La disparidad del bolívar

Las recurrentes devaluaciones de la divisa venezolana han contraído las ventas del comercio en la frontera. En el interior, sus clientes predilectos son los turistas que regresan al vecino país.

Las casas de cambio colombianas procuran mantener un inventario de dólares no mayor al millón de pesos. Venden el bolívar a $27 y lo compran a $23. / Bloomberg

La inestabilidad se ha convertido en una costumbre en Venezuela. Se evidencia en las calles, donde las protestas de las últimas semanas contra el Gobierno han devenido en batallas campales con la intervención de las autoridades; en el ambiente político, con los opositores denunciando constantemente nuevas persecuciones; en la libertad de prensa, con la suspensión de emisiones de los noticieros de televisión que transmiten por cable y controles más severos a la importación de papel que tienen en vilo a varios periódicos.

Pero, principalmente, en la economía. Según un informe de la escuela de negocios española IE y las aerolíneas KLM y Air France, Venezuela es el único país de la región en donde los empresarios ibéricos analizan la posibilidad de disminuir su capital. Y no son los únicos: ante la abultada deuda de US$3.300 millones que mantienen con el Gobierno por las dificultades para signarles divisas, aerolíneas como Air Canada, Delta, United y Copa recortaron sus operaciones desde y hacia el país suramericano.

Planes similares anunciaron las automotoras Toyota y Ford ante la baja demanda de vehículos, pues en enero tan sólo se vendieron 722 unidades. Tampoco hay bienes que comprar. De acuerdo con el Banco Central de Venezuela, el índice de escasez subió 5,8% entre diciembre del año pasado y enero, para situarse en 28%, el más alto en la historia. Y por si fuera poco, los constantes controles a la tasa de cambio han hecho que el dólar negro, el que se consigue en la calle, esté muy lejos del cambio oficial (6,30 bolívares). Hace un año estaba en 30 bolívares, pero hoy se consigue en 70.

Claro que una realidad muy distinta se vive en Colombia. A pesar de que la tasa de cambio oficial fijada por el Banco de la República para la divisa venezolana está en $322,90, ninguna casa de cambio se acerca a ese precio: en Cúcuta, el bolívar fuerte se vende a $25 y se compra a $24, y en Bogotá lo entregan a $27 pero lo reciben a $23. “La tasa es una referencia, utilizada sobre todo por los bancos, pero no fija el cambio real. El precio se forma por la oferta y la demanda de bolívares y el precio en la frontera”, explica un funcionario de la casa de cambios bogotana El Cóndor.

En Norte de Santander, tal disparidad perjudica, principalmente, al comercio. “El poder de compra del venezolano es muy pobre. Un salario mínimo, que ronda los 2.600 bolívares fuertes, se convierte en $72.000 al pasar la frontera. Por eso ya no vienen, a pesar de la alta escasez de bienes”, comenta Carlos Gamboa, coordinador de la Unidad de Gestión de Proyectos de la Cámara de Comercio de Cúcuta.

Pero a diferencia de su impacto en la zona de frontera, en el interior muy pocas manos tienen que ver con la divisa venezolana. “El comercio binacional se realiza en dólares. Ningún empresario realiza transacciones en bolívares por el alto riesgo cambiario. Las constantes devaluaciones causan grandes pérdidas a la hora de monetizarlo a dólares”, explica Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex).

Básicamente, la compra de bolívares se reduce exclusivamente a los turistas que llegan del vecino país. Cifras del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo indican que en noviembre de 2013 entraron 21.394 venezolanos, un incremento de 24,8% frente a los 17.137 pasajeros registrados un año atrás. Incluso, entre enero y noviembre se registró un crecimiento de 4,2% en los flujos de entrada desde Venezuela.

Las casas de cambio colombianas procuran mantener un inventario de bolívares que no exceda los US$500 y se los venden a los turistas que regresan a su país. O en Cúcuta, a quienes pasan la frontera para adquirir combustible barato. “Los únicos comerciantes que no han sentido tanto la crisis son los que venden ropa. A los demás los hemos asesorado para que aprovechen mercados nacionales, como la costa Caribe”, asegura Gamboa.

 

 

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