Después de Chávez, una posibilidad de progresar

Mantuvo a los pobres cerca de su corazón y demostró ese amor con espectáculos de televangelista. Es conmovedor, pero su muerte sólo puede ser positiva para la región.

¿Qué verá Venezuela cuando termine el luto? ¿Se hará evidente la mala administración?
¿Qué verá Venezuela cuando termine el luto? ¿Se hará evidente la mala administración? AFP

Durante 14 años los discursos anticapitalistas de Hugo Chávez dieron una voz a los sufridos, lo convirtieron en una figura estilo Robin Hood para los pobres y les dieron a los desposeídos un sentido de identidad. Como debía ser con un excomandante de tanques, su cuerpo parecía hecho de concreto. Eso lo hizo parecer indestructible, pero dos años de cáncer dieron fin a sus ambiciones de gobierno casi perpetuo en Venezuela.

La muerte de Chávez a sus 58 años deja un vacío en su país, y en la región en general. Sin embargo, ¿se extrañará su presencia por mucho tiempo? Quizás sólo lo harán los vendedores de armas rusos y los bancos estatales de China, que han hipotecado el futuro de la producción petrolera de Venezuela a cambio de préstamos de US$40.000 millones. En cualquier otro lugar, las políticas de Chávez hicieron de todo, menos funcionar.

Su país enfrenta una transición incierta, con tres puntos de posible tensión. Mantener la unidad en un régimen asolado por el fraccionamiento es el primer reto de Nicolás Maduro. El segundo enfrenta al régimen con la oposición en elecciones presidenciales que se celebrarán dentro de 30 días. Esto, sin embargo, es una lucha contra los enemigos del comandante que cualquier chavista disfrutará. Las encuestas arrojan una victoria fácil, impulsada por el voto de simpatía.

Esto nos lleva a la tercera tensión, que es la más grande. ¿Qué verá Venezuela cuando termine el luto? Al Partido Socialista Unido de Chávez, que sigue siendo la institución política más fuerte. Pero también verá mala administración, corrupción, inflación, escasez y una violencia fuera de control que ha hecho de Caracas una de las ciudades más peligrosas del mundo. En esto se hallaba el genio político de Chávez. Mientras que estaba vivo, logró aplausos por la revolución sin llevar la responsabilidad de sus problemas. El nuevo gobierno no podrá disfrutar del mismo efecto. “¡Viva el rey, y muera el mal gobierno!”, como alguna vez gritaron los rebeldes independentistas de América Latina.

En la región hace falta una desmitificación similar. Venezuela se enorgullece, y con razón, de que ha reducido el nivel de pobreza. De 52% en el 2000 pasó a 32% en 2010. No obstante, muchos países han logrado lo mismo o más sin saquear su economía, como lo hizo Chávez. Brasil es un ejemplo. En Perú, un país liberal, la pobreza ha caído incluso más, y en Chile, que tiene libre mercado, se ha reducido a la mitad. En cuanto a la reducción de la desigualdad, según Sedlac, un centro de pensamiento regional, Venezuela ha tenido uno de los peores desempeños.

Estas estadísticas tan poco convenientes nunca impidieron que Chávez hiciera proselitismo con las virtudes de su “Revolución bolivariana”. No obstante, la mayoría de latinoamericanos veían tras las apariencias. Quizás disfrutaron de la manera como Chávez, el menos fuerte, desafiaba a los Estados Unidos, pero también sabían que el modelo venezolano basado en la exportación de petróleo era imposible de repetir en otros lugares. También veían la difícil situación de Venezuela y no querían algo similar. Es el poder del ejemplo. El chavismo puede vivir localmente, como el peronismo en Argentina, pero ya pasaron los días en que se presentaba como un modelo deseable.

Chávez, a fin de cuentas, fue tan sólo uno de muchos que le han dado a la región un sentido de unidad. Fue la fuerza detrás de Alba, un grupo de izquierda que incluye a Cuba, Ecuador y Bolivia. Sin embargo, Alba no tiene seguidores más allá de estos, y compitió contra las posibilidades que tenía Brasil de liderar a América Latina. También fue una espina en el costado de la Alianza Pacífica, un pacto de libre comercio que incluía a México, Colombia, Perú y Chile. Sin la presencia ideológica y la chequera de Chávez, la influencia regional de Venezuela se debilitará. En cambio, Brasil o la Alianza Pacífica, ejemplos de economías con un crecimiento más veloz, tomarán su lugar. Ambos representan una alternativa más pragmática, libre de la fatigada retórica izquierdista que envenenó las relaciones del hemisferio.

La muerte de Chávez marca el fin de una era. Sin embargo, su misma vida también representó el fin de un período retrógrado para la historia de América Latina: la del caudillo populista, o el hombre fuerte. Paradójicamente, la victimización también es un componente central de esa narrativa: la sensación de un libertador nacional que lucha contra fuerzas oscuras y externas. A pesar de esto, América Latina ha progresado tanto durante los últimos 20 años que la victimización ya no cuaja en un continente más próspero y confiado en sí mismo que nunca antes. Sus países más grandes están en las mesas internacionales del poder, no fuera de ellas.

Un sabio alguna vez escribió: “No albergo malicia en mi pecho, pero sin desear que un hombre se vaya al diablo, uno puede permitirse tener las mejores esperanzas”. Lo mismo puede decirse de Chávez. Mantuvo a los pobres cerca de su corazón y demostró ese amor con espectáculos de televangelista. Es conmovedor, pero su muerte tan sólo puede ser positiva para la región.