El peso del desempleo en contra de las mujeres

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En Colombia, por cada 100 mujeres hay 26 desempleadas, mientras que 16 de cada 100 hombres están sin trabajo. Organizaciones y academia piden una estrategia de reactivación que tenga en cuenta las raíces de estas brechas.

“Si el género no se toma como una variable seria para el desarrollo y en la atención de la emergencia, sino como un ‘tema feminista’ que se descarta, la situación se volverá inmanejable”. Con estas palabras la exministra Cecilia López advierte sobre la realidad hacia la que Colombia se encamina si no se atajan problemas como el de desempleo con medidas que reconozcan las brechas que se siguen abriendo.

En julio de 2020, la tasa de desempleo fue de 26,2 % para las mujeres frente al 16,2 % de los hombres. Al comparar julio de este año con el mismo mes de 2019 se ve que dos mujeres perdieron el trabajo por cada hombre que pasó por la misma situación. Y, además, de la población que en el mismo lapso quedó “inactiva” (en donde puede haber gente que se quedó sin empleo, pero que ya ni siquiera está buscando) casi dos millones son mujeres y un millón, hombres.

Lea más sobre los resultados de julio: Desempleo en Colombia se ubicó en 20,2 % en julio de 2020

Ellas, por cierto, han salido en su mayoría a dedicarse a oficios del hogar. López señala que la sobrecarga que ha habido para las mujeres respecto a los trabajos domésticos y de cuidado no remunerados (cocinar, lavar, cuidar enfermos, acompañar a los niños que están estudiando desde la casa) es una de las razones por las cuales las mujeres incluso han tenido que dejar sus empleos. “Las cifras dicen que cerca del 86 % de los infectados por COVID-19 se recuperan en la casa y son cuidados principalmente por mujeres”, señala López.

Juan Daniel Oviedo, director del DANE, comenta que es innegable que las brechas en el mercado laboral se siguen ensanchando en contra de las mujeres y que, por lo tanto, la política pública debe tener en cuenta esta realidad.

Pero, ¿por qué una afectación más grande para ellas? Según Oviedo, los sectores en los que más se han destruido trabajos son aquellos que en gran proporción emplean a mujeres. En julio, los sectores que más pesaron en la destrucción de puestos de trabajo fueron comercio; actividades artísticas, entretenimiento, recreación y otros servicios (en donde se cuenta, por ejemplo, a las empleadas domésticas); alojamiento y servicios de comida e industrias manufactureras.

Además, se mantienen otras tendencias. Por ejemplo, que el deterioro del mercado laboral ha afectado principalmente al ámbito urbano. Del 18,8 % que cayó el total de población ocupada en el país (al comparar julio de 2019 con julio de 2020), las 13 ciudades principales pusieron 11 puntos. Otras cabeceras aportaron 4,3 puntos, mientras que el sector rural puso 2,1 y “10 ciudades” (Tunja, Florencia, Popayán, Valledupar, Quibdó, Neiva, Riohacha, Santa Marta, Armenia y Sincelejo) contribuyeron con 1,4 puntos a la caída en los puestos de trabajo.

Además, resalta Oviedo, las empresas pequeñas (algo asociado a la informalidad), las personas jóvenes (en particular las mujeres) y aquellas con menor grado educativo siguen siendo más afectadas por el deterioro del mercado laboral.

Otro sector que llama la atención es el rural y agropecuario. Según Mario Valencia, director de Cedetrabajo, “uno esperaría que se estuviera dando una recuperación. La agricultura, por ejemplo, que no cayó en el PIB del segundo trimestre, aporta también gravemente con el aumento de desempleo para julio, con más de 13.000 personas desocupadas adicionales en este sector”. En total, en el sector rural, al comparar julio de 2019 con julio de 2020, alrededor de 500.000 personas perdieron su trabajo.

Para López, esto también está relacionado con que el grueso de la mano de obra para la producción agropecuaria es masculino; mientras que las mujeres se emplean en servicios como educación, comercio o turismo, entre otros, que han sido muy afectados por las medidas de cierre a causa de la pandemia.

Atender estos sectores en el marco de la reactivación es, entonces, uno de los llamados. Pero, además, impulsar otros que no solo pueden ayudar a generar empleo, sino a liberar a las mujeres de sobrecargas no remuneradas asociadas a estereotipos de géneros: repartir los trabajos de cuidado entre el Estado y el mercado, a través de guarderías y lavanderías, entre otros.

Paula Herrera, profesora de Economía de la Universidad Javeriana, señala que, por ejemplo, en Reino Unido implementaron en agosto, por tres días a la semana, “un esquema de apoyos para un grupo de restaurantes que se registraron para entrar en el esquema de apoyos denominado Eat out to help out que brinda un subsidio del 50 % al consumo de alimentos y bebidas no alcohólicas preparados en establecimientos como restaurantes y pubs. Esta estrategia buscó apoyar los negocios y empleos en el sector de restaurantes”.

Herrera agrega que “esto se podría extender a otros sectores que están entre los servicios personales, como lavanderías y peluquerías. Este tipo de políticas, además de generar empleo femenino, ayudan a alivianar las cargas domésticas de cuidado”. En un sentido similar, López señala que el Estado debe proveer servicios de cuidado (públicos) y generar incentivos para que el mercado se los ofrezca a los hogares con ingresos medio y alto.

Respuesta integral

No obstante, si no se corrige el problema de forma integral, de nada servirá que el mercado ofrezca productos y servicios que la gente no está en capacidad o dispuesta a comprar. De acuerdo con López, la “reactivación” se tomó como sinónimo de reabrir la producción por el lado de la oferta sin pensar en que, de todas formas, los hogares no tienen con qué consumir, ya sea porque perdieron el trabajo y los ingresos o porque, aun teniéndolos, la incertidumbre desincentiva el gasto. No en vano, la inflación mensual está en 0 %.

Para Rosmery Quintero, presidenta del gremio de pequeñas y medianas empresas, Acopi, “es importante que desde las administraciones locales se implementen programas de aumento del gasto público que brinden empleo a los propios y al tiempo impulsen la demanda interna”. Lo anterior, a través de medidas como el desarrollo de “programas sociales intensivos en mano de obra (…), tales como aseo en parques, jornadas de cultura ciudadana, programas de apoyo a población especial o jornadas de alfabetización”, que ayudarían a poblaciones como jóvenes y mujeres a generar ingresos.

Quintero insiste en que deben inyectarse recursos por vías distintas al crédito y que, si auxilios como el subsidio a la nómina se extenderán, es necesario que se siga simplificando su acceso y que se incluyan grupos que quedaron por fuera, como personas naturales que generan uno o dos empleos.

Herrera, por su parte, señala que una reactivación sostenible de la demanda en los hogares requiere creación de empleo de calidad; es decir, no precarizado. Y con respecto a la reactivación del empleo, señaló que “las políticas del Gobierno han estado enfocadas en programas de apoyo a las empresas formales. La política con enfoque de género debería buscar la reactivación del empleo de empresas pequeñas e informales, que concentran la mayoría de los empleos de las mujeres. El 42 % de los hombres que perdieron el empleo trabajaban en empresas de 10 personas o menos, mientras que para las mujeres esta cifra es del 71 %”.

Para Juana Téllez, economista jefa de BBVA Research en Colombia, la profundización de la brecha de género y en contra de los más jóvenes en el mercado laboral también es una preocupación. Señala que en la estrategia contra el desempleo es importante “contener el deterioro del tejido empresarial colombiano”.

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