El hacker que trabaja para salvar el mundo

Pablos Holman trabaja con el Intellectual Ventures Laboratory, que se precia de ser uno de los mayores solicitantes de patentes en Estados Unidos. Ha colaborado en invenciones como el precursor del teléfono inteligente y hasta un reactor nuclear que trabaja con desechos.

Pablos Holman, hacker en Intellectual Ventures Lab. / Óscar Pérez

Pablos Holman se define como futurista, inventor y hacker. El lugar donde trabaja lo presenta como un hombre que se dedica a llevar ideas atrevidas a la práctica y viceversa. Ese lugar es Intellectual Ventures Laboratory, un centro interdisciplinario de investigación que se encarga de validar ideas, refinar tecnologías e inventar cosas con potencial comercial o humanitario, como, por ejemplo, un contenedor de vacunas compacto, de bajo costo y que no necesita electricidad (pensado para atender comunidades pobres y afectadas por enfermedades como la polio).

Holman estuvo de paso por Colombia para el Tigo Une Forum, y, en diálogo con El Espectador, habló de algunos de los inventos en los que ha trabajado en conjunto con el centro de investigación que se precia de ser uno de los que más patentes ha solicitado en Estados Unidos (asegura tener 70.000 patentes y solicitudes de patente). Explicó un poco de lo que lo hace diferente de cualquier otra persona que trabaja con computadores y lo que cree que debe ser prioridad para países en desarrollo, como los latinoamericanos, en relación con la tecnología. 

Usted se define como un hacker. ¿Qué significa eso?

Ser un hacker se trata básicamente de descubrir lo que es posible hacer con los computadores personales, qué cosas nuevas se pueden hacer. Se trata de tomar la habilidad que uno tiene para hacer un nuevo chip, un algoritmo o un sensor. Preguntarse si se puede cambiar algo y hacerlo mejor. Soy inventor. Mi trabajo es mirar a cinco o diez años, y pensar en qué será posible hacer técnicamente.

¿Qué lo diferencia de cualquier otro profesional que trabaje con Tecnologías de la Información (TI)?

Un profesional TI tiene el trabajo importante de implementar las tecnologías en los negocios, de tratar de ayudar a las personas de una industria a usar esas tecnologías. Pero su trabajo no es tratar de hacer las cosas primero. Ese es mi trabajo, con el fin de que ellos tengan algo que implementar. Trabajo en cosas que se podrían usar en cinco o diez años. Hay una diferencia en la forma como los hackers aprenden y la forma en la que se aproximan al mundo en comparación con un profesional TI o un científico. Un hacker no lee las instrucciones, no hace lo mismo dos veces. Toma un objeto, lo aísla y trata de descubrir en qué lo puede descomponer, qué puede construir con eso. Es un proceso de descubrimiento. Nunca obtienes invenciones siguiendo las instrucciones.

¿Cuál es su invento favorito?

Creo que es el favorito de la gente. Es una máquina para encontrar mosquitos que estén volando alrededor y que les dispara con un rayo láser. Es algo que emociona porque a la gente no le gustan los mosquitos. Lo inventamos como una intervención para la malaria, que mata a cerca de un millón de personas al año.

¿Ese es al tiempo el invento que considera más disruptivo?

No. Ni siquiera es una solución completa. Es solo una herramienta para atacar la malaria. El invento que creo que es más importante es un nuevo reactor nuclear que funciona con desechos nucleares. Cuando se resuelve el problema de la energía, se resuelven muchos otros problemas, y por eso creo que es el invento más importante. Es mucha energía, y la única forma en la que podemos hacerlo libre de carbón, gas o petróleo es con energía nuclear.

¿Cuánto se demorará la humanidad en adoptar todo eso?

Todos los días salen invenciones para la vida cotidiana. Pero pasa de una forma muy pequeña, no se siente cuando está pasando. En la mano uno tiene una supercomputadora (señala el celular), y es el reemplazo de una gran cantidad de otros dispositivos. Antes uno tenía un GPS, una cámara, una linterna, una libreta. Todo pasa (se introduce en la vida cotidiana) de una forma casi orgánica. De lo que yo hablo son invenciones que vienen del lugar en donde trabajo, que están en una etapa muy temprana y que están a diez años de ver a luz del día. El reactor nuclear tomará más tiempo; otras cosas, menos. Luego de que inventamos algo, pasarán cinco años hasta que alguien encuentre la manera de hacer un producto o negocio con eso, y otros cinco para que sea realidad. Con las invenciones uno está mal casi todo el tiempo, porque no puedo adivinar cómo será el mundo en diez años. Lo que hacemos lo hacemos a gran escala, así como puede operar una firma de capital de riesgo: que alguien invierte en 12 startups y espera a que alguna resulte siendo algo como Google, con otras 11 compañías que quebraron. Nosotros ponemos millones de dólares en mil invenciones esperando que una pague el esfuerzo.

En relación con la tecnología, ¿qué prioridades cree que deberían tener los países en desarrollo?

Creo que es importante poner a la gente en línea, y la banda ancha debe ser la línea base. Con eso, muchas cosas cambian para bien, la gente se puede conectar con otra gente que piensa de forma semejante, que tiene preocupaciones similares, y pueden empezar a pensar en cómo resolver sus problemas. Creo que es tan importante como el agua potable. En América Latina, la tecnología celular llegó de Estados Unidos a estos países en los años ochenta, y las compañías celulares se volvieron las más importantes localmente. El edificio más grande en las ciudades era el de la compañía celular. Tuvieron un impacto en las economías locales. Pero hoy no hay un Whatsapp, Facebook o Google latinoamericano. Todo eso vuelve a California. Eso es bueno para Estados Unidos, pero no creo que sea bueno para América Latina. Es importante que estos países, cuando sea el momento de aplicar estas tecnologías, lo hagan en una forma en que sea bueno para todos, que ayude a la economía y no mandar todo el dinero a California. Trato de salvar el mundo, no solo California. Creo que deben encontrar con sus fortalezas. Hay cosas en las que América Latina es buena y cosas en las que no. Es necesario encontrar lo bueno y capitalizarlo.

 

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