¿Qué cultivos pasaron el año y cuáles se rajaron en 2016?

El arroz fue el cultivo estrella. El algodón, en contraste, no sólo peligra, sino que su gremio asegura no poder aprovechar las ayudas del Gobierno.

/ Cortesía PNUD

Por el cierre del año, el Ministerio de Agricultura entregó el balance de su mayor apuesta, el plan Colombia Siembra, anunciado en octubre de 2015. La principal meta que se trazó la cartera fue la siembra de un millón de hectáreas nuevas a 2018, a través de un armazón de estrategias que incluye asistencia técnica, acceso a crédito, planificación, entre otros elementos.

En 2016, según el reporte de la cartera, hubo un aumento de la superficie agrícola en 232.303 hectáreas, frente a 194.363 del año pasado. Así las cosas, el ministerio de Aurelio Iragorri ha cumplido el objetivo en un 42,6 %, tras año y medio del lanzamiento de la estrategia.

Entre los cultivos más representativos en este crecimiento están el arroz, con 112.192 hectáreas; el maíz, con 40.000 hectáreas; la palma de aceite, con 22.000 hectáreas; los frutales, con 19.485 hectáreas; los forestales, con 13.000 hectáreas, y el cacao, con 10.176. La soya era uno de los productos priorizados desde un inicio. Sin embargo, no figura entre los destacados en el análisis del Gobierno, basado en datos del DANE y los gremios.

De la lista, el arroz sin duda fue el protagonista. A pesar de crisis como el desplome del puente sobre el río Charte, que amenazó el transporte de la cosecha del departamento de Casanare, y el alza en las tarifas del agua, por cuenta de la normatividad que entró en vigencia, este sector alcanzó cifras récord durante este año.

Como quedó claro luego del Encuentro Nacional de Presidentes de Comités de Arroceros de Fedearroz, en noviembre pasado, el país puede pensar finalmente en llegar a autoabastecerse del cereal e incluso exportarlo. El cultivo cerrará este año con alrededor de 15 % menos importaciones, cerca de 2,9 millones de toneladas de producción, 540.000 hectáreas sembradas, y fortalecido con infraestructura como una planta de secamiento instalada en Valledupar, con una inversión cercana a $11.800 millones. La planta “es una demostración de que, construyendo de la mano gremio y Gobierno, los agricultores podemos avanzar hacia la competitividad que se traducirá en beneficio para millones de compatriotas”, expresó Rafael Hernández, gerente de Fedearroz en la inauguración que se llevó a cabo hace dos semanas.

Una “revelación” en el listado es el cacao, un sector que en el período entre 2014 y 2016 ha tenido un crecimiento del 16 % en área sembrada y 17 % en producción, datos que, en concepto de la cartera agropecuaria, han superado el promedio de la última década, en la que el crecimiento fue de 8 % en área sembrada y 5 % en producción.

En contraste, un cultivo, al igual que el arroz, de ciclo corto que está lejos de figurar en los destacados es el algodón. Se trata de un sector que en los últimos meses ha advertido sobre el riesgo que corre de desaparecer. El gremio Conalgodón pidió que se prorrogaran los beneficios de un Conpes que en 2005, a través de un precio mínimo de garantía, contuvo a los productores frente al desmonte de los aranceles de importación que ocurrió entonces.

El Gobierno accedió a proteger la cosecha de principios de 2016 con ese precio mínimo de garantía. Sin embargo, no sólo no accedió a ampliar el período de vigencia del beneficio, sino que no se ahorró las críticas a la estrategia planteada hace más de diez años.

En el último Congreso Cafetero -que por demás se resaltó como una confirmación de la unidad del gremio-, el ministro Iragorri se refirió al proyecto de ley que fue radicado en el Congreso de la República y que busca modificar el sistema de subsidios en el país. Aseguró que la iniciativa legislativa no pretende acabar con esos auxilios del Estado, sino impedir que se repitan situaciones como la de los algodoneros, que por diez años recibieron ayudas en los precios. “El programa empezó con 100.000 hectáreas sembradas y terminó con 10.000”, dijo Iragorri.

Así lo confirmó César Pardo, presidente de Conalgodón, en diálogo con este diario. Según él, el desplome, de 30.000 hectáreas que se contaban en 2013 a las menos de 10.000 que se contabilizan hoy, se ha debido al aumento en los costos de producción, por un lado, y al desmonte de los beneficios del Conpes de 2005. No obstante, resalta los niveles de productividad del país, que está en 850 kilogramos por hectárea, por encima del promedio mundial de 750 kilos por hectárea.

Asimismo, el dirigente gremial aseguró que la cosecha de 2017 en la Costa será cubierta con recursos del fondo de estabilización de precios del sector, para que el golpe del fin del precio mínimo de garantía no sea tan abrupto. “De aquí en adelante todo el tema para asegurar el precio (al productor) tiene que ser a través de un programa de coberturas”, dijo Pardo. Se trataría de una estrategia a través de la cual se podrían sembrar entre 6.000 y 7.000 hectáreas nuevas, con el apoyo del Gobierno por unos $5.000 millones, que está en conversaciones con el Ministerio.

El plan Colombia Siembra, de acuerdo con el gremio algodonero, no ha podido ser aprovechado, debido a la incertidumbre de si el cultivo desaparecerá en el país. Es una especie de círculo vicioso. “Los agricultores no pueden involucrarse con apoyos en compra de maquinaria o de riego si no tienen la seguridad de que el cultivo continuará”, agregó César Pardo. Y remató advirtiendo que el buen momento que están viviendo el arroz y el maíz –cultivos de ciclo corto– también está siendo un aliciente para que los pocos algodoneros que quedan se “conviertan” a otra actividad agrícola.