EE.UU. coquetea con la autodestrucción

Expertos aseguran que la Constitución permite que el gobierno tome decisiones en bien de la patria. Pero, ¿a qué costo?

Esta semana los legisladores decidieron cerrar una buena parte del gobierno federal en EE.UU. / EFE

¿Es Estados Unidos una democracia funcional? Esta semana sus legisladores decidieron cerrar una buena parte del gobierno federal, en lugar de permitir que una ley que ya estaba aprobada operara en el momento acordado. Pueden ir más lejos. Si no votan a favor del llamado “techo de la deuda” corren el riesgo de desencadenar el cese de pagos. Si la oposición está preparada para infligir semejante daño a su propio país, no existen los controles que permitan que una democracia funcione. ¿Por qué ha pasado? ¿Cuál puede ser el resultado? ¿Qué debe hacer el presidente?

La primera pregunta es la más desconcertante. Los republicanos están haciendo todo esto para impedir una mejora modesta en el peor sistema de salud entre los países de altos ingresos. La idea de que uno debería cerrar el gobierno o correr el riesgo de un cese de pagos para impedir el cubrimiento universal parece desquiciado.

Quizás esto demuestra qué tanto algunos republicanos detestan a Barack Obama. La mitad de los legisladores de la Cámara de Representantes que solicitaron que John Boehner le retirara la financiación a la ley de la salud provienen del viejo sur de los Estados Unidos. Parte de la explicación puede ser su antipatía hacia el gobierno federal. Puede que los republicanos no teman que el programa fracase, sino que funcione, y fortalezca así la credibilidad del gobierno.

¿Entonces qué sucede ahora? Goldman estima que aproximadamente 800.000 de los empleados federales quedarán suspendidos. Sólo las actividades que están financiadas a través de las aprobaciones específicas del Congreso, que es aproximadamente un tercio del gasto federal, se verán afectadas. Poco más de la mitad de las actividades dentro de esta categoría probablemente resulten exentas.

En las áreas que no estarán exentas los salarios de los empleados estarán cancelados durante el cierre. Sin embargo, la mayoría de los bienes y servicios se aprobarán más adelante. Esto será un problema y por eso muchos de los analistas asumen que el cierre no durará mucho tiempo. Goldman estima que un cierre de dos días reduciría el crecimiento en el cuarto trimestre por 0,1% a una tasa anualizada, mientras que un cierre de una semana costaría 0,3%.

 Ahora consideremos el techo de la deuda. Según Goldman, sin un aumento en el techo, el Tesoro no podría emitir deuda a partir del 17 de octubre y acabaría con su efectivo para el final de mes. Hay mucha confusión con respecto a qué pasaría si al Tesoro se le acabara el efectivo y no pudiera aumentar su enorme deuda. La opinión optimista es que podría cumplir con sus principales prioridades, entre ellas el servicio de deuda, al administrar sus pagos.

Si esto es así no hay necesidad de un cese de pagos. Jack Balkin, de Yale University, sostiene justamente eso. La opinión pesimista es que sería ilegal y probablemente imposible administrar así sus salidas de efectivo. Sin embargo, el Tesoro, jugando su viejo juego de la gallinita, insistirá en que se dará el escenario pesimista incluso si cree que puede solventar la situación.

 En el mejor de los casos, un fracaso en el intento por aumentar el techo de la deuda implicaría un fuerte recorte en el gasto. En el peor de los casos, los Estados Unidos cesarían pagos. El analista del Bank of America Merrill Lynch sostiene que llegar al techo de la deuda requeriría que los Estados Unidos equilibrara su presupuesto de inmediato, recortando el gasto por aproximadamente 20 o 4% del PIB. Esto arrojaría a Estados Unidos hacia otra recesión, incluso si no hubiera cese de pagos. Las consecuencias de un cese de pagos, en particular uno largo, son imposibles de predecir. A diferencia de un cierre del gobierno, para esto no hay precedentes, y por una buena razón: la noción misma es suicida.

¿Qué deberían hacer los administradores? En una democracia la gente tumba leyes al ganar las elecciones, no al amenazar el cierre del gobierno o un cese de pagos. Es imposible administrar el gobierno de un país serio bajo amenazas y chantajes de este tipo. Cada vez que la administración cede acumula más dificultades. No debe seguir haciéndolo.

Algunos argumentan que el artículo 14 de la Constitución, que dice que “la validez de la deuda pública de los Estados Unidos, autorizada por la ley [...] no puede cuestionarse”, le da al presidente el poder que necesita para pedir prestado, para así redimir la deuda. Sin embargo, este tipo de decisión presidencial es arriesgada.

 La Corte Suprema de Justicia puede tomar el lado del presidente, pero una crisis constitucional podría dificultar la habilidad de los Estados Unidos de pedir prestado en términos favorables. De nuevo, la astuta propuesta de crear una moneda de un billón de dólares y usarla como apoyo en la Reserva Federal también podría generar desórdenes.

Siempre es peligroso jugar a la gallinita con personas irresponsables. Sin embargo, la administración no puede ceder. Como Winston Churchill, sigo siendo optimista: los Estados Unidos harán al final lo correcto, aunque antes van a coquetear con todas las alternativas.

 

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