El ajedrez de las comunicaciones

Gobierno, analistas, inversionistas y los propios usuarios esperan que la puesta en marcha del servicio de internet inalámbrico de alta velocidad cause un remezón en la industria, tal como ocurrió 13 años atrás.

El que alguna vez fue llamado “Negocio del siglo”, que unió las fuerzas de los principales magnates colombianos, iba camino a ser todo un fracaso. Los altos costos, tanto de los equipos como del servicio de telefonía móvil, eran las principales razones para que los balances financieros de Comcel y Celumóvil, los únicos operadores a finales de los años 90, estuvieran plagados de pérdidas.

Aquellos números en rojo derivaron, con la llegada del siglo XXI, en un cambio de propietario: aquejada por pasivos superiores a los US$1.300 millones, Celumóvil aceptó la oferta de la estadounidense Bell South de hacerse con el 33% de las acciones y convertirse en accionista principal a cambio de US$295 millones.

En la otra orilla, en Comcel, los pasivos ascendían a US$185 millones. “Pensábamos que éramos agresivos en algunos aspectos, pero no entendimos realmente los mercados de prepago. Era un tema que no se mencionaba en la junta directiva”, recuerda Wally Swain, el ejecutivo que al término del año 2000 asumió el control de la operación para su principal accionista, la canadiense Bell.

Claro que su gerencia tuvo un claro sabor a despedida. Él fue el hombre de poner la casa en orden para la llegada del nuevo dueño: Telecom Américas, un consorcio liderado por las compañías mexicanas del por entonces desconocido empresario Carlos Slim. Gracias a los negocios en conjunto que habían desarrollado en Brasil, la absorción de Comcel se convirtió en un tema de conversación y se materializó en 2002.

Desde entonces, la filosofía de la compañía y la esencia del mercado cambiaron para siempre. El primer cambio del nuevo dueño se centró en una agresiva política de compra de equipos para ofrecerlos, junto con subsidios, a un precio más bajo y así captar nuevos usuarios prepago. Por otro lado, obligó a Telecom, ya ETB, a venderles su participación minoritaria: así se evitaba la tardanza propia de las entidades públicas en la toma de decisiones estratégicas y las negativas constantes de aumento de capital.

“Era un manejo del flujo de caja completamente distinto, tanto que cambió las reglas del juego”, explica Swain, hoy vicepresidente sénior de Mercados Emergentes de la consultora Yankee Group. En los años siguientes, Bell, su antiguo empleador, vendió toda su participación en América Latina y el mundo para concentrarse en los clientes canadienses de alto valor.

El nuevo mercado

En tan sólo cinco años, la telefonía móvil colombiana pasó de ser un ejercicio de alto endeudamiento a una industria rentable. Para que esa transformación ocurriera fue preciso que la primera oleada de inversionistas, los impulsores, les dieran paso a jugadores expertos. Los pioneros, como los Grupos Santo Domingo, Sarmiento Angulo y Ardila Lülle, Carvajal o Cable & Wireless, vendieron sus participaciones a compañías expertas en despertar el potencial de los mercados emergentes.

Para 2005 el mercado contaba con tres grandes competidores: América Móvil, dueña de Comcel (cambió la marca a Claro en 2012); la española Telefónica (le compró la operación a BellSouth y la integró en Movistar), y la luxemburguesa Millicom, aliada con ETB y UNE (primero con el operador Ola y, después, con Tigo). Entre ellas construyeron un mercado competitivo en precios, con economías de escala que le permitieron sumar usuarios bajo la promesa de tarifas bajas, equipos económicos y nuevos servicios, como mensajes de texto, contenidos de audio, acceso al correo electrónico y una incipiente navegación por internet.

De esa forma la industria pasó de 2,25 millones de abonados en el año 2000 a 27,95 millones en marzo de 2006, y de ahí a 47,31 millones en junio de 2013. “Los inversionistas extranjeros expresaron abiertamente su interés en el mercado colombiano hacia 2007, en gran parte por el crecimiento económico promedio anual de 4% y porque no existen barreras políticas que impidan la entrada de nuevos operadores”, explica Sunny Dogra, director de la firma Rawlings Consultants.

