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Detrás de la Alianza

La Alianza para el Pacífico se sostiene en pactos políticos, militares y económicos tácitos no divulgados, como opositora y contrapeso de la integración suramericana y su protagonismo.

Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, la octava economía del mundo y el lugar que pretende ocupar la Alianza.  / EFE
Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, la octava economía del mundo y el lugar que pretende ocupar la Alianza. / EFE

Mientras Siria se sumerge en una verdadera tragedia humanitaria, bajo la indiferencia de gran parte del mundo en esta nueva Guerra Fría, en el continente se abre una nueva controversia ideológica, comercial y geopolítica entre el Pacífico y el Atlántico. Después del fracaso del Consenso de Washington, de las políticas neoliberales, de un ALCA que nunca se concretó, de los tardíos tratados bilaterales, se consolida la Alianza del Pacífico entre Colombia, Perú, Chile y México con una población de 212 millones de habitantes, 35% del PIB de América Latina, lo que la posiciona como la octava economía del mundo. Además, la Alianza cuenta con el apoyo de otros países, como Costa Rica, Panamá, Uruguay y Paraguay, potenciales observadores o miembros formales en el futuro. El bloque prevé la liberación de aranceles, inversiones, flujo de bienes, servicios y personas con el objetivo de acercarse al continente asiático.

Sin embargo, detrás de todo eso se pretende minimizar la importancia de un Mercosur ampliado, ya que con el ingreso de Venezuela en 2012, el bloque pasó a ser la quinta economía del mundo, con 274 millones de habitantes con un PIB de 3 trillones de dólares, 52% del PIB latinoamericano y actualmente negocia el posible ingreso de Bolivia y Ecuador. En términos geopolíticos, la llegada de Venezuela representó la posibilidad de una mayor inserción de Brasil en los Andes y en el Caribe, y el acceso de Venezuela al Atlántico Sur. De esa forma, el Mercosur se convirtió en una integración estratégica, con identidad atlántica, amazónica, caribeña y andina, además de su impactante potencial energético.

Anunciada de forma espectacular, así como los TLC, la Alianza del Pacífico jugará un papel de contención del movimiento político y económico que sopla desde los vientos del Sur. Analistas afirman que después de la derrota de Estados Unidos en Medio Oriente, del incontestable papel de China en el Nuevo Orden Mundial, Suramérica se convierte en un campo de batalla debido a su búsqueda de autonomía al margen del Sistema Interamericano, sus recursos naturales y sus atractivos mercados.

Si es real que los acuerdos comerciales actuales sustituyen a los anteriores pactos de seguridad, se puede empezar a entender la Alianza no escrita del Pacífico, la cual busca restar importancia al Mercosur —visto por sus opositores como provinciano y proteccionista— y a la Celac, creada en 2011, y con seguridad serán bienvenidos a pesar de la poca representatividad dentro del nuevo bloque.

Que el comercio y el aspecto militar sean instrumentos utilizados para controlar el mundo no es realmente ninguna novedad, pero vale resaltar la perseverancia y fidelidad de algunos países latinoamericanos para apoyar la potencia en declive e intentar establecer una relación preferencial en contra de los intereses nacionales y regionales, comprometiendo el presente y el futuro de su población bajo un modelo económico que fracasó en Estados Unidos y en Europa y que aún arrastra la economía mundial hacia días sombríos.

Vale resaltar que, a pesar de los indicadores macroeconómicos de la Alianza del Pacífico, Chiapas sigue como símbolo de un país que entró a la OCDE sin cambiar las variables estructurales del México profundo, un Chile que también pretende ingresar a ese selecto grupo debido al “éxito” de su modelo económico, el cual priva a las nuevas generaciones del acceso legítimo a la educación y desconoce sus minorías étnicas. Más allá de modelos económicos excluyentes, de nuevos muros erigidos entre el Norte y el Sur, con la anuencia de las élites nacionales en turno, es importante recordar que el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida abrieron paso a la nueva modalidad de intervenciones en América Latina, entonces justificadas por el combate contra el narcotráfico.

La Alianza para el Pacífico se sostiene en pactos políticos militares y económicos tácitos no divulgados, como opositora y contrapeso de la integración suramericana y su protagonismo internacional. Un ejemplo fue el voto de Colombia a favor de la candidatura del exministro mexicano Herminio Blanco para la Organización Mundial de Comercio. Ojalá la región, como interlocutora del mundo en desarrollo, no se rinda al canto de sirena que intenta “resucitar el ALCA”.

 

 

* Analista internacional

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