Para mayo, el indicador se ubicó en 21,4 %

Desempleo en medio de la pandemia: ¿ya pasó lo peor?

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La economía pareciera mostrar señales de reactivación frente a las cifras registradas en abril. Sin embargo, como en otros asuntos, los renglones más vulnerables de la población llevan la peor parte en el desplome de la ocupación en el país. Análisis.

En mayo de 2020 en Colombia se perdieron 4,9 millones puestos de trabajo en comparación con el mismo mes del año pasado, informó este martes el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). La cifra registrada en abril pasado había sido de 5,4 millones. Esta diferencia, para Juan Daniel Oviedo, director de la entidad, es muestra del efecto de la reapertura de los sectores económicos que se ha venido haciendo paulatinamente en medio de la pandemia por el nuevo coronavirus.

Para mayo de este año se registraron 17,2 millones de personas ocupadas, frente a los 22,1 millones contabilizados en el mismo mes de 2019.

En mayo de 2020, el DANE aseguró que había 4,7 millones de desempleados, dos millones más si se compara con mayo del año pasado.

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La tasa de desempleo para mayo se ubicó en 21,4 % (en mayo de 2019 fue de 10,5 %) y refleja principalmente los efectos de la crisis y las medidas de aislamiento derivadas de la expansión del COVID-19 en Colombia y el mundo.

Si bien la cifra de desempleo es el máximo histórico para mayo, las cifras del mes permiten observar una leve recuperación frente al desplome del empleo que se vio en abril, el mes con más días de medidas de aislamiento e inactividad económica (27, en los cálculos más optimistas).

De acuerdo con los cálculos del DANE, entre abril y mayo, 500 mil personas recuperaron el empleo. “No son los mismos, sino que esas son las tendencias macro que estamos viendo en este mercado laboral. Hay una precisión que debemos hacer. Esta no es una encuesta longitudinal ni es un panel, es decir, no le pregunto en mayo a las mismas personas que en abril”, explicó Oviedo durante la presentación de los datos este martes.

Además resaltó un avance en cuanto a población inactiva (que incluye a quienes no están buscando trabajo): si bien hubo 3,3 millones más de personas inactivas que en mayo de 2019, para un total de 17,8 millones, en abril de este año el indicador había aumentado en más de cuatro millones de personas.

Por actividades económicas, las que más contribuyeron a la caída de la población ocupada fueron comercio e industrias manufactureras (3,3 y 3,2 %, respectivamente), en el período marzo-mayo de 2020.

Solo para mayo de este año, esos dos renglones fueron los que más ajustaron el golpe en la población ocupada, al tener caídas de 4,1 % para el comercio y de 3,2 % para las industrias manufactureras. Por otra parte, la construcción (un sector cuyo PIB se contrajo 9,2 % en el primer trimestre del año y que es intensivo en mano de obra) solo registró una caída de 2,1 % en personas ocupadas.

Vale la pena aclarar que construcción y apenas ocho subsectores de manufactura fueron los primeros renglones de la economía en ser incluidos en la primera reactivación económica, que se fijó para el 27 de abril. El grueso del comercio, además del resto de actividades de manufactura, comenzaron el proceso de aprobación y reactivación solo hasta después del 1° de junio. Este calendario ayuda a explicar el desplome de la ocupación en los sectores mencionados.

“En el mes de mayo las cifras del mercado laboral ya están dando unas señales contundentes de las políticas de reactivación que ha definido el Gobierno Nacional. Ya no vemos la manufactura y la construcción liderando las pérdidas de ocupación. Pero mayo todavía no es un mes en el que se resuelva de forma clara qué va a pasar con estos 3,3 millones de personas de más que tenemos en situación de inactividad. Todavía es muy difícil esperar que la reactivación económica, que ya dio luces en mayo, se vea reflejada automáticamente en un índice sintético, como es la tasa de desempleo”, aclaró Oviedo.

Para Rosmery Quintero, presidenta de Acopi (gremio de las mipymes), las cifras de desempleo no sorprenden. “Todos los países se están viendo afectados, no es un tema de Colombia. Lo que sí puede marcar la diferencia es si estamos haciendo un gran esfuerzo económico por tener garantías de créditos y, por otro lado, subsidios. Debemos agilizar y a los bancos exigirles mucha más celeridad en los desembolsos y no tantas previsiones”.

Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco (gremio de los comerciantes), aseguró que “son realmente preocupantes las cifras de desempleo de mayo que arroja el DANE. Requerimos una política de fondo para recuperar el tejido empresarial y el empleo que se ha perdido”.

Por su parte, Camilo Rodríguez, presidente de la Cámara de la Confección y Afines, afirmó que “nuestro gremio hace un llamado de atención al Gobierno Nacional para contrarrestar las alarmantes cifras que reveló el DANE sobre la tasa de desempleo en el mes de mayo, en donde el sector manufacturero continúa siendo el más afectado, con un aporte al desempleo del 27,2 % respecto al mismo mes de 2019, y contribuyendo de esta manera en -3.2 p.p. al total nacional; recordemos que nuestro sector es un 74,2 % informal”.

