El desafío de la inclusión económica

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional hace un llamado a los grandes empresarios para que piensen y actúen contra el crecimiento de la desigualdad económica en todo el mundo.

“Mientras los asalariados en el 10 % superior de la distribución aumentaron ingresos en un 40 %, los de quienes se encuentran en la parte inferior crecieron modestamente”: Christine Lagarde. / AFP

En el 2016, la atención mundial se centró en los principales acontecimientos políticos que ocurrieron en la Unión Europea, Estados Unidos y otros países; todos estos lugares donde los votantes expresaron sus preocupaciones profundas acerca del comercio, la migración y los cambios estructurales en el mercado laboral.

Sin embargo, desde el punto de vista económico, el 2016 fue un año bastante tranquilo: la economía mundial continuó su lenta recuperación y la actividad económica en Estados Unidos, Europa y los mercados emergentes mejoró gradualmente, a pesar de que permanecen algunas vulnerabilidades. E incluso las economías de bajos ingresos que han luchado para ajustarse a la caída de los precios de las materias primas puede que reciban un pequeño impulso, dados los recientes aumentos de precios.

Notablemente, los mercados financieros hasta el momento han tomado con calma las agitaciones políticas del año. De hecho, la perspectiva de una postura fiscal más expansiva en EE.UU. ha aumentado las expectativas de crecimiento e inflación a nivel mundial en un futuro próximo. Esto da señales de la posibilidad de un alivio para los bancos centrales de las economías avanzadas, mismos que han soportado la mayor parte de la carga de la política económica durante los años de lenta recuperación a partir de la crisis financiera mundial del año 2008.

Como ha venido sosteniendo el Fondo Monetario Internacional, ya desde algún tiempo atrás, el resurgimiento del crecimiento requiere del apoyo de la política fiscal en los países que pueden costearlo, respaldado por la política monetaria y las reformas estructurales encaminadas hacia el objetivo de elevar la productividad y el crecimiento.

Varios factores en 2017 podrían mover la economía mundial hacia un crecimiento más fuerte y sostenido. Para empezar, Alemania asumirá el liderazgo del G20 y probablemente impulsará reformas estructurales y medidas de fortalecimiento de la capacidad de resiliencia en las economías más grandes del mundo. De manera paralela, China continuará reorientando su modelo económico, alejándolo de las exportaciones y dirigiéndolo hacia la demanda interna. Y debemos esperar ver más dinamismo juvenil en muchas economías asiáticas y latinoamericanas. El nuevo gobierno estadounidense hará hincapié en la reforma del impuesto de Sociedades y la inversión en infraestructura.

Pero, por supuesto, las mismas fuerzas que impulsan la evolución política de este año continuarán planteando desafíos en el año 2017. Por ejemplo, el progreso tecnológico y los mercados donde los ganadores son los únicos beneficiados están ampliando la desigualdad de ingresos en muchos países, incluso a medida que los ingresos a nivel mundial están convergiendo. En las principales economías avanzadas, durante el transcurso de las últimas dos décadas, los asalariados en el 10 % superior de la distribución aumentaron sus ingresos en un 40%, mientras que los ingresos de los que se encuentran en la parte inferior crecieron sólo modestamente.

Otro problema cada vez más complejo que la comunidad internacional tendrá que afrontar es la migración, mismo que se está amplificando debido a las presiones geopolíticas en todo el mundo. Si bien los migrantes y los refugiados pueden aportar beneficios sustanciales a los países de acogida, su llegada a nuevas comunidades también puede aumentar los temores relativos a cambios económicos y culturales.

A lo largo de una amplia gama de países, un número creciente de personas cree que las autoridades han perdido el contacto con sus intereses y su bienestar. Estas personas sostienen que restricciones más estrictas a la circulación transfronteriza de bienes, capital y personas conducirán al restablecimiento de sus propias perspectivas de empleo y seguridad económica.

Sin embargo, un retroceso del libre comercio y de los mercados abiertos sólo pondría en peligro las ganancias sin precedentes en bienestar y nivel de vida que se lograron en las últimas décadas y los hogares de bajos ingresos serían los más afectados. El desafío, por lo tanto, es preservar los beneficios de la apertura económica mientras se abordan de frente y sin rodeos las desigualdades.

Por su parte, el FMI considera que una distribución más equitativa de los ingresos no sólo es una política social sólida, sino que es también una política económica sólida. Nuestra investigación muestra que reducir la alta desigualdad hace que el crecimiento económico sea más sólido y sostenible en el largo plazo.

Creo que hay varios pasos que los países pueden tomar para abordar la desigualdad. Para empezar, los gobiernos pueden aumentar su apoyo directo a los trabajadores menos cualificados, especialmente en las regiones geográficas que han sido más afectadas por la automatización y la subcontratación. Específicamente, los gobiernos deben aumentar sus inversiones públicas en servicios de salud, educación y capacitación de habilidades; y deben hacer un esfuerzo para mejorar la movilidad ocupacional y geográfica. Todos los países deben entender la necesidad de tener formas de educación permanente con el objetivo de preparar a las generaciones actuales y futuras para que manejen tecnologías que cambian rápidamente.

En segundo lugar, los gobiernos deben fortalecer las redes de seguridad social, especialmente para las familias, promoviendo el cuidado infantil a costo asequible, el permiso parental, el acceso a la atención médica y la flexibilidad en el lugar de trabajo. También pueden implementar reformas tributarias y salarios mínimos legales para apoyar a los asalariados de bajos ingresos, y pueden crear incentivos fiscales para incorporar a más mujeres al mercado laboral.

En tercer lugar, los gobiernos deben comprometerse a garantizar la equidad económica a fin de restablecer la confianza social y reforzar el apoyo público a las reformas. Específicamente, los gobiernos deben fomentar más la competencia en las industrias importantes que carecen de dicho ámbito de competencia, deben tomar medidas enérgicas contra la evasión de impuestos y evitar las prácticas comerciales que trasladan las ganancias a lugares con bajos impuestos.

Estas son sólo algunas de las políticas que pueden mejorar la inclusión económica. Y se deben hacer mayores esfuerzos por identificar medidas adicionales –y para implementarlas con eficacia–. Esta es una tarea no sólo para los políticos y los funcionarios públicos, sino también una tarea para los profesionales de la economía en su conjunto.

No me cabe la menor duda de que los acontecimientos políticos del año 2016 concentrarán la atención de las mentes de los formuladores de políticas en ayudar a los que menos se han beneficiado de la integración económica o a los que han sido desplazados por cambios en el mercado laboral impulsados por la tecnología. Sólo podemos elevar el nivel de ingresos si nos juntamos y avanzamos rápidamente para construir una economía mundial más fuerte y más inclusiva. Este es tanto el desafío como la oportunidad para el año 2017. Debemos avanzar rápidamente y debemos hacerlo juntos.

Traducción del inglés de Rocío L. Barrientos
Copyright: Project Syndicate, 2016.
www.project-syndicate.org

 

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