La diplomacia del Brasil ganó

El reto de Roberto Azevêdo, el nuevo jefe de la OMC, es animar a países en desarrollo para que acepten el libre comercio multilateral. Pendiente, la Ronda de Doha.

El brasileño Roberto Azevêdo es un paciente negociador y un experimentado diplomático del mundo comercial. / AFP
El brasileño Roberto Azevêdo es un paciente negociador y un experimentado diplomático del mundo comercial. / AFP

¿Fue el hombre o fue el país? Roberto Azevêdo es un negociador paciente, un experimentado diplomático del mundo comercial y por mucho motivos el candidato perfecto para dirigir la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Ya conoce la OMC, está enterado de sus temas y genera simpatía dentro del mundo en desarrollo, en buena parte por haber enfrentado y ganado la batalla contra las políticas de subsidios agrícolas en Estados Unidos y en Europa. Si hay alguien que pueda revivir la ronda de negociaciones mundiales de comercio de Doha, que se iniciaron hace 12 años y están casi muertas, es él.

No obstante, Azevêdo también es de Brasil, un país con un historial inestable de liberalización comercial. El comercio representa tan sólo el 20% de su producto interno bruto. Brasil también es uno de los miembros con mayor liderazgo en Mercosur, un pacto comercial latinoamericano creado en 1991 con grandes esperanzas, que desde entonces han fracasado. Si Brasil no puede aumentar el comercio regional, ¿cómo puede aumentar el comercio mundial? La nacionalidad de Azevêdo, por lo tanto, lo convierte en un director improbable de la OMC.

Estas, en esencia, son las ventajas y desventajas del nombramiento de Azevêdo para liderar la organización. Claramente, ninguno de los argumentos en contra fue lo suficientemente poderoso. A diferencia de las controversias en torno a quién debe liderar el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, el proceso de selección de la OMC no fue un debate que dividió a las partes en torno al comercio mundial.

Ningún país, excepto quizás México, que fue el país con el segundo candidato más fuerte, demostró molestia con respecto a la victoria de Brasil. Ni Europa ni Estados Unidos tuvieron una fuerte objeción. “Brasil es una parte de mis orígenes, pero no estamos vendiendo una agenda brasileña”, dijo Azevêdo. No obstante, su nombramiento es una victoria para la diplomacia abierta de Brasil. Esto es particularmente cierto en el mundo en desarrollo, y en especial en África, que es el continente con la mayor cantidad de votos en esta organización.

Ahora la esperanza es que Azevêdo, un brasileño sin prejuicios, anime a los países en desarrollo a que acepten el libre comercio multilateral. Esto es muy importante, dado que el nuevo orden mundial está siendo definido por el aumento en el comercio Sur-Sur. El mundo en desarrollo quiere ver sobre la mesa temas no tarifarios, como subsidios agrícolas. Azevêdo conoce estos temas y tiene buena disposición para hablar de ellos.

Pero el apoyo en otras partes del mundo en desarrollo puede ser tibio. Por un lado, Brasil tiene varias disputas comerciales con Argentina, que tiene varias quejas pendientes en la OMC. Y también está la presencia de China, que es aún más importante, y que entró a la OMC en 2001, el mismo año que se lanzaron las conversaciones fracasadas de Doha. Brasil, inundado de importaciones chinas, últimamente ha criticado la política de cambio monetario de China, al decir que le da al país una ventaja injusta.

La manipulación de las divisas, que Azevêdo ha dicho que debería ser parte de los temas tratados por la OMC, es otro asunto delicado con el que tendrá que lidiar. Esto puede no ganarle el apoyo de China.

Por último, tenemos el mundo desarrollado. Desde hace mucho tiempo las empresas de Estados Unidos han tenido poca confianza en los poderes de negociación o en el sistema de resolución de disputas de la OMC. El Congreso de Estados Unidos ahora comparte estas preocupaciones. Esta es una razón por la que las agrupaciones de comercio regional, como el acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y Europa y la Asociación Transpacífico, han proliferado.

Claramente, Estados Unidos nunca va a salir de la OMC y ceder sus derechos, pero es poco probable que se esfuerce demasiado por revitalizar este proceso. Entretanto, la Unión Europea está lidiando con la crisis de la Eurozona y tiene sobre la mesa un acuerdo comercial con EE.UU. Si Azevêdo no puede revivir la ronda de Doha, su trabajo podría reducirse a delegar disputas comerciales a grupos de expertos.

En suma, ser el líder de la OMC es un trabajo desventurado. Luego de que fue elegido un papa argentino a principios de este año, este también es el alto cargo más reciente que un latinoamericano ha logrado en una institución mundial.