una formación, a un orden de ideas, que bien pueden ser obsoletas, actuales, deseables o detestables para muchos, pero al fin y al cabo se trata de ver las influencias teóricas del ministro .

Carrasquilla estudió economía en la Universidad de los Andes a finales de los años 70 del siglo XX y muy joven viajo a Estados Unidos para realizar sus estudios de maestría y doctorado.

En diciembre de 1988 concluyó su tesis doctoral titulada “Essays on the crawling-peg and stabilization policy” (“Ensayos sobre tipo de cambio deslizante -minidevaluaciones- y políticas de estabilización”) en la Universidad de Illinois, en Urbana-Champaign.

La tesis es un trabajo riguroso que analiza en profundo detalle el régimen de tipo de cambio de las minidevaluaciones, el mismo que existió en Colombia entre 1967 y 1991. Con un trabajo empírico econométrico sobre Colombia y Argentina analiza las relaciones entre el sistema cambiario, la credibilidad y la estabilidad macroeconómica.

Es un trabajo que tiene elementos tradicionales de la ortodoxia, como el uso de individuos que maximizan funciones de utilidad esperada, y referencias frecuentes a autores cercanos a la ortodoxia económica como Guillermo Calvo, Rudi Dornbusch y Sebastián Edward.

Sin embargo, la tesis tiene referencias también a reconocidos heterodoxos, como Paul Davidson y a trabajos sobre Colombia de José Antonio Ocampo. El director de la tesis doctoral de Carrasquilla fue el profesor Werner Baer, quien fue un gran estudioso de Latinoamérica y Brasil, y quien curiosamente también sería director de la tesis doctoral del expresidente ecuatoriano Rafael Correa en la misma universidad.

Podemos decir acá una primera cosa: sin lugar a duda, Baer era mucho más plural en sus posiciones de lo que es el hoy ministro de Hacienda. Y vamos más allá, pues el propio Carrasquilla de finales de los 80 era más plural: en 1989 publicó el artículo “Razón, tiempo y la noción de eternidad en economía” en la revista Lecturas de Economía, un trabajo con elementos ortodoxos, pero que reconoce los aportes de Keynes en vincular al análisis económico cuestionamientos respecto al tiempo y su subordinación al concepto de racionalidad.

Ya en los años 90, con la llegada de las políticas de un capitalismo más flexible y desregulado, que comúnmente se conocen como neoliberales, Carrasquilla se monta de lleno en el bus de la ortodoxia económica. Otros economistas de la época, incluso con raíces marxistas fuertes como Sergio Clavijo, también se consolidan como reconocidos ortodoxos en los 90. Aquí vale la pena aclarar que otros economistas uniandinos de la vieja guardia, como Alberto Muñoz, César Giraldo o Hernando Matallana, mantuvieron sólidas y coherentes posiciones heterodoxas a lo largo de su carrera.

En los años 90, Carrasquilla, desde el Banco de la República y Fedesarrollo, va moviéndose hacia el espectro más ortodoxo de su formación. En 1993, en un trabajo titulado “Precios controlados: consideraciones generales y evolución reciente” concluye en una posición mucho más pro mercado la conveniencia de la reducción de los subsidios implícitos en los sistemas de precios controlados, como el caso de los servicios públicos.

Lea también: Medidas radicales para tiempos impensables

En 1995, en un artículo denominado “Dinero y activos financieros”, argumenta que hay que “destacar la importancia de la austeridad fiscal y la reducción de la inflación como elementos fundamentales para elevar la tasa de ahorro privado real”. Y, adicionalmente, insiste en la profundización del mercado de capitales, en el que, años después, participaría. Elementos como normas tributarias convenientes que reduzcan la incertidumbre también son explícitos en este documento.

En el año 2000, junto con Alberto Alesina (de Harvard) y Roberto Steiner escriben un documento titulado “The Central Bank in Colombia”, en el que se hace una insistencia en la necesidad de que el mandato supremo del Banco de la República debe ser el control de la inflación por encima de cualquier otra preocupación, y más en un momento en el que la Corte Constitucional cuestionó la obsesión por la inflación del Banco Central. No hay que olvidar que, si bien la inflación tiene sus dinámicas problemáticas, un control obsesivo de la misma ha tenido efectos sobre el crecimiento y al final ha beneficiado a los tenedores de rentas financieras: de ahí que un banco central ortodoxo, como lo habían sido hasta antes de la pandemia la mayoría en el mundo, ha beneficiado al top 1 %, como bien lo señala el nobel de Economía Joseph Stiglitz.

No hay que olvidar que una de las grandes críticas al manejo económico de la pandemia es la devoción, casi fanática, a mantener en línea la inflación por encima de otras acciones como una mayor ola de inversión pública para salvar empresas y puestos de trabajo.

La visión sobre austeridad también se siente profundamente en la negación sistemática a tener una renta básica universal, que bien podría ayudar a sobreaguar a miles de familias la crisis actual (y la recuperación venidera, que no estará exenta de dificultades ni dramas de gran calado).

El Carrasquilla del siglo XXI, por sus dedicaciones al Ministerio y cargos e intereses en empresas financieras, disminuyó su ritmo de publicaciones académicas, pero sus decisiones como ministro en materia tributaria, privatizaciones, reformas y flexibilización evidencian su consolidación en los años 90 como uno de los economistas ortodoxos pura sangre.

En 2009, cuando ya no era ministro, afirmó que “el salario mínimo en Colombia es ridículamente alto”, frase casi que de cajón en la ortodoxia local, donde se analiza el mercado laboral como si el trabajo fuera cualquier otro bien. Al final, este tipo de afirmaciones son una expresión de su forma de ver el mundo, en la que los precios son la principal variable de ajuste y de ahí la insistencia en la flexibilidad en cada reforma.

En resumen, la visión económica de Carrasquilla se puede situar en tres etapas. Una de formación con bases teóricas amplias y fundamentos empíricos sólidos, en la que hay conocimiento de teorías ortodoxas y heterodoxas, y que llega hasta antes de 1990. Un segundo momento, con mayor énfasis en la teoría ortodoxa influenciado por el boom del consenso de Washington y la liberalización en los años 90, en donde a su paso por el Banco de la República, el BID y Fedesarrollo plasma en sus escritos una mayor inclinación por las teorías dominantes asociadas con desregulación, privatización y un banco central ortodoxo, entre otras posiciones.

Finalmente, una tercera etapa en el siglo XXI, en la que la producción académica es mucho menor, pero en sus acciones como ministro de Hacienda e inversionista impulsa y defiende de manera radical posiciones muy ortodoxas como privatizaciones, flexibilización de salario mínimo y austeridad. Estas posturas claramente son consistentes y convenientes con su rol de asesor e inversionista financiero, que ha ocupado cuando no ha sido ministro en estas dos décadas. Y esto también es consistente con este hecho: al final, los mayores defensores de la ortodoxia han sido los más cercanos al top 0,1 % de los colombianos con mayores ingresos.

* Profesor de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional de Colombia.

Comparte en redes: