Construir como un villano de James Bond

Peter Thiel, el empresario e inversionista estadounidense de 46 años, quiere crear una nación cuasi soberana que flote en aguas internacionales. Ese sería el punto de partida de una nueva industria de propiedad especializada basada en la construcción de islas de lujo.

Peter Thiel, empresario e inversionista estadounidense de 46 años./AFP

Hasta no hace mucho tiempo, el comprar una isla privada y encerrarse en ella era suficiente para entrar a la liga extraordinaria de villanos de James Bond, pero este ya no es el caso. Hay demasiados multimillonarios y demasiadas islas privadas.

Hoy, las ambiciones deben ser más atrevidas si han de tener un impacto, en especial para el 1% más adinerado del 1% más adinerado. Los multimillonarios que valgan su nombre buscan realizar conceptos más fantásticos de finca raíz, que habrían desafiado a la imaginación de Ian Fleming, como bases secretas dentro de volcanes, colonias espaciales y miniestados soberanos.

Un ejemplo es Peter Thiel, el empresario e inversionista estadounidense de 46 años, amante de la libertad. El portafolio mundano del multimillonario incluye mansiones rudimentarias en Los Ángeles y Hawai, pero sus planes más ambiciosos son en el mar: quiere construir islas privadas flotantes a partir de la nada.

El objetivo real de esto, que es inspirado en Karl Stromberg, el villano de la película de 1977 La espía que me amó, que tenía un gusto por crear nuevas civilizaciones bajo el mar, es crear una nación cuasi soberana que flote en aguas internacionales. No será, por supuesto, sólo la isla de Thiel (él es un inversionista), pero si es un éxito es probable que sea el punto de partida para una nueva industria de propiedad especializada: la construcción de islas de lujo.

Ahora veamos las ambiciones de Elon Musk, de 42 años, a quien fácilmente podemos describir como el Hugo Drax moderno, que es el villano de barba de la clásica película de Roger Moore 007: misión espacial (1979). Fuera de las mansiones en Bel Air, el último trabajo de Musk es hallar la manera de colonizar a Marte, a través de la construcción de cohetes por parte de su compañía, SpaceX.

Bueno, no es algo muy siniestro. Musk dice que sus proyectos están motivados por un deseo de acelerar el progreso de la especie humana. Era algo que también afirmaba Drax.

En Silicon Valley, Larry Page, de 41 años, reveló en un discurso de 2013 que quiere “aislar a una pequeña parte del mundo” para hacer una especie de isla de experimentación para Google “donde podemos probar nueva tecnología y entender sus efectos sobre la sociedad”.

Con su ambiente universitario, la sede corporativa de Google en Mountain View, California, ya se asemeja a un pequeño feudo del que Google es el maestro soberano.

Pero no es sólo en la liga de los multimillonarios que las cosas son cada vez más excéntricas. En Londres, los penthouses y las casas de campo que convencionalmente han atraído el gran dinero de la finca raíz están perdiendo. Cualquiera que sea alguien en la capital está cavando, en lo que podría considerarse como un homenaje a la ciudad subterránea del Lex Luthor que actuó Gene Hackman en Supermán.

La extraña naturaleza de la excavación no se detiene allí. A principios de este mes el New Statesman informó que cavar es ahora más popular que nunca. Es más económico dejar la retroexcavadora que construyó la guarida encerrada dentro de una pared que volver a llevarla a la superficie. Como decía el artículo: “Es preferible invertir el tiempo y el dinero que cuesta rescatar una retroexcavadora, en pasar al siguiente gran negocio”.

Esto genera la pregunta: si no es suficiente la propiedad tal como la hemos conocido siempre, ¿qué podemos esperar en el futuro?

Lo que sigue es una predicción personal basada en el supuesto de que durante los próximos años la inequidad de la riqueza sólo empeorará antes que mejorar. Es más, que no se hará nada para redistribuirla, a causa de la creencia optimista de que a medida que los ricos se hagan más ricos, su riqueza caerá hacia estratos más bajos gracias a los mecanismos de la economía.

A causa sólo de esto se ha vuelto cada vez más probable que, en un futuro no muy distante, si usted no está en la élite, probablemente termine siendo un sirviente de la élite, de una u otra manera. Si no, entonces estará en una posición en la que su sustento estará directamente ligado a la existencia y manutención de esta élite.

El que esta situación pueda describirse como el regreso al vasallaje o tan sólo una versión light del feudalismo, es debatible. Aún así, me hace pensar en la teoría de la anaciclosis, que surgió en la antigua Grecia. Es la idea de que los sistemas políticos nunca son tan permanentes como nos gustaría pensar y que tienden a moverse fluidamente de fases más benignas a estados malignos. Su enfoque son los cambios de la monarquía a la tiranía, de la aristocracia a la oligarquía y de la democracia a la oclocracia. Cada transición trae consigo un movimiento cíclico del gobierno de los muchos al gobierno de unos pocos, o al gobierno de uno solo.

Es otra forma de decir que entre más extravagantes y atrevidas sean las aspiraciones de propiedad de los multimillonarios, y entre más gente necesiten estas propiedades para servirles, es más probable que estemos presenciando el inicio de una nueva clase monárquica.

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