El dólar, una nota a pie de página

En 2002 comenzaron los días tristes para la divisa estadounidense, que pierde fuerza en los mercados. Los líos económicos del país del norte han hecho que los capitales tomen rumbo a Europa Central y Asia. Este apetito también comienza a generar dolores de cabeza en las industrias locales.

Seis gramos y tres cuartos de plata. Ése era el precio nominal del franco suizo en 1798, cuando la entonces República Helvética creó una moneda única para poner orden en su incipiente sistema económico dominado por 19 piezas monetarias emitidas por el mismo número de cantones.

Siglo y medio después, bajo el dominio del sistema de Bretton Woods que estableció al dólar estadounidense como patrón de cambio mundial, la gente debía pagar cuatro francos y 37 céntimos para adquirir una moneda plateada grabada con el perfil de la diosa Libertad. Ya en el nuevo milenio, con 1,55 francos era posible comprar un euro.

Hoy en día, los inversionistas de todos los extremos del mundo libran intensas batallas para hacerse con una buena provisión de aquellos coloridos billetes que cambian de tamaño según su denominación. Gracias al mal estado de la economía estadounidense y a la avalancha fiscal que afecta a la Unión Europea, la moneda suiza se ha convertido en el refugio predilecto de quienes buscan un poco de tranquilidad en medio de la volatilidad de las bolsas.

“Desde la Segunda Guerra Mundial, Suiza se ha convertido en el destino de grandes capitales y fortunas, gracias a que su neutralidad política ha propiciado una economía segura y tranquila”, comenta José Roberto Acosta, gerente de inversiones de la firma comisionista Asesores en Valores.

Las cifras del segundo trimestre del año revelaron que el PIB creció 2,3% frente al mismo periodo de 2010 y que las exportaciones siguieron por encima de las compras externas; sin embargo, el voraz apetito de los mercados por el franco elevó en 10% el tipo de cambio y puso en aprietos a los exportadores cuando tuvieron que desembolsar 1,37 francos por euro.

Y mientras en Ginebra el Gobierno suizo anunciaba el desembolso de 730 millones de euros en ayudas para estimular sus exportaciones, en Tokio el Banco de Japón sacaba 40.744 millones de euros para debilitar al yen, otra de las monedas escogidas por los inversionistas mundiales para mantener su liquidez.

“Los japoneses son los que más ahorran en el mundo; de hecho, quienes tenían su dinero en el exterior lo llevaron de vuelta para apoyar la reconstrucción del país tras el tsunami de marzo. Desde entonces el valor del yen se ha incrementado en un 8%”, explica Acosta.

Es la tercera vez que el Gobierno nipón ordena la intervención monetaria para evitar que el apetito bursátil haga menos competitivos a sus productos en el exterior, justo cuando su economía necesita recuperarse de las multimillonarias pérdidas que la naturaleza dejó a principios de año.

Otros refugios tienen menos brillo porque su comportamiento está sujeto al vaivén de la crisis. Es el caso del dólar canadiense, el símbolo de una economía que, debido a la situación de su vecino estadounidense, se vio contraída 0,4% en el segundo semestre de 2011.

Sin embargo, el país sigue teniendo un futuro atractivo si se tienen en cuenta sus reservas petroleras de 1,7 billones de barriles. Esta semana, ante la aparente negativa de la Casa Blanca de autorizar la construcción de un nuevo oleoducto para agilizar el tránsito a las refinerías estadounidenses, Ottawa reveló planes de dirigirlo hacia el Pacífico y colmar la demanda asiática.

Una decisión que, sumada al anuncio gubernamental de un próximo estímulo para incentivar el consumo, llevó a la cotización de la moneda a su punto más alto desde noviembre de 2007.

“La están comprando porque su economía no genera preocupación en el largo plazo”, dice Daniel Lozano, analista de la firma comisionista Serfinco, refiriéndose a fortalezas como su tasa de desempleo, que bajó del 8,7% de agosto de 2009 a 7,2% en julio pasado. Situación similar ocurre con el dólar australiano, cuya carrera ascendente desde marzo pasado comienza a generarle preocupaciones a los principales grupos industriales.

Ya nadie echa de menos al otrora poderoso dólar, pues desde 2002, cuando Washington puso en marcha su guerra mundial contra el terrorismo y la economía comenzó a oprimir el freno, viene perdiendo fortaleza frente a otras divisas.

El cambio es tal que ya comienza a generar nuevos mercados. Aquellos jóvenes que en los años noventa compraban y vendían acciones desde la sala de su casa, hoy emplean las madrugadas estudiando las tasas de cambio foráneas para invertir en divisas. “Estamos hablando de inversionistas profesionales, gente conocedora del mercado, que invierte en monedas por grandes cantidades”, dice Lozano.

América Latina vive un apetito mucho más moderado por el real brasileño y los pesos chileno y colombiano. “Aquí priman las políticas fiscales y monetarias sólidas. Por eso los mercados también ven de cerca las monedas asiáticas”, concluye Acosta.

Temas relacionados