El hombre que resolvió todos los problemas

John Nash, premio nobel de Economía en 1994 y quien le ganó la pelea a la esquizofrenia, murió el sábado a los 86 años en un accidente de tránsito.

En 1959, a John Nash le fue diagnosticada una esquizofrenia que a principios de los 90 fue dando tregua. Nash siguió dedicando sus días a la matemática. EFE
“Este hombre es un genio”, decía la carta de recomendación de una sola línea que recibió la Universidad de Princeton para aceptar a un nuevo estudiante en el programa de doctorado en Matemáticas en 1948. El alumno era John Forbes Nash Jr., de 20 años de edad y quien para ese momento con seguridad era ya una de las mentes más brillantes del siglo XX.
 
El hombre que no necesitó más descripciones entregó dos años después, en 1950, su tesis doctoral de 27 páginas, titulada “Non-cooperative games” (Juegos no cooperativos), cuyo aporte sería luego conocido en la teoría de juegos como el Equilibrio de Nash. El trabajo que hizo a los 22 años lo hizo merecedor del Nobel de Economía en 1994.
 
John Nash Jr. nació el 13 de junio de 1928 en Bluefield, Virginia Occidental. Johnny, como lo llamaban, fue un niño “singular, solitario e introvertido”, según su biógrafa, la periodista Sylvia Nasar. Creció en un hogar amoroso, compuesto por Margaret Virginia Martin, una maestra de escuela que enseñaba inglés y latín, y el ingeniero eléctrico John Nash Sr.
 
Según Nasar, Nash no era un niño prodigio, pero era brillante y curioso. Su madre le enseñó a leer a la edad de cuatro años, mientras que su padre solía llevarlos a él y su hermanita Martha, nacida en 1930, a ver los sistemas de suministro eléctrico.
 
Contó el propio Nash en el texto que escribió para recibir el Nobel que cuando le llegó el momento de escoger una carrera, se inclinó como su padre por la ingeniería eléctrica. Se arrepintió y pasó por ingeniería química en Carnegie Tech, hasta que se dejó arrastrar por la insistencia de la facultad de matemáticas.
 
Según el New York Times, el alumno no tardó en ser reconocido por su arrogancia intelectual, sus hábitos raros —como abandonar las conversaciones y silbar sin parar— y perseverancia. “(En Carnegie) aprendí y progresé tanto que cuando me gradué me dieron un título de maestría además del título profesional”, escribió el nobel.
 
En la quinta página de su tesis, Nash explicó: “esta teoría se basa en el análisis de las interrelaciones de múltiples coaliciones que los jugadores pueden formar en un juego”. Hasta entonces, dice el NYT, los estudios apuntaban sólo a juegos en donde el triunfo de un jugador es el fracaso de otros.
 
El documento del futuro nobel contenía una forma de analizar cómo los jugadores pueden maximizar sus beneficios. Cuando se encuentra el Equilibrio de Nash, ningún jugador tiene motivos propios para cambiar de estrategia. La teoría ha calado más allá de la matemática, hasta las ciencias sociales y la biología evolutiva.
 
El doctor Nash, luego de su paso por Princeton, trabajó para la Rand Corporation y el Massachusetts Institute of Technology. Fue entonces cuando, luego de ser retado, desarrolló el que para muchos es incluso un aporte mayor a la ciencia que el del Equilibrio de Nash: pudo mostrar que los espacios que en geometría se conocen como variedad de Riemann pueden embeberse en el espacio euclídeo.
 
En 1959, dos años después de casarse con la física salvadoreña Alicia Larde y mientras ella estaba embarazada de su hijo John, empezó el capítulo que le daría vuelco al resto de la vida de Nash. Le fue diagnosticada esquizofrenia paranoide.
 
El que había sido la mente brillante de Princeton fue hospitalizado una y otra vez, pasó por terapia de electrochoques, mientras que su rastro se perdía de la comunidad científica. Nasar, en un artículo en el New York Times, contó que había quienes pensaban que le habían hecho una lobotomía o que incluso lo daban por muerto.
 
A principios de los 90 la condición de Nash empezó a mejorar. “Emergí del pensamiento irracional, finalmente, sin otra medicina que los cambios hormonales del envejecer”, le escribió Nash en 1996 a su colega, doctor Harold W. Kuhn, quien abogó ante el comité del Nobel para que lo galardonaran ante su evidente mejoría.
 
Alicia y el doctor Nash se divorciaron en 1963, pero ella seguiría siendo su soporte el resto de la vida. Juntos dieron la batalla contra la enfermedad mental y se volvieron a casar en 2001. Su historia quedó plasmada en la biografía de Nasar, que a su vez sirvió de insumo para la película Una mente brillante, dirigida por Ron Howard y protagonizada por Russell Crowe.
 
Ambos, el doctor John Nash y Alicia López Harrison de Lardé, fallecieron a los 86 y 82 años, respectivamente, en la noche del sábado en un accidente de tránsito en Nueva Jersey, lo que muchos han catalogado como la muerte más inesperada del hombre cuya mente pudo lidiar con toda clase de problemas.
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