Los más golpeados

Como en tantos otros asuntos de la economía, quienes más están ajustando los golpes del desempleo parecen ser renglones vulnerables de la sociedad, en general, tanto a nivel de individuos como de colectivos.

El director del DANE aseguró que “empieza a ser necesario analizar con mayor detalle cuáles pueden ser las políticas de gestión de la recuperación del mercado laboral que ayuden a resolver las brechas de género”, teniendo en cuenta que en el grupo de edad de 25 a 54 años en mayo hubo 1,3 millones de hombres ocupados, frente a casi 1,7 millones de mujeres. Al ver la tasa de desempleo según sexo, se obtiene que 15,2 % de hombres están desempleados, frente a 21,4 % de mujeres en el período que va de marzo a mayo de 2020.

Si se mira solo mayo de este año, la imagen de la brecha de género es aún más dramática: la tasa de desempleo de mujeres llegó a 25,4 % (de 18,6 % en mayo de 2019) y la de hombres creció a 13,4 % (de 8,3 % en 2019). También vale la pena mencionar que de los 3,3 millones de inactivos “nuevos”, 2,3 millones son personas dedicadas a los oficios del hogar: de estas, casi 1,8 millones son mujeres y apenas 545 mil son hombres.

Por otra parte, del 22,1 % que decreció el porcentaje de personas ocupadas en mayo de este año, 6,9 % corresponde a quienes tienen educación media; 6,8 %, educación básica, primaria y secundaria, y 4,5 % a quienes no registran ningún nivel educativo.

Los datos del DANE también señalan que la caída en población ocupada se sintió, primordialmente, en las empresas más pequeñas, que tienen hasta 10 empleados: de los 4,9 millones menos de personas ocupadas registradas en mayo de este año, 3,4 millones se ubican en este renglón. “Esto es natural, pues frente a una parálisis inducida de la actividad económica, la recuperación, en primer lugar, favorece a las unidades económicas que tienen más robustez, más resiliencia y capacidad organizacional para gestionar protocolos sanitarios. También son unidades económicas más cercanas a la informalidad y con menor capacidad de caja para gestionar el choque generado por la continuidad de costos, mas no de ingresos, en el marco de la pandemia del COVID-19”, aseveró Oviedo.

“Los datos muestran que algunas empresas que trataron de aguantar abril con sus recursos, al ver que el confinamiento se alargaba, tuvieron que liquidar a sus empleados. Muchas personas probablemente saltarán a la informalidad. La realidad, en términos de los datos, es que las cifras seguro son más altas. Cuando tengamos la información de junio el resultado será similar de personas que trataron de aguantar y no lo lograron. Esta es la antesala para un PIB negativo en el segundo trimestre”, aseguró Diego Guevara, profesor de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional de Colombia y colaborador de este diario.

Para Iván Daniel Jaramillo, del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, “en este contexto se requiere una política fiscal activa y estímulos para sectores especialmente afectados, así como extender el ámbito de cobertura del sistema de seguridad social al amparo de situaciones de crisis y desempleo, privilegiando rutas de empleabilidad de grupos especialmente afectados por la crisis de empleabilidad (mujeres, jóvenes y personas con discapacidad), adoptando medidas que emanen del diálogo social. Es necesario complementar el esquema de incentivos, prever rutas preferenciales de acceso a empleabilidad y respeto de los sistemas de protección al empleo que deben ampliarse para garantizar la estabilidad en el empleo”.

Jaramillo agregó que “en realidad, desde antes de la crisis, Colombia presentaba indicadores de desempleo superiores a los de la región, sin perjuicio de la informalidad que caracteriza al sistema laboral colombiano, que revelan problemas estructurales profundizados por la crisis sanitaria”.

Los problemas estructurales

De acuerdo con el propio director del DANE “…en el año que podríamos cerrar a mayo de 2020, la tasa de desempleo ha subido dos puntos porcentuales y esos son los elementos que debemos tener en cuenta para diferenciar la coyuntura de la estructura que está teniendo el comportamiento del mercado laboral”. Las cifras de la entidad señalan que en el período comprendido entre junio de 2019 y mayo de este año se registró una tasa de desempleo de 12,2 % (frente a 10,1 % registrado entre junio de 2018 y mayo de 2019).

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Para Mario Valencia, director de Cedetrabajo, “lo que produjo la emergencia sanitaria no fue crear los problemas estructurales, sino aumentarlos, hacerlos más visibles. Ya llevábamos cuatro años consecutivos de incremento de la tasa de desempleo y lo que pasó en los últimos seis meses de 2019 es que, además de que aumentaba el desempleo, también se reducía la ocupación”.

Valencia explicó que esta situación se debe a dos factores: “Primero, el consumo de los hogares estaba creciendo más de lo que lo hacía la producción. Y eso se tiene que financiar de alguna parte, que según el DANE es remesas y crédito de consumo. Y, segundo, es que hay una alta especialización del país en la producción y exportación de recursos naturales, que debilita el aparato productivo. La economía se ha especializado en actividades de bajo valor agregado y que generan muy poca ocupación”.

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