El bloque de los negocios regionales

Las compañías de los cuatro países miembros (Colombia, México, Perú y Chile) esperan que el acuerdo les permita diversificar sus operaciones y conseguir nuevos clientes. El gran reto, no obstante, será la integración financiera.

Debido a la floreciente actividad comercial de la Alianza del Pacífico, la actividad en el puerto colombiano de Buenaventura creció 12,5% entre 2012 y 2013. / Archivo

Rodeado de grúas ruidosas que cargan y descargan contenedores en los ajetreados muelles del puerto de Buenaventura, Domingo Chinea expresa grandes esperanzas en el floreciente bloque comercial de la Alianza del Pacífico. “Abrirá la puerta a un mayor tráfico de mercancías”, dice el gerente de la sociedad que administra la principal terminal de la ciudad. El puerto maneja más de la mitad de la carga marítima de Colombia.

“Siempre ha habido tráfico desde México, Perú y Chile, pero está creciendo, especialmente desde este último”, añade. Lo resalta porque, gracias a la influencia del bloque, la actividad anual en el puerto ha crecido 12,5% frente al promedio de 9,5% de años anteriores.

A pesar de estar acosada por la violencia y la pobreza, Buenaventura es la principal puerta del país al océano Pacífico y recibe bienes manufacturados desde Asia, al igual que cargamentos crecientes de vino chileno y de su dinámico sector de retail. Entre las exportaciones que pasan por el puerto sobresalen los cargamentos de café prémium hacia Japón y un amplio rango de productos del Grupo Nutresa, el principal fabricante de alimentos del país.

“Aunque ya tenemos operaciones en los países miembros, creo que la Alianza del Pacífico no sólo generará beneficios adicionales para compañías como la nuestra, sino también, en términos generales, para sus economías y consumidores”, dice Carlos Enrique Piedrahíta, presidente saliente del conglomerado. Sus operaciones se extienden a los otros tres socios comerciales (se expandió a Chile el año pasado al comprar a Tresmontes Lucchetti por US$758 millones) y a Asia.

Además de las diversas ventajas que se esperan de la Alianza del Pacífico —como el aumento en las inversiones y la remoción de barreras para el movimiento de personas y recursos compartidos—, en términos estrictamente comerciales los beneficios pueden ser limitados. Es un fenómeno que se presenta tanto en América Latina como en Asia, donde el bloque hace un esfuerzo especial por fortalecer los lazos.

Cristian López, director corporativo de exportaciones en la firma chilena Concha y Toro, el principal productor vinícola de la región, dice que la compañía ha recogido gran parte de los beneficios de los acuerdos comerciales que el país firmó hace tiempo con destinos como China, Japón y Corea del Sur.

“La Alianza del Pacífico no brinda grandes beneficios ni perjuicios al sector vinícola. Los tratados de libre comercio que Chile ha firmado ya tienen un efecto positivo en nuestra industria”, asegura. Sin embargo, cree que Asia, y en particular China, se mantienen como un principal dinamizador del mercado, mucho más que América Latina y Europa: “Nuestro reto es construir una marca allí y conquistar las barreras culturales”.

Felipe Manterola, quien gerencia la asociación que representa al salmón chileno, uno de los principales renglones exportadores del país, dice que el sector está más interesado en los prospectos del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Cooperación Económica (TPP), un tratado mucho más ambicioso que incluye a Estados Unidos y a otros países asiáticos. En su opinión, el TPP podría reducir barreras comerciales incluso más lejanas. Sería el caso de Japón, destino de alrededor de un cuarto de las exportaciones chilenas de salmón.

La Alianza del Pacífico sigue siendo vista como una oportunidad importante para compañías sólidas que aún no tienen inversiones en sus países miembros. “Será importante para la productividad y la competitividad futura de nuestras empresas”, comenta José Alberto Vélez, presidente del Grupo Argos, líder en el mercado colombiano de cemento, que cuenta también con operaciones de gran escala en Estados Unidos, el Caribe y Centroamérica. “Es una oportunidad interesante para que Colombia siga expandiéndose internacionalmente, al igual que para establecer una conexión sostenible con los demás países a lo largo de la costa Pacífica”, agrega.

Un área con mucho trabajo por delante es la de integración financiera, aunque ha habido progresos. Sin estar completamente satisfechos con la profundidad de sus mercados locales, los fondos de inversiones de Chile y Colombia han consolidado administradoras de pensiones en países vecinos.

Por ejemplo, Sura, uno de los principales grupos financieros de Colombia, se hizo en 2011 con los activos del grupo holandés ING en México, Perú, Chile y Colombia por US$3.600 millones. Y ha gastado alrededor de US$400 millones en fondos pensionales peruanos desde 2012.

“La Alianza del Pacífico es una oportunidad para que los fondos de pensiones diversifiquen sus inversiones en cuatro diferentes mercados de la región”, dice David Bojanini, su presidente ejecutivo, quien ve ventajas en el bloque “siempre que provea un ambiente de inversión más ágil y flexible”.

Pero Jorge Errázuriz, un prominente banquero chileno comprometido con la promoción de la Alianza del Pacífico, admite que los planes más ambiciosos para integrar los mercados bursátiles de los países miembros hasta ahora han sido decepcionantes. El Mercado Integrado Latinoamericano (Mila) “no está funcionando”, afirma.

“La integración de los mercados financieros es un gran reto”, sostiene. “La única forma de alcanzarla es ir paso a paso. Si nos detenemos, nunca llegaremos a la cima. Además, generará beneficios para las compañías, los consumidores y los países miembros”.