De botellas a camisetas

La fabricante de fibras sintéticas e hilos con alta ingeniería reutiliza diariamente un millón de envases pet para su producción. Para diciembre esta cifra aumentaría a tres millones, gracias a su inversión de US$30 millones en maquinaria.

El proceso de transformación de una botella a una fibra sintética tardaría aproximadamente dos horas, si el proceso fuera continuo. / Luis Benavides
El proceso de transformación de una botella a una fibra sintética tardaría aproximadamente dos horas, si el proceso fuera continuo. / Luis Benavides

“Hace 20 minutos esto era una botella”, dice Pablo Marín, jefe de producción de la empresa Enka Colombia, mientras recoge las diminutas partículas de un material que pronto se convertirá en una camiseta deportiva o en un relleno de almohada.

Hace cuatro años, en la fábrica de la organización ubicada en Girardota (Antioquia), se inició la implementación de este proceso que permite transformar el plástico pet, en su mayoría utilizado para envases de gaseosas y jugos, en fibras sintéticas para la elaboración de textiles, respondiendo a las necesidades de innovación de una industria que busca con perseverancia el valor agregado en su producción.

Todo comienza con la llegada a la planta de cientos de botellas comprimidas en cubos, los cuales construyen altas murallas que permanecen al aire libre por períodos de hasta tres meses. Luego entran a la primera etapa del proceso para dejar de ser basura y así son separados por enormes molinos que los sacuden con fuerza para enviarlos a través de una banda transportadora, donde algunos operarios con visión aguda están entrenados para sacar del camino lo que no sea de pet.

“Los recipientes vienen de centros de acopio que tenemos en 22 departamentos, allí se clasifica todo lo que nuestra red de recicladores entrega, pero en el proceso hay otros momentos para separar lo que nos sirve de lo que no”, explica Álvaro Hincapié, presidente de Enka.

Luego de la clasificación del material, éste pasa por un lavado antes de picarse en escamas, es decir, en pequeños trozos plásticos mezclados con lo que queda de las etiquetas. “Para lo que buscamos es necesario que el pet se aparte del resto de los residuos, entonces lo pasamos a un contenedor con agua donde el plástico se hunde y las etiquetas flotan”, cuenta Marín.

Después el material se funde para convertirse en delgados tubos blancos (color que da el titanio), los cuales se cortan en pequeñas piezas. Éstas se funden de nuevo para pasar por canales diseñados en formas de hilo y, de allí, resultan largos mechones, que según los requerimientos de los clientes, adquieren texturas rizadas y determinados cortes.

Hincapié encuentra una belleza particular en la transformación del material, señalando las prendas que resultan de sus fibras y las confecciones de Fabricato. “¡Mire qué hermosura! Hace algún tiempo nadie se imaginaba que íbamos a llegar a esto, ahora equipos de fútbol como Barcelona y la selección de Brasil portan camisetas elaboradas con tecnologías similares a la nuestra”.

Explica que con el uso de esta maquinaria se ahorra un 92% de energía, antes requerida para la extracción del petróleo, la elaboración de sus derivados y la realización de materias primas para textiles. “La energía que ahorramos hoy, sumada a la que vamos a ahorrar con la llegada de una máquina para el tratamiento del pet (para hacer nuevas botellas), que nos significó una inversión de US$30 millones, equivaldrá a tener una ciudad como Armenia apagada. Para diciembre reciclaremos 3 millones de botellas diarias”, dice.

La planta de Enka tiene la capacidad de procesar 1 millón de botellas diarias, y para Juan Felipe Ortiz, jefe de pet y plástico de la Fundación Codesarrollo, dedicada a la recuperación del material, “el impacto ambiental de la producción de la empresa es muy valioso. Nosotros reciclamos alrededor de 3.600 toneladas anuales y el 50% lo vendemos a la organización. Son unos de los mayores recuperadores en un mercado que genera 92 mil toneladas anuales”.

Por su parte, Carlos Eduardo Botero, presidente ejecutivo de Inexmoda, resalta la tendencia naciente en el sector textil de utilizar procesos amigables con el medio ambiente. “Esto es bastante fuerte en Estados Unidos y Europa, y ya lo estamos empezando a evidenciar en nuestro país. Las nuevas generaciones están cada vez más preocupadas por consumir productos como el algodón orgánico y prendas con acabados que no requieren tanto consumo de agua”. Además, afirma que Enka ha entendido la importancia de aliarse con un textilero para transformar el hilo (Fabricato) y con los confeccionistas para desarrollar la tela. “Para esto han hecho inversiones importantes y los empresarios del sector deben hacer un esfuerzo para ir en esa dirección”.

Esta empresa, que tiene un enfoque en innovación a través de la alta ingeniería, cuenta con diferentes líneas de negocio, entre ellas filamentos, fibras, resinas e hilos industriales (la última para la producción de redes de pesca y lona para llantas). Además, cuenta con una facturación anual de $300 mil millones y exporta a 20 países, “desde Estados Unidos a Argentina, y 12 de ellos en Europa”, menciona Hincapié, quien puntualiza que “una empresa sin innovación muere de inanición”.

 

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Laura Villamil Barrera

Economía

De botellas a camisetas

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