De la imaginación a lo real

El proyecto se desarrolla en Buenaventura con una metodología del Instituto Tecnológico de Massachusetts. La idea es que los jóvenes se empoderen de la tecnología y la pongan al servicio de la comunidad. Que ejerzan un liderazgo positivo.

Uramba Maker Lab es un espacio para que los jóvenes se empoderen de la tecnología y la utilicen como vehículo para crear  otras  realidades. / Cortesía
Uramba Maker Lab es un espacio para que los jóvenes se empoderen de la tecnología y la utilicen como vehículo para crear otras realidades. / Cortesía

Jóvenes entre los 14 y los 20 años que juegan con piezas de lego, dibujan en los computadores, toman fotografías y unos más con guitarra en mano, haciendo sonar los tambores, la marimba de chonta y las flautas, fue el escenario en el que se inauguró Uramba Maker Lab, un laboratorio digital ubicado en la sede de la Fundación Escuela Taller en Buenaventura.

Para muchos de nosotros, estas herramientas pueden parecer algo común. Pero en entornos donde la violencia, la precariedad y la falta de oportunidades son los protagonistas, se convierten en agentes de cambio, de expresión y un vehículo –si es bien manejado– fundamental en la construcción de un mejor país. “Más justo, equitativo, forjado en valores y con un propósito común de generar bienestar y crear entornos sostenibles”, señala Freddy Naranjo, decano de la Universidad Autónoma de Occidente, de Cali.

Ese es el objetivo del Uramba Maker Lab. Un proyecto que combina dos modelos pedagógicos: el Clubhouse y el Fab Lab. El primero nació hace 23 años en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y consiste en adecuar espacios con herramientas digitales que promuevan la creatividad para que los jóvenes puedan diseñar un proyecto de vida. El concepto se ejecutó en zonas marginadas de Boston.

“Aquí no hay clases ni profesores. La idea es que los jóvenes exploren, se expresen y descubran qué los mueve. Y así, generar un espacio de aprendizaje potente”, explica Gail Breslow, directora del Clubhouse del Museo de Ciencia. Este concepto está en 20 países con más de 100 laboratorios.

Fab Lab, el otro modelo, consiste en ambientar un lugar con máquinas de diseño e impresoras para que todo lo que se imagina llegue a la realidad. En el mundo, cada modelo lo ejecutan por separado. Uramba Maker Lab es el primer laboratorio en fusionarlo. “Queremos tener en un solo lugar a los creativos y realizadores. Innovar, crear programas científicos que se puedan incubar y después exportarlo. Queremos que en Buenaventura se cree tecnología”, resalta Andrés Ramírez, gerente de la Fundación de la Sociedad Portuaria de Buenaventura.

El laboratorio reunirá a más de 200 personas para que, además de empoderarse de la tecnología, puedan aprender a trabajar en equipo, desarrollar habilidades de negociación y formarse en valores. Esto con el objetivo de que “puedan transformar los entornos en los que se desempeñan, cuidar el medio ambiente y escribir nuevas historias. Los ponemos a pensar en temas que no habían imaginado”, recalca José Yesid Ome, director de la Fundación Escuela Taller.

Esta experiencia la vivió Carlos Rueda, quien asistió durante cuatro años al Fab Lab de Cali. Trabaja en temas de robótica y es uno de los mentores que apoyarán el proyecto. “Cuando terminaba las clases me iba a experimentar y me enamoré de la robótica”. El modelo del Clubhouse es un programa probado que ha generado un impacto en la educación a nivel mundial. “Los jóvenes estudiaron carreras relacionadas con la tecnología y abandonaron caminos poco sanos”, señala Gail Breslow, del Museo de Ciencia.

Uramba Maker Lab es el resultado de un trabajo colectivo entre la fundación Escuela Taller, la Sociedad Portuaria de Buenaventura, la Universidad Autónoma de Occidente y el Fab Lab de Cali. “Sector privado, público, academia y fundaciones son una demostración contundente de lo que debe ser la transformación sostenible en Colombia. Un liderazgo consciente que trasciende en el tiempo”, explica Iliana Páez, directora del Centro de Liderazgo de la Universidad Externado.

La ruta está trazada. Ahora los jóvenes tienen en sus manos la oportunidad de ser libres, de crear, de proponer. “Estoy muy emocionado. Tenemos un espacio en el que podemos fortalecer nuestras competencias. Hay música, tecnología, un estudio de fotografía… Estoy seguro de que de aquí vamos a sacar grandes talentos. Nos vamos a expandir por toda Colombia y los tiempos de violencia y sin oportunidades serán cosa del pasado”, puntualiza Walter Rojas, un joven de Buenaventura.

 

 

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