Las dificultades de EE.UU. con una Venezuela 'cubanizada'

El embargo generó 50 años de debate sobre qué era preferible, el aislamiento o la confrontación, pero no motivó un cambio en La Habana. Entonces, ¿qué se debería hacer con una nación que está violando los derechos humanos?

Según Financial Times, nadie está presentando un caso serio a favor de un embargo comercial al estilo cubano contra el gobierno de Nicolás Maduro. / EFE

 

Puede ser por los años de mutuo desinterés que América Latina rara vez es una prioridad en la política exterior de Estados Unidos. Siempre parece haber problemas más urgentes en otras latitudes. Ahora, sin embargo, hay que lidiar con el dolor de cabeza de Venezuela. Más de 40 personas han muerto en protestas callejeras este año. Las conversaciones de paz entre la oposición y un gobierno acusado de violaciones de derechos humanos se han paralizado. Entretanto, los venezolanos padecen una inflación fuera de control, escasez de bienes y niveles de criminalidad que hacen de Caracas una de las ciudades más letales del mundo.

Para los Estados Unidos, Venezuela supone el problema existencial de cómo responder a cualquier crisis que no tiene soluciones fáciles e implica un alto riesgo (Venezuela es el cuarto país que más petróleo envía a Estados Unidos). En ese sentido, Venezuela es una réplica de los problemas que tiene la política exterior estadounidense en otras partes; sólo que aquí hay un giro doméstico: el país se ha “cubanizado”.

Dos leyes que están en el Congreso de EE.UU. buscan congelar los activos y prohibirles el acceso a visas a funcionarios venezolanos culpables de violaciones de derechos humanos. Ambas leyes también son apoyadas por importantes parlamentarios cubano-americanos, que consideran a Venezuela como la nueva Cuba y apoyan con firmeza el largo embargo comercial de Washington contra La Habana.

Hay una lógica detrás de esta opinión. Cada año Venezuela envía miles de barriles de petróleo subsidiado a Cuba. El país comunista, a su vez, envía doctores y asesores de inteligencia bien entrenados hacia la Caracas socialista. Si se castiga a Venezuela, se afecta a Cuba, su aliado más cercano.

Sin embargo, las leyes también cumplen otro propósito. El generar conciencia en torno al controversial papel que Cuba juega en Venezuela le hace contrapeso a un lobby interno que quiere abrir la política exterior de EE.UU. hacia Cuba, un país que, como dijo el exsecretario de Estado Cyrus Vance, “no logramos poner en la perspectiva adecuada”.

Más de 40 pesos pesados de la política exterior, entre ellos John Negroponte, el exdirector nacional de inteligencia bajo George W. Bush, le escribieron al presidente Barack Obama, urgiendo que profundizara el contacto de Estados Unidos con la sociedad cubana, para así fomentar un cambio en la isla. Incluso el candidato más opcionado para llegar a la gobernación de la Florida, Charlie Crist, ha dicho que quiere acabar con el embargo. Afirmar esto era algo políticamente impensable hace 10 años. No obstante, también es cierto que la política en la Florida ha cambiado desde que los cubano-americanos hacen casi 500.000 viajes al año a la isla y pueden generar lazos con mayor facilidad.

El levantar el tabú que había en torno a cuestionar el embargo ha generado una reacción inmediata por parte de quienes lo apoyan. De ahí, en parte, que exista la ley de sanciones contra Venezuela. Aunque es poco probable que el embargo cambie mientras el contratista de Usaid, Alan Gross, permanezca en una prisión de La Habana, y su eliminación absoluta requiera de una ley del Congreso, el peso de la prueba parece estar trasladándose hacia la orilla contraria.

En ese sentido, el debate sobre Cuba es similar al de la legalización de las drogas, que es otra enorme preocupación. Este tema ya no se presenta en términos de “a favor y en contra” o “blanco contra negro”. Asimismo, hay argumentos igual de matizados sobre lo que deberían hacer los Estados Unidos con respecto a Venezuela. Sí, publicitar la corrupción que hay en Venezuela. Sí, también fomentar que sus aliados en América Latina dejen de guardar silencio sobre abusos que no tolerarían en sus propios países.

¿Pero sanciones? Nadie está presentando un caso serio a favor de un embargo comercial al estilo cubano. Incluso las sanciones parciales podrían darle un grito de guerra antiimperialista a Caracas, sin hacer mella en sus funcionarios. Por eso es que la mayoría de la oposición venezolana es tibia. Es más, una acción unilateral de este tipo aislaría más a Estados Unidos en la región. Sea como fuere, la administración Obama se opone a las leyes que buscan imponer sanciones.

Algunos venezolanos y cubano-americanos pueden no estar de acuerdo. Esa opinión quizás les ayude a sobrellevar sus frustraciones, pero también olvida una lección central de la historia del exilio cubano. El embargo generó 50 años de debate sobre qué era preferible, el aislamiento o la confrontación, pero no motivó un cambio en La Habana. Así que se puede discutir a favor del castigo y de las sanciones por parte de EE.UU, pero también hay que considerar el prospecto de quedar exiliados para siempre, al estilo cubano.