Compras chinas generan rechazo global antes de cumbre del G20

Utilizar la expresión “Yankees go home” (estadounidenses váyanse a casa) es algo del pasado. Ahora se pide a los chinos irse a su país.

Desde el bloqueo de Australia de un intento de adquisición de una red de energía hasta la revisión del Reino Unido de una planta nuclear propuesta financiada por chinos, la oposición a la campaña de China para expandirse fuera de sus fronteras está dando lugar a un frente más espinoso y potencialmente también más insidioso en el forcejeo económico del país con el resto del mundo, todo esto ahora que China se prepara para ser sede de la cumbre de líderes del G-20 que tendrá lugar del 4 al 5 de septiembre.

A diferencia de fricciones agravantes con respecto al comercio, el nuevo frente es un área -inversión- en la que las reglas globales de juego son más amorfas y en la que los intereses nacionales de seguridad son más prominentes. Esto eleva el riesgo de una rápida intensificación de tensiones, las cuales no son fáciles de contener.

“La acusación implícita al momento de rechazar inversión directa en el extranjero es mucho más fuerte que en el caso del comercio”, dijo James Laurenceson, subdirector del Instituto de Relaciones entre Australia y China de la Universidad Tecnológica de Sídney. El uso de un razonamiento basado en seguridad nacional para impedir que China pueda hacer inversiones en el extranjero “es mucho más contencioso. Esto sugiere que China es poco fiable y que tiene intenciones potencialmente infames. A esto es a lo que se opone Pekín”.

Puertas cerradas

China “sigue siendo la nación menos abierta a inversión extranjera entre los países del G-20” expresó en un e-mail David Dollar, profesor emérito de la Brookings Institution en Washington y ex agregado del Tesoro de Estados Unidos en Pekín. “Esto crea una situación de desigualdad en la cual las firmas chinas prosperan protegidas por muros proteccionistas y se expanden a mercados más abiertos como el de Estados Unidos”

Dichas fricciones probablemente serán expuestas en la próxima cumbre del G-20 en Hangzhou, China. En lo que puede constituir un esfuerzo para disipar criticismos en el encuentro, China dijo el pasado martes que abrirá más sus fronteras económicas a inversionistas del extranjero.

Reacción ‘sin precedentes’

No son nuevas las tensiones basadas en argumentos de seguridad nacional con respecto a las adquisiciones chinas. Lo que es diferente esta vez es lo generalizada que es la oposición, incluyendo países como Australia y el Reino Unido, los cuales han sido tradicionalmente más empáticos con China.

“Estamos viendo un nivel sin precedentes de reacciones políticas negativas globalmente en contra de inversiones chinas y particularmente adquisiciones chinas”, dijo Thilo Hanemann, economista del grupo Rhodium de Nueva York, el cual rastrea flujos de capital a nivel mundial.

Las tensiones por los altos niveles de compras chinas se están dando en un contexto de una reevaluación más amplia de la relación entre las economías occidentales y esta potencia global emergente, recalcadas por, más no exclusivas de, el candidato presidencial republicano Donald Trump. En Europa “hay un creciente sentido de realismo de que China no se está desarrollando de la manera que muchos esperaban tan sólo hace una década, avanzando en la dirección de una economía de mercado liberal y acogiendo una apertura política”, según Jan Gaspers del Mercator Institute for China Studies de Berlín.

La inversión extranjera directa de China aumentó 62 por ciento en los siete primeros meses de este año a US$102.750 millones, de acuerdo con el Ministerio de Comercio de China. Gran parte de la inversión en el 2016 fue canalizada a Estados Unidos, que tradicionalmente no ha sido un gran receptor de efectivo proveniente de China. En lo que va del año, los flujos entrantes sumaron más de US$35.000 millones, casi el doble de la cifra vista en todo el 2015, de acuerdo a cifras recopiladas por Derek Scissors, académico del American Enterprise Institute en Washington, quien estudia la economía china.

Alemania también está experimentando un gran incremento en inversión china este año, la cual ascendió a US$5.600 millones de US$620 millones en el 2015, de acuerdo con los datos de Scissors. Esto está complicando los vínculos tradicionalmente cómodos entre las potencias económicas.

La canciller alemana Angela Merkel hizo un llamado a los líderes chinos para asegurar reglas “confiables y transparentes” y un marco de igualdad de condiciones para inversionistas extranjeros durante una visita a la nación asiática durante la cual se firmaron acuerdos comerciales por 2.700 millones de euros (US$3.000 millones).

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