El Banco de Inglaterra y el escándalo Libor

Para una compañía con una orgullosa historia de 300 años es deprimente que incluso luego de que la manipulación del Libor le hubiera costado al presidente de su junta directiva, Marcus Agius, y a su consejero delegado, Bob Diamond, Barclays no logre salir del hoyo.

Mientras que estaba sentado a pocos metros de Paul Tucker el día lunes, me llamó la atención la ironía del momento. Allí estaba el presidente encargado del Banco de Inglaterra enfrentando un agresivo interrogatorio en torno a su conducta en octubre de 2008. Sin embargo, durante ese período se produjo el punto más alto de la política económica británica de la última década.

El presidente de la comisión de Tesoro estaba presionando a Tucker. Andrew Tyrie, el parlamentario conservador, pudo haber tenido razón cuando describió las cuentas del Banco de Inglaterra como “un poco desordenadas”, pero las grandes decisiones de las autoridades fueron acertadas.

Luego de haber tenido desencuentros durante los primeros meses de la crisis financiera, el Banco de Inglaterra, el Tesoro y la oficina del primer ministro estaban trabajando como un equipo. Dos de los cuatro grandes bancos de Gran Bretaña fueron recapitalizados para prevenir su fracaso. El Banco de Inglaterra finalmente aceptó que tenía que ser un generador de mercado de último recurso, así como una institución que proporcionara préstamos de emergencia a tasas que castigan.

Las autoridades respaldaron la financiación a los bancos de Gran Bretaña a cambio de que éstos realizaran pagos, y los políticos británicos y los funcionarios tuvieron éxito en la exportación de estas políticas de emergencia a los Estados Unidos y a la Unión Europea. Fue un mes trepidante.

Tenía que serlo. En ese momento las economías occidentales estaban a punto de colapsar. Si los ministros o funcionarios hubieran intentado presionar a los bancos para que falsificaran la referencia a sus tasas de interés, habría sido perfectamente entendible y quizá deseable. La guerra no es bonita. Pero las pruebas hasta ahora no demuestran que hubiera trampas. En cambio, los registros de correos electrónicos muestran a funcionarios quejándose de que las altas tasas Libor de Barclays eran una señal de que un tercer banco de Gran Bretaña estaba fallando. Otros demuestran que también estaban preocupados de que el diseño de la política pudo no haber sido óptimo. Surgen dos preguntas importantes en torno a los eventos de esta semana. ¿Cómo hizo Tucker para terminar implicado como elemento en el escándalo Libor de 2008? ¿Y qué nos dice este período sobre la política económica de hoy?

De forma casi inevitable, Barclays está implicado en la primera pregunta. Para una compañía con una orgullosa historia de 300 años es deprimente que incluso luego de que la manipulación del Libor les hubiera costado al presidente de su junta directiva, Marcus Agius, y a su consejero delegado, Bob Diamond, Barclays no lograba salir del hoyo. Cumplieron su amenaza de implicar al Banco de Inglaterra en el escándalo Libor al hacer pública una nota de la época redactada por Diamond, en la que describía una conversación de octubre 29 de 2008, en la que se entendía que las autoridades estaban tolerando la manipulación del Libor.

Barclays no consideró adecuado hacer públicos los correos electrónicos entre los dos hombres, y que colocaba en contexto la conversación telefónica, y removió las preguntas pendientes en torno a Tucker. Al revelar tan sólo parte de las pruebas, Barclays no pudo haber elegido una mejor manera de demostrar la presencia de las preocupaciones que tenían las autoridades en torno a su “agresiva […] interpretación de las reglas y regulaciones relevantes”.

Sin embargo, la culpa por la situación de Tucker está más cercana a casa. El Banco de Inglaterra tenía las pruebas relevantes, pero no hizo nada al respecto. No entiendo en qué estaba pensando su jerarquía de mando o su departamento de comunicaciones.

El permitir que Tucker, el único candidato interno para ser el próximo presidente del banco, estuviera durante una semana asociado en el ojo público a Diamond, ha sido profundamente dañino para su perfil externo. Demuestra que no es una organización que esté preparada para el delicado rol de comunicaciones que implica la supervisión bancaria.

Volver sobre la historia de 2008 es importante para responder a la segunda pregunta, pues el período invita a hacer comparaciones con la administración económica de hoy. En aquel momento el mundo estaba en crisis y las autoridades demostraron una admirable habilidad para diseñar las políticas económicas correctas. Para el observador razonable es una respuesta asombrosa ante una situación intimidante. No obstante, George Osborne, el ministro de Finanzas de Gran Bretaña, aprendió una lección distinta. Vio una oportunidad para ganar puntos políticos y, en un momento de confusión, tomó dos hechos, que Gordon Brown era primer ministro y que Barclays manipuló la tasa Libor en 2008, y asumió que debía haber un vínculo causal entre ambos. Aquellos que estaban cerca de Brown, dijo, “claramente estaban involucrados”. Cuando se le pidió que mostrara las pruebas, aquellos cercanos al ministro dijeron que la acusación estaba basada en “lo que se dice en la City” y en la ausencia de una clara negación por parte de los ministros anteriores.

Osborne aún puede redimirse, comenzando con la inauguración la próxima semana del esquema Financiación para Préstamos, dirigida a darle fin a la falta de crédito en la economía real. Sin embargo, tiene que recorrer un largo camino antes de que su historial de política económica sea igual de bueno que el de los funcionarios de octubre de 2008.

Temas relacionados
últimas noticias

¿Qué estoy pagando en un tiquete aéreo?

Censo de población, una puerta a la vez