Pero este mundo perfecto también sufría de fallas estructurales. Gracias a su espectacular flujo de caja (cuenta con ingresos anuales cercanos a los $10 billones) y a la integración de otros servicios, como televisión paga, internet (fija y móvil) y telefonía fija, Comcel se adueñó del mercado a tal punto, al finalizar 2010, con el control del 65,80% en telefonía móvil.

Desde esa posición la compañía adoptó una serie de medidas para aumentar su cuota a costa de mayores tarifas contra sus competidores, las cuales generaron una concentración de usuarios muy alta; por su parte, Telefónica concentró toda su operación en consolidar el liderazgo en la proveeduría de datos móviles.

Paradójicamente, el éxito de ambas compañías se convirtió en una limitante a la expansión de la industria. “Un mercado pequeño, de 50 millones de personas, con un operador dominante con el 60% del mercado, y un segundo, con el 25%, se convierte en menos atractivo para un operador o grupo internacional como Verizon o Vodafone que quieren desarrollar posiciones de liderazgo en cada mercado”, comenta Dogra.

La cuarta generación

Al ver ese panorama, el Gobierno decidió actuar. Su apuesta fue por LTE (conocida como cuarta generación de comunicaciones o 4G), una nueva tecnología que ofrece una mejor experiencia de internet a través de más velocidad de navegación y menor tiempo de descarga. Ella sería la puerta para desarrollar una industria de contenidos digitales y una gran oportunidad para democratizar su cobertura en el país.

Una realidad por la que los operadores pagarían mucho dinero. El primero en desplegarla ha sido UNE, que entre 2010 y 2013 invirtió más de US$40 millones para cubrir con el servicio a 10 ciudades del país. “Nuestra marca siempre está asociada con calidad de servicio e innovación. Gracias a los servicios que ofrecemos hoy tenemos el 50% del mercado de 4G en América Latina y esperamos cerrar el año con 200.000 abonados”, cuenta Marc Eichmann, su presidente.

Posteriormente, en junio de 2013, el Gobierno adjudicó cinco licencias a seis operadores para que, en el término de un año, se sumen a la competencia del 4G con mejores ofertas de servicio y tarifas bajas; a cambio recibió $770.530 millones que invertirá en programas educativos y de inclusión social a partir de la nueva tecnología.

“La banda ancha móvil 4G será responsable del 80% de las suscripciones móviles de operadores colombianos en 2017, lo que señala un crecimiento destacable en la demanda. Colombia y otros países de América Latina han dado los primeros pasos en el camino hacia una mejor calidad, cobertura y precios para sus habitantes”, predice Bob Calaff, director de 4G Américas para América Latina y el Caribe.

En esta nueva carrera el partidor de la industria contará con seis carriles. Para Wally Swain, los cuatro primeros son los que llamarán la atención: “Claro seguirá siendo fuerte con su política de precios bajos para todo tipo de equipos, mientras que Movistar está haciendo un buen trabajo al construir un ecosistema móvil, lleno de tecnología y aplicaciones digitales”.

El tercero promete concentrar la atención de los reflectores: “Si se consolida la integración entre UNE y Tigo, tendremos un operador de peso que hoy les apuesta a los jóvenes, la próxima generación con poder de decisión económico. Pero hay que ver si reproduce, a nivel gerencial, los mismos pulsos de poder entre Bogotá y Medellín, que le trajeron problemas a Ola”.

Y en el cuarto se espera una buena actuación de DirecTV: “Entiende muy bien la estrategia de hogares. Su éxito dependerá de qué tan bien integre la banda ancha inalámbrica”. Aunque ETB y Avantel, los otros dos corredores, planean fuertes inversiones para competir en segmentos específicos, su desempeño no le genera tantas expectativas: “Creo que se concentrarán mucho en sus nichos, aspirando a cuotas de cientos de miles de suscriptores”.

La carrera comenzará en forma en 2014, cuando se espera que los diferentes actores comiencen a ofrecer su nuevo portafolio. ¿Se anticipan cambios? Se darán. Pero Sunny Dogra no los ve tan radicales: “Los operadores entrantes, como Avantel, pueden lograr un 5% de participación de mercado en el mediano plazo, el mismo porcentaje que perdería Claro”.

 

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