El 86 % de jóvenes en estratos 1 y 2 tienen condiciones laborales precarias

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Vivir en una ciudad grande y contar por lo menos con un título de bachiller aumenta las posibilidades de emplearse en buenas condiciones.

El 86,1 % de los jóvenes urbanos en Colombia en estratos 1 y 2 tienen condiciones laborales precarias, según un estudio presentado por el Gobierno de Canadá y la ONG de desarrollo Cuso International. La cifra es resultado del índice de precariedad laboral, basado en los datos de la Gran Encuesta Integrada que realizó el DANE en el segundo trimestre de 2017.

Así, sólo 13,9% de los jóvenes (considerados jóvenes entre 14 y 28 años) en el grupo de población con menores ingresos tienen vinculaciones laborales consideradas no precarias, es decir, en las que se respetan el salario mínimo y las horas de la jornada legal, hay relativa estabilidad laboral, afiliación a la seguridad social, entre otros.

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Por ejemplo, al 64,5 % de jóvenes asalariados se les respeta el salario mínimo, mientras que apenas el 32,5 % de los que se ocupan de forma independiente logra hacerse a ese monto. La mayoría de los asalariados tienen un contrato a término indefinido, con 41 %, seguido por contratos verbales (37,4 %) y contratos a término fijo (21,6 %). Más de 43 % no tiene derecho a cesantías, casi 38 % no cotiza al sistema de salud, más de 57 % lo hace al pensional.

En el caso de los independientes, se pudo establecer que el 80 % de ellos se dedica tiempo completo a la actividad laboral y apenas el 10 % es cotizante del sistema de salud y 8,3 % del pensional.

En cuanto a horas trabajadas, 30 % de los asalariados dice exceder el límite razonable (legal) de horas laborales frente a un 35 % de los independientes.

El estudio dio cuenta de diferentes factores que influyen en el nivel de precariedad del trabajo para estos jóvenes. Por ejemplo, un título de bachiller multiplica por 3 las posibilidades de tener un trabajo no precario para un joven de estratos bajos, casi el mismo nivel (2,9) en que lo hace un título de tecnólogo o técnico.

De otro lado, un título de universitario multiplica por 1,7 las posibilidades de tener un trabajo no precario, frente al 1,8 que ofrece un título de posgrado.

Por otra parte, cuando los jóvenes en la base de la pirámide residen en ciudades grandes, la posibilidad de lograr vinculaciones laborales no precarias se multiplica por 1,8 veces.

En suma, se puede ver que “los jóvenes que tienen un bajo nivel de escolaridad, que se emplean por primera vez, que están ubicados en ciudades pequeñas y/o se vinculan a sectores de transporte, almacenamiento, comunicaciones, comercio, hoteles y restaurantes y a empresas de hasta cinco trabajadores/as, están expuestos a un alto riesgo de precariedad laboral”.

El estudio presentado por Cuso y el gobierno de Canadá buscó llamar la atención sobre esta situación alarmante que está relacionada con brechas no sólo en la población ocupada: el desempleo afecta a 19,4 % de los jóvenes de estratos 1 y 2, frente al 11,7 % de los jóvenes de estratos 4, 5 y 6 y a 10,2 % del total de la población de las ciudades. “Estas desigualdades son aún más desgarradoras con las mujeres jóvenes urbanas, que enfrentan una tasa de desempleo del 25,9 %”, dice el estudio.

El documento resalta la necesidad de atender esta problemática que pone a cerca de 7 millones de jóvenes en una posición vulnerable para “permanecer en condiciones de pobreza de poder vida, negándoles el derecho al desarrollo y a una vida digna”.

El estudio recomienda que el Gobierno Nacional impulse iniciativas que permitan “ampliar el nivel educativo y formación de los jóvenes en situación de pobreza. También, de políticas que permitan la interacción entre el sector público, privado y la sociedad civil, para que se aborden posibles soluciones al problema de la precariedad laboral y se logre una conexión entre oferta y demanda laboral”.

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