El abogado del diablo

Herbert Hoelter, el consultor y abogado de criminales de cuello blanco, no sólo ha asesorado a Bernard Madoff, sino a personajes como Michael Milken y Peter Madoff.

Bernard Madoff, el financista neoyorquino condenado a 150 años de prisión por la orquestación del esquema Ponzi, uno de los mayores fraudes. / EFE
Bernard Madoff, el financista neoyorquino condenado a 150 años de prisión por la orquestación del esquema Ponzi, uno de los mayores fraudes. / EFE

Herbert Hoelter siente pesar por Bernard Madoff, el financista de Nueva York caído en desgracia, que orquestó el esquema Ponzi de US$65.000 millones, que se convirtió en uno de los fraudes financieros más grandes de la historia.

Hoelter considera que el criminal convicto es “una víctima”. ¿Por qué? Porque “muchas personas se aprovecharon de él”. Admite que es un punto de vista inusual, pero su información proviene de sus propias conversaciones privadas con Madoff.

“Incluso al tiempo que su esquema estaba deshaciéndose e intentaba mantener alejados a los inversionistas, la gente insistía. Preguntaba: ¿Acaso no soy lo suficientemente bueno para usted? La gente tenía expectativas infladas. La gente sufrió. La codicia es muy poderosa y juega un papel central en la motivación de los inversionistas”.

Los inversionistas debieron haber sido más escépticos, dijo Hoelter. “Si recibo retornos de 7%, me siento satisfecho, pero si alguien dice que va a darme retornos enormes, hay que levantar una ceja”. Hoelter sabe una o dos cosas sobre la codicia. Ha sido la causa de la caída de sus clientes, pues trabaja como consultor de prisiones y sentencias para los criminales de cuello blanco.

Además de trabajar para Madoff, asesoró al hermano del financista, Peter Madoff, quien a finales del año pasado recibió una sentencia de 10 años por su papel en el fraude Ponzi. También ha sido contratado por, entre otros, Michael Milken, el “Rey de los Bonos Basura”, y Raj Rajaratnam, el fundador del fondo de apalancamiento Galleon Group, que fue hallado culpable en 14 cargos por conspiración y fraude.

Trabaja con los abogados de sus clientes para ayudarles a mitigar las sentencias y para desarrollar solicitudes que lleven a penas alternativas distintas de la prisión, como el servicio comunitario.

El incansablemente optimista consultor de 62 años nació en Buffalo, Nueva York, y creó en 1977 el Centro Nacional de Instituciones y Alternativas. El objetivo era cambiar la manera como se trataba a los infractores juveniles. Su misión era transformar la forma de dictar sentencias, abogando por la rehabilitación en lugar de la cárcel.

El cambio de jóvenes delincuentes a profesionales de mediana edad sucedió un año después, cuando se le pidió que trabajara en representación de un doctor acusado de cometer fraude en los cobros. Convenció al juez de que el doctor debería reparar su crimen trabajando en un hospital para niños en lugar de ir a la cárcel. Desde entonces se ha especializado en crímenes de cuello blanco.

Su equipo conformado por  ocho personas asesora a unos 150 criminales de cuello blanco al año. La empatía es crucial para su trabajo. Cree que los criminales de cuello blanco han sido víctimas del sistema. “Durante la última década hemos criminalizado todo. Antes, hubieran pagado una multa por hacer transacciones ilegales y habrían sido juzgados en una corte civil. Ahora está criminalizado. Es un sistema muy difícil para quien se defiende”.

Las sentencias, dice, son desproporcionadas. “Hay un fuerte componente de establecer ejemplos con las personas, pero la mayoría de quienes cometen crímenes de cuello blanco no creen que hayan hecho nada malo. Saben que están caminando una delgada línea, pero son corredores agresivos”.

Él cree que la mayoría de los jueces son humanitarios y están buscando una razón para dictar una sentencia más baja de la que piden los fiscales. El trabajo de Hoelter es ayudarles a encontrar esa razón. El equipo tiene una base de datos con los detalles de todas las sentencias. Si está trabajando a nombre de un cliente que, por ejemplo, comete una primera violación mediante un fraude de acciones por US$200 millones, el equipo busca precedentes y sugiere una sentencia que se parezca a ellos. También tratarán de argumentar a favor de las bondades sociales de hacer que los clientes trabajen, en lugar de que corten el pasto en una cárcel. También intenta que la cárcel a la que vayan esté cerca de sus familias.

En el caso de Madoff, Hoelter realizó un análisis estadístico que arrojó que la sentencia promedio para casos similares, incluso aquellos con una magnitud mayor, era menor a 15 años. Claramente el juez no tuvo esto en cuenta cuando lo condenó a 150 años.

El juez que dictó la sentencia, Denny Chin, dijo luego en una entrevista que “pesaron más todas las otras consideraciones que el beneficio de darle esperanza a Madoff”.

Hoelter describe la sentencia de 150 años como “una sentencia política. A su edad, Madoff habría podido ser condenado a 25 años y habría muerto en prisión”.

Finalmente, cree, todos merecen una segunda oportunidad, y ve a muchas personas encontrar una redención mientras que cumplen una sentencia. “Una persona debería ser juzgada según lo que hizo a lo largo de su vida. La gente comete errores. Todos cometemos errores”.

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