El acuerdo griego fue la parte fácil

El acuerdo anunciado el lunes en la mañana ha evitado, al menos por ahora, la salida inmediata de Grecia de la zona euro –resultado que ningún dirigente europeo estaba aún dispuesto a llevar a su conclusión cada vez más lógica–.

Christine Lagarde, directora del FMI. / Bloomberg

Grecia asumió importantes compromisos en materia de políticas a cambio de unos US$100.000 millones de financiamiento externo. Pero el acuerdo aún no ofrece el tipo de alivio de la deuda que el país necesita con urgencia.

Las negociaciones del fin de semana fueron sumamente duras y desprolijas y estuvieron muy cerca de desbarrancarse varias veces. La implementación será igualmente difícil e incierta… y no sólo debido a los desafíos económicos y financieros. Los aspectos institucionales, políticos y sociales son también espinosos.

Como reflejo de la triste historia reciente de la relación de Grecia con Europa, que ha debilitado la confianza y el respeto mutuos, el acuerdo impone una supervisión y una microgestión invasivas de las instituciones europeas y el Fondo Monetario Internacional. Y las condiciones no se limitan a una larga lista de medidas que deben tomarse antes de que se libere el dinero y a lo que probablemente sean revisiones frecuentes in situ. El gobierno griego también tiene que crear un fondo especial para recibir activos del Estado y el producto de las privatizaciones para destinar a actividades que los acreedores consideran importantes –como saldar deuda y recapitalizar los bancos– y que requieren su estrecha participación.

Además de recapitalizar su sistema bancario, el gobierno griego debe asegurarse un financiamiento puente para cumplir con los pagos atrasados al FMI y hacer efectivo un pago inminente al BCE. Y esto debe hacerse de un modo que reconozca que el stock de deuda existente de Grecia ya es insostenible.