Del peso del oro al peso de papel

La historia de cómo la moneda colombiana se ha transformado a lo largo de los siglos, no sólo en sus imágenes, sino también en los momentos más críticos de la economía del país.

Primer papel moneda en Colombia: un real de 1813.

 Por el tesoro de El Mesuno, encontrado el 22 de agosto de 1936 por buscadores de guacas en un islote de Honda (Tolima), se conocen las primeras monedas de oro que circularon en Colombia. Hallaron dos mil y se cree que el barco que iba con la carga para el rey de España naufragó cuando navegaba el río Magdalena. “Las descubrió un niño que vio brillar el dorado en el agua”, dice la historiadora Angelina Araújo Vélez. “Fueron los pescadores”, cuenta Sigrid Castañeda Galeano, de la Unidad de Artes y Otras Colecciones del Banco de la República. En todo caso, son monedas macuquinas. Las que el Emisor compró y que hoy están exhibidas en la Casa de Moneda de la calle 11 Nº 4-93, en el centro histórico de Bogotá.

No son redondas y valen por lo que pesan. De una lámina de oro las recortaban con tijeras y las acuñaban de un martillazo en la misma casa que existe desde 1621. Por un lado tienen la cruz de Jerusalén y por el otro el escudo de los reyes españoles. Como no circulaban en las colonias indígenas donde estaban las minas de oro, pues estas comunidades conservaban su forma de sobrevivencia a través del trueque, los imperfectos medallones se prestaban para que entre criollos y españoles se robaran por pedazos el oro de cada moneda.

Por eso, en el siglo XVIII hay cambio de reyes y de diseño de monedas: llega al trono Felipe V e implanta la moneda de cordoncillo, que es más redonda y con bordes de rayas. Por primera vez aparece la efigie del rey de España y continúa el escudo de los borbones. Ya para esa época, con máquinas traídas de Europa ubicadas en la misma casa, que hoy tiene hasta el techo blindado, acuñan los escudos (monedas de oro) y los reales (monedas de plata).

Mientras Castañeda señala una mole de hierro para moldear el oro, la misma que cargaban en hombros los esclavos de África, cuenta sobre la primera crisis económica de la Nueva Granada: se acaban el oro y la plata, empieza a surgir el movimiento independentista, España sigue endeudada con los alemanes, y los indígenas se empiezan a morir por la epidemia de la viruela. De ahí que los borbones opten por comprar negros africanos.

En este momento de la historia, siglo XVIII, surge la posibilidad de los billetes y también aparecen las monedas de cobre. Sin embargo, nada los respalda, sólo son símbolos que apoyan la causa independentista. “La imagen del rey de España cambia y aparece una india que es la representación de América quitándose las cadenas”, señala Araújo.

La puja de los independentistas duró hasta 1819, y para financiar los combates con los españoles, fabricaban a escondidas monedas de cobre y billetes. “La gente los respaldaba hasta con vacas”, comenta Castañeda. Luego viene la influencia neoclásica francesa y copian las imágenes de diosas griegas y romanas y se involucran en la iconografía de las monedas. Se instituye la imagen de la Mariana francesa, que significa libertad, y por primera vez la figura de un escudo nacional.

Aunque la moneda de papel empieza a llegar al país a principios del siglo XIX, se puede decir que durante los períodos de la Colonia y la República siguieron imperando las monedas de oro y plata, porque la gente no concebía que un papel fuera a reemplazar el dorado.

A grandes rasgos, el primer billete que existió en Colombia fue hacia 1803, pero ese es el año de crisis de los metales, por lo que los independentistas clandestinamente hacen monedas de cobre con valores simbólicos para respaldar la guerra con los españoles. Es una lucha hasta 1819.

Es una época de mucha confusión. Relatan las historiadoras, que a mediados de ese siglo empieza el proceso de modernización del país y la crisis económica continúa por cuenta de la imposición de la estructura administrativa. “Hay once intentos de Constitución, y para la mitad del siglo XIX una crisis tan grande que se da la posibilidad de crear bancos privados que emiten billetes”. Esto dispara la inflación del país y lleva al Gobierno a cerrar dichas entidades financieras, comprar el oro y fundar el Banco de la República en 1923.

Pero las crisis no paran ahí. Finalizando el siglo XIX empieza la Guerra de los Mil Días entre liberales y conservadores, la cual acaba con la economía del país. “Ya ni siquiera hay dinero para mandar a hacer los billetes al exterior”, relata Sigrid. Lo que aparecen son billetes con papeles de cuaderno de diferentes regiones y a la gente la obligan a entregar sus bienes a cambio de recibir este respaldo.

De ahí viene otra crisis monetaria entre la primera y la segunda guerra mundial. Se hace tan difícil recomponer lo que dejó la Guerra de los Mil Días, que en un momento fue necesario partir los billetes porque ni siquiera había posibilidad de acuñar monedas. Por eso circularon monedas de 50 centavos.

Hasta 1953 los ciudadanos pueden cambiar sus billetes por oro en el Banco de la República, explica Sigrid Castañeda. Sin embargo, la palabra “pesos oro” en los billetes siguió apareciendo hasta los noventa, pues las reservas del Banco ya no sólo son en metal precioso, sino también en divisas internacionales. Además, la política monetaria se empieza a regir por el Producto Interno Bruto (PIB).

Aunque en 1979 surge la nueva familia de billetes del Banco, la cual empieza a definir los diseños, la década de los noventa es clave porque por primera vez aparece una mujer representando a una indígena embera en el billete de $10.000. “Ahí se decide quitar la idea del prócer de la patria, porque hay otros hombres, investigadores, artistas, escritores que merecen reconocimiento. El parámetro general es que hayan fallecido”, reitera la historiadora de la Casa de Moneda.

Se hace el gran cambio de billetes en esa década y aparecen Policarpa Salavarrieta, José Asunción Silva, Julio Garavito, Francisco de Paula Santander, Jorge Eliécer Gaitán y Jorge Isaacs.

La historiadora Angelina Araújo, hasta 2014 directora de la Casa de Moneda, explica cómo en los últimos 20 años la familia de monedas mutó de políticos a símbolos de país. “Por ejemplo, la de $200 tiene un grabado indígena de las culturas precolombinas y la de $500 es la primera bimetálica que representa el árbol de Guacarí, Valle. Allá, los habitantes, tras la muerte de un samán gigante que posaba en la plaza principal, decidieron sacarlo de raíz y hacerle un entierro. Significa mucho para la gente, y el Banco le dio ese valor”.

Hoy, aunque las monedas siguen siendo contantes y sonantes, ya no son de oro, ni están respaldadas sólo por el metal. Están hechas en cobre, aluminio y níquel, y se fabrican en Ibagué. Los billetes, aunque se imprimen en la central del Banco de la República, sus plantillas se hacen en Estados Unidos.

El próximo 31 de marzo se presentará el primer ejemplar del billete de $100.000. La cara será, como en la época de Simón Bolívar, de nuevo un expresidente: Carlos Lleras Restrepo. No obstante, esta vez fue por orden del Congreso de la República, a través de la Ley 1167 de 2007. Mientras que el reverso tendrá el valle de Cocora, en Quindío, y la palma de cera como árbol nacional.

Por ahora, lo que muchos se preguntan es por qué aún no figuran en los billetes los grandes custodios de la hacienda pública en Colombia como Esteban Jaramillo, o, por qué no, la virgen de Chiquinquirá, quien durante la guerra contra los españoles, dice la historia, fue despojada de sus joyas, tras dejarle un escrito: La virgen de Chiquinquirá dona sus pertenencias a la causa independentista.